Durante décadas, la investigación en salud pública latinoamericana ha dependido de los fondos federales de los Estados Unidos de América. Los cambios en las prioridades de investigación de ese país, incluido el énfasis reducido en la equidad en la salud, el género y la diversidad, muestran lo que debería haber sido obvio: depender de la financiación externa significa ceder el control sobre las agendas de investigación regionales.
El texto Public health research and health equity threatened by new US policies: impact and opportunities for Latin America, publicado en la revista The Lancet Regional Health – Americas por un grupo de científicos cubanos entre los que se encuentra el Dr. Cs. Pedro Inocencio Mas Bermejo, vicepresidente de la Sociedad Cubana de Higiene y Epidemiología, aborda un aspecto crucial: América Latina necesita políticas nacionales y regionales que inviertan de manera sostenible en la investigación como pilar de desarrollo, priorizando la relevancia local y las necesidades regionales. La pregunta es simple ¿por qué debería depender América Latina de los fondos externos para abordar sus propias prioridades de salud? (Más información)
Este documento de orientación forma parte de un esfuerzo más abarcador para abordar los diversos aspectos de la ejecución y la ampliación a mayor escala de la prevención secundaria, una de las medidas básicas de la estrategia mundial para erradicar el cáncer cervicouterino como problema de salud pública.
Tanto en las situaciones de emergencia como en las circunstancias cotidianas, los hospitales y los establecimientos de salud son instituciones comunitarias esenciales y una luz de esperanza para quienes solicitan servicios de salud. Los sistemas hospitalarios representan una inversión considerable por parte de los países, incluido el sector privado. En muchas naciones, los hospitales y los sistemas hospitalarios, símbolos del bienestar y la seguridad de la sociedad, representan hasta el 70 % del presupuesto público destinado a la salud.
Frente a la fragmentación de los sistemas de salud, las persistentes inequidades y los desafíos evidenciados durante la pandemia de la COVID-19, avanzar hacia modelos más integrados y resilientes es una prioridad para los países de la Región de las Américas. Las redes integradas de servicios de salud (RISS) ofrecen una estrategia concreta para reorganizar los servicios en torno a las personas, las familias y las comunidades, y para garantizar el acceso efectivo, la continuidad del cuidado y la calidad en la atención, conforme a los principios de la atención primaria de salud.
La evidencia muestra que los equipos interprofesionales pueden fortalecer la capacidad de los sistemas de salud para satisfacer las necesidades de la población y responder a las emergencias, mejorar los resultados en materia de salud al disminuir la morbilidad y la mortalidad, aumentar la satisfacción de los pacientes, contribuir a la retención del personal, al reducirse la sobrecarga de trabajo y mejorar la satisfacción laboral, y disminuir los errores médicos y las complicaciones evitables.
La vigilancia es crucial para monitorear el progreso y orientar la toma de decisiones. La adopción de directrices, de protocolos y de normas basados en la evidencia para el diagnóstico y el tratamiento de las principales enfermedades no transmisibles es un aspecto central de los programas nacionales.
Las enfermedades tropicales desatendidas (ETD) constituyen un importante problema de salud en varias regiones del mundo. En Cuba el contexto es diferente, gracias a los principios rectores del Sistema Nacional de Salud junto a otros factores, y algunas de las enfermedades incluidas en este grupo mantienen una prevalencia baja. No obstante, existen elementos para la posible introducción y propagación de estas afecciones en el territorio nacional.


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"Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz."
Leonardo Da Vinci (1452-1519); pintor, escultor e inventor italiano
