octubre 2014 Archivos

Un estudio hecho en España indica que los pacientes con SII y diarrea tienen las defensas del intestino más activas que las personas que no padecen esta enfermedad. El descubrimiento podría ayudar a diagnosticar esta patología.

Un grupo de investigadores del Instituto Valle de Hebrón de Recerva (VHIR), de Barcelona, han detectado una mayor actividad inmunitaria en el yeyuno de las personas que padecen síndrome del intestino irritable (SII) y diarrea. Según los directores del centro, María Vicario y Javier Santos, gran parte de estos anticuerpos son inmunoglobulinas del tipo lgG, más eficaces que otros tipos de anticuerpos.

La investigación, basada en un análisis de expresión de genes, reveló que los pacientes tenían alteraciones moleculares y celulares que no se habían descrito antes y que, según asegura Vicario, están directamente relacionados con la gravedad de los síntomas. «Hemos descubierto que cuanto más activadas tienen los pacientes las defensas de su intestino, más síntomas presentan», afirma. Sin embargo, aún se desconoce si este aumento de la actividad inmunológica es la causa o la consecuencia de la enfermedad.

Por ahora, la única forma de diagnosticar el síndrome del intestino irritable es por criterios clínicos y por exclusión de otras enfermedades. La actividad de las defensas solo es detectable en el yeyuno de los pacientes, no en su sangre, de forma que los análisis rutinarios de los pacientes suelen ser normales y es imposible detectar esta patología a través de ellos. En este sentido, Santos recalca que «los resultados de este estudio abren la puerta al diseño de una prueba que permita diagnosticar la enfermedad, mediante la deteccion de la actividad inmunitaria en el intestino de los pacientes». Además, el hallazgo relaciona con la patología una serie de microorganismos o alimentos, aún sin identificar.

Fuente: Diario Médico.

La empresa vasca Owl está comercializándolo ya que se han obtenido buenos resultados en el 94 por ciento de los pacientes. Además, esta enfermedad es la más común de hígado en Europa y EEUU.

La enfermedad del hígado graso (esteatosis) o la esteatohepatitis o NASH (inflamación alrededor de la grasa) es una enfermedad hepática que padecen entre el 30 y el 3 por ciento de los adultos respectivamente. EL 20 por ciento de los pacientes que padecen NASH al cabo del tiempo terminan teniendo cirrosis o un cáncer de hígado,esto último en aproximadamente 10 años.

Investigadores de CIC bioGUNE, en colaboración con Owl y otros centros de investigación de España y Francia desarrollaron el primer test sérico de base metabolónica para el diagnóstico no invasivo de la enfermedad del hígado graso.

El test denominado OWL Liver, ha conseguido dos patentes en EE.UU donde cada vez hay más casos de esta enfermedad. Además, se extenderá a otros mercados como México o Brasil.

La Universidad de Virginia ha permitido a Owl acceder a muestras de pacientes americanos de un investigador de referencia mundial como es Arun Sanyal para validar la veracidad de sus ensayos sobre el diagnóstico de la enfermedad.

Fuente: Diario Médico.

El hallazgo podría contribuir a mejorar el tratamiento del esófago de Barrett y el cáncer.
El esófago tiene su propio nicho de células madre, según un estudio que se publica hoy en Cell Reports. El hallazgo de Eric Lagasse, de la Facultad de Medicina de Pittsburgh (Estados Unidos), y su equipo podría contribuir a mejorar el tratamiento del esófago de Barrett y el cáncer.
«El revestimiento del esófago debe renovarse de forma regular», ha indicado Lagasse. «Para ello, las células de las capas más profundas se dividen unas dos veces a la semana para producir células hijas que se conviertan en células especializadas. Hasta ahora no habíamos podido determinar si esas células son todas iguales o existe una subpoblación de células madre», ha añadido.
El equipo generó a partir de muestras murinas organoides de tejido esofágico en los que identificó una pequeña población de células que se dividen más despacio, son más primitivas, pueden generar células diferenciadas y autorrenovarse. En definitiva, células madre.

Acaba con la diarrea en el 90% de los casos.

Investigadores estadounidenses han desarrollado una píldora que lleva encapsulada materia fecal congelada que podría servir para tratar infecciones intestinales por la bacteria Clostridium difficile, y en un estudio preliminar han demostrado que puede solucionar la diarrea con una eficacia del 90 por ciento.

El trabajo se publica en Journal of the American Medical Association (JAMA) y, aunque los resultados proceden de un estudio muy incipiente, los autores creen que podría abrir una nueva línea de tratamiento para tratar estas infecciones cuando son recurrentes. Investigaciones previas han demostrado que el trasplante de materia fecal es un tratamiento beneficioso contra las infecciones intestinales bacterianas más difíciles de tratar como las ocasionadas por la C. difficile, que puede ser mortal ya que no siempre logra curarse con antibióticos.

Los estudios han mostrado que la materia fecal puede restaurar la flora bacteriana capaz de combatir a esta bacteria, pero el principal problema era saber cómo hacer llegar las heces al intestino del paciente. Para ello es necesaria la donación de materia fecal «fresca», normalmente de un familiar, pero para hacerla llegar al intestino del paciente es necesario usar una sonda o mediante una colonoscopia.

Sin embargo, los autores de este trabajo han ideado un método para conseguir que las heces llegaran al intestino, mediante su congelación, para luego encapsularlas y ser administradas por vía oral evitando cualquier proceso gastrointestinal invasivo.

En un ensayo preliminar utilizaron materia fecal de cuatro voluntarios, que fue administrada a un total de 20 pacientes con esta infección en los que previamente había fallado el tratamiento con antibióticos. Los pacientes recibieron 15 cápsulas durante dos días consecutivos y se sometieron a un seguimiento durante los 6 meses posteriores.

En 14 de estos pacientes (70%), el tratamiento resultó eficaz tras la primera administración de las cápsulas, y en los 6 pacientes que no respondieron inicialmente al tratamiento, la diarrea se cortó 4 días más tarde, por lo que la tasa global de eficacia fue del 90%.

Asimismo, el número de deposiciones se redujo de una media de 5 diarias antes del tratamiento a 2 diarias 3 días después y 1 al día durante las 8 semanas posteriores. Asimismo, no se observaron eventos adversos graves con el uso de estas cápsulas.

«Si utilizamos este método en nuevos estudios con controles más activos se podría demostrar la eficacia de este tratamiento y hacerlo más accesible a más pacientes», ha defendido Ilan Youngster, del Hospital General de Massachusetts en Boston, Estados Unidos, uno de los autores de este trabajo.

Fuente: Jano Online.