Al comienzo de la pandemia de la COVID-19 el alcance exacto de los riesgos en el embarazo era incierto, lo que estaba afectando la salud mental de las embarazadas. La falta de claridad surgió porque, en una revisión sistemática temprana, solo 4 estudios que incluyeron números pequeños compararon los resultados entre las mujeres embarazadas con y sin la COVID-19.
En este estudio, difundido por la publicación JAMA Pediatrics, los autores se propusieron, a través de un estudio de cohorte, evaluar los riesgos asociados con la COVID-19 en el embarazo, sobre la morbilidad y la mortalidad materna y neonatal en comparación con las mujeres encintas concomitantes no infectadas con el SARS-CoV-2.
El estudio se llevó a cabo desde el mes de marzo hasta el de octubre del año 2020 y participaron más de un centenar de investigadores de 43 hospitales de 18 países con diferentes niveles de los recursos económicos, y han colaborado más de 2 100 mujeres embarazadas. (Más información)
A mediados de marzo del año 2020 se implementaron una serie de medidas sociales y de salud pública contra la entonces nueva enfermedad por coronavirus del año 2019 (COVID-19) en Dinamarca, Noruega y Suecia que propiciaron una finalización abrupta de la temporada de la influenza 2019/20 en esos territorios.
Cuba y España pertenecen al grupo de países que miran con detenimiento el fenómeno de la celeridad con la que se produce la transición demográfica. El Centro de Estudios Demográficos de La Universidad de La Habana, Cuba, señala la urgencia de invertir en solucionar los problemas de la infertilidad de la pareja, mejorar las condiciones de vida cotidiana, así como modificar favorablemente la percepción del futuro y su vínculo con la planificación de la reproducción familiar.
Desde el comienzo de la vacunación frente al SARS-CoV-2 se está acumulando suficiente experiencia clínica, en el mundo real y fuera de los ensayos clínicos, para resolver algunas de las cuestiones relacionadas con este procedimiento. Buen ejemplo de ello es la información sobre las vacunas y los resultados de las campañas de vacunación, donde los reportes en tiempo real de las observaciones en millones de individuos requieren de una puesta al día continua y casi instantánea.
Aproximadamente el 80 % de los pacientes hospitalizados con la COVID-19 informan síntomas persistentes hasta varios meses después del inicio de la infección. Sin embargo, el conocimiento de los resultados a largo plazo entre las personas que padecieron la forma leve de la COVID-19 es escaso y los datos de la prevalencia se ven obstaculizados por los sesgos en la selección y los grupos no óptimos de control.
A medida que la COVID-19 se ha expandido en los Estados Unidos de América (EE. UU.), ha quedado claro que su impacto se ha sentido con mayor fuerza en algunas comunidades, más claramente entre los estadounidenses de raza negra, que adquieren la enfermedad y mueren en forma desproporcionada en relación con otros grupos raciales. Los determinantes sociales de la salud pueden impulsar en parte esta disparidad, y los rasgos del vecindario ser particularmente relevantes en ella, dado que la propagación de las enfermedades infecciosas está usualmente influenciada por el entorno.
Las infecciones por los virus se inician con la unión de las partículas virales a los receptores de la superficie de las células del hospedero, un proceso que define el tropismo celular y tisular de estos agentes biológicos. En el SARS-CoV-2 este proceso está mediado por el trímero de la glicoproteína de pico (S) viral en la superficie del virión, a través de su dominio de unión al receptor (RBD).



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"Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz."
Leonardo Da Vinci (1452-1519); pintor, escultor e inventor italiano
