A un año del inicio de la pandemia de la COVID-19, sigue existiendo una necesidad urgente de limitar la propagación del virus causante del síndrome respiratorio agudo grave del coronavirus 2 (SARS-CoV-2) y frenar la enfermedad en los Estados Unidos de América (EE. UU.) a través de intervenciones no farmacéuticas. Evidencia clara respalda la efectividad de las estrategias simples para identificar los riesgos y mitigar la propagación de la infección, y gran parte de esta proviene de los estudios observacionales.
En este artículo, publicado en la Revista de la Asociación Médica Estadounidense (Journal of the American Medical Association, JAMA su sigla en inglés), los autores expresan sus consideraciones acerca de la importancia de los estudios observacionales en la identificación de los entornos de alto riesgo para la trasmisión de la COVID-19 y cómo estas investigaciones deben comunicarse claramente al público para respaldar las medidas de salud pública y motivar el cambio del comportamiento individual que posibilite reducir el riesgo de contagio. (Más información)
La pandemia de la COVID-19 se ha enfrentado a respuestas heterogéneas en diferentes países que han dado lugar a impactos desiguales, con las poblaciones de Europa, los Estados Unidos de América y América Latina afectadas de manera desproporcionada. Las decisiones globales de las agencias y los gobiernos, así como el comportamiento de los ciudadanos en cada sociedad, han sido factores clave en esta situación.
La mayoría de las pruebas para determinar la presencia del SARS-CoV-2 se han centrado en ensayos cuantitativos de la reacción en cadena de la polimerasa (qPCR), que son capaces de detectar cantidades diminutas del ácido ribonucleico (ARN) viral. Aunque son poderosas, estas herramientas moleculares no se pueden extender para satisfacer las demandas de las pruebas de salud pública más extensas. 
Se identificó el ácido ribonucleico (ARN) del coronavirus 2 del síndrome respiratorio agudo grave (SARS-CoV-2) en una muestra de hisopado orofaríngeo recolectada de un niño con sospecha de sarampión a principios de diciembre de 2019 en Italia. Este hallazgo amplía el conocimiento sobre el momento y el mapeo de las vías de transmisión del nuevo coronavirus en ese país.
Los virus cambian constantemente por mutación y se han observado en todo el mundo variaciones en el SARS-CoV-2, debido a procesos de evolución y adaptación. Si bien la mayoría de las mutaciones emergentes no tendrán un impacto significativo en la propagación del virus, algunas mutaciones o combinaciones de estas pueden proporcionar una ventaja selectiva, como una mayor transmisibilidad o la capacidad de evadir la respuesta inmunitaria del hospedero.
Desde el inicio de la pandemia de la COVID-19 los investigadores de todo el mundo intensificaron los estudios sobre sus características y su comportamiento. Así se reveló que el SARS-CoV-2, virus que provoca la enfermedad, se une a través de la proteína espiga (S) al receptor de la ACE2 del hospedero contagiado, lo que le permite adherirse a las células humanas e infectarlas. Al presente, han descubierto una segunda llave que permite la entrada del virus en el organismo humano: el receptor de tirosina-proteína quinasa UFO (AXL).



Le invitamos a revisar esta selección de
"Quien de verdad sabe de qué habla, no encuentra razones para levantar la voz."
Leonardo Da Vinci (1452-1519); pintor, escultor e inventor italiano
