Si bien durante muchos años hubo malintencionados intentos de silenciar su monumental obra y arrebatarle la paternidad de la teoría del mosquito como el vector transmisor de la fiebre amarilla, el “XIV Congreso Internacional de Historia de la Medicina”, celebrado en Roma en 1954, ratificó una vez más que solo a Finlay le corresponde el mérito de haber logrado el trascendental descubrimiento y la aplicación de su doctrina en el saneamiento del trópico.
Hombre perseverante, acucioso observador e infatigable investigador, el Dr. Carlos J. Finlay enunció por primera vez el 18 de febrero de 1881, ante la “V Conferencia Sanitaria Internacional” celebrada en Washington, su teoría del contagio de la fiebre amarilla a través de la presencia de un agente biológico intermediario, capaz de transmitir la enfermedad de un individuo enfermo a otro sano.
Tal postulado representó una ruptura de las concepciones epidemiológicas prevalecientes hasta entonces en la medicina, según las cuales las dolencias solo podían diseminarse por el contacto directo entre las personas o debido a la influencia de un factor ambiental. (Más información)
Fuente: Cubadebate
Ajustada a las transformaciones sociales y estructurales que se han producido en la nación cubana tiene en cuenta los aportes y los avances de la ciencia en materia sanitaria y en otros ámbitos con impactos en la salud de las personas.
A propuesta del Comandante en Jefe Fidel Castro cada 15 de enero se celebra en Cuba el «Día de la Ciencia Cubana», en homenaje a los trabajadores de este importante sector.
El 4 de enero se celebra el Día del Higienista-Epidemiólogo Cubano en saludo al nacimiento de ese eminente salubrista que fue el
El 22 de diciembre se conmemora un aniversario más de la declaración de Cuba como el Primer Territorio Libre de Analfabetismo de América Latina.
Tiene como antecedentes la publicación en el año 2009 del “Manual metodológico de la Editorial Ciencias Médicas” y del “Manual de normas y procedimientos. Editorial Ciencias Médicas”, en el año 2012. Ambas obras tenían en común su carácter de instrumento normativo-administrativo, pues describieron servicios, establecieron procedimientos, detallaron el funcionamiento de la labor editorial e incluso compilaron las rutinas de trabajo editorial, precisando el orden de los procesos, sus ejecutores, las normas de producción. Tuvieron, además, un peculiar carácter híbrido, pues incluyeron orientaciones de tipo estilístico.


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"Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz."
Leonardo Da Vinci (1452-1519); pintor, escultor e inventor italiano
