Desde que Moffat y Ramsden en 1977, descubrieron por primera vez la posibilidad de regeneración del sistema auditivo en seres humanos, en las pasadas dos décadas, grandes avances han ocurrido en la investigación fisiopatologica sobre la pérdida auditiva neurosensorial.
Jorgensen y Mathiesen fueron los primeros autores en notar la capacidad de regeneración del epitelio vestibular normal en loros australianos adultos. Después, Roberson et al investigó el epitelio vestibular normal en pollitos blancos de Leghorn de 12 días de nacidos usando timidina titulada y bromodeoxiuridine. Francisco Santaolalla y colegas de la universidad hospital de Basurto, en España, revisaron la sobre la teoría y la aplicación clínica de la regeneración de las células sensoriales del oído interno.
Esta revisión fue publicada en The Neural Regeneration Research (Vol. 8, No. 24, 2013), el uso de células madres, terapia de genes y los factores de neurotróficos que tienen un papel importante en la regeneración de las células ciliadas del oído interno.
La terapia génica de la cóclea ha sido usada con éxito en el tratamiento de la pérdida auditiva neurosensorial y otros trastornos de oído interno. El progreso más grande será conseguido, en un futuro próximo, con la regeneración de células ciliadas después del uso del gen homolog 1 liberado por vectores virales, lo que puede constituir el mejor método de tratamiento clínico de ciertos tipos de pérdida auditiva. 17 Sep 2013
Santaolalla F, Salvador C, Martínez A, Sánchez JM, Sánchez del Rey A. Inner ear hair cell regeneration: a look from the past to the future. Neural Regen Res. 2013;8(24):2284-2289.
Las lesiones proliferativas son entidades que se presentan en la cavidad bucal. Algunas son de origen traumático y otras son neoplasias. Con frecuencia no son bien diagnosticadas en la clínica, por la similitud que pueden presentarse entre ellas. El presente trabajo se propone determinar las características de las lesiones proliferativas diagnosticadas y la coincidencia entre el diagnóstico clínico y el histopatológico. Los resultados muestran que de las lesiones proliferativas, las pseudotumorales aportaron el 18,1 % y las neoplasias benignas el 5,8 %. En el grupo de edad de 10 a 19 años las lesiones pseudotumorales representaron el 7,78 % y las neoplasias benignas el 1,78 %. En el grupo de 60 años o más, las lesiones pseudotumorales aportaron el 22,67 % del total de lesiones proliferativas. El sexo femenino resultó afectado por lesiones pseudotumorales en 61,3 % y las neoplasias benignas afectaron al sexo masculino en un 55 %. La hiperplasia fibroepitelial representó el 54,22 % de las pseudotumorales, mientras que el nevus aportó el 8,67 % entre las neoplasias benignas. Se concluye que las lesiones pseudotumorales predominaron sobre las neoplasias benignas, con un incremento marcado de ambos tipos de lesiones a partir de los 40 años. En el sexo femenino predominaron las lesiones pseudotumorales, y en el masculino predominaron las neoplasias benignas. Se encontró una baja coincidencia entre el diagnóstico clínico e histopatológico para ambos tipos de lesiones.
Ante un panorama donde la Medicina Clínica y, particularmente, la Medicina Interna, enfrentan retos y dilemas que revisten características especiales en los momentos actuales, son muchos los que han estado preocupados porque estas condiciones afecten la esencia misma de nuestra profesión. Se definen los elementos del acto médico. Se ratifica el importante papel del método clínico como el método científico aplicado a la atención de un paciente, así como los peligros de su aplicación incorrecta. Se perfilan las principales características de los «médicos hipocráticos» y los «médicos galénicos», como polos opuestos del actuar clínico en nuestros días. Se constata el aumento del número de médicos que se alejan de los enfermos y confían de manera creciente en los nuevos exámenes complementarios para sus diagnósticos. Se exponen sugerencias propias para alcanzar una medicina de calidad, más humanizada y menos costosa en el futuro. Se ratifica que la clínica y su método adquieren en nuestro tiempo un valor todavía mayor que en el pasado y que es nuestro deber como internistas educar, con el ejemplo y la palabra, en la utilización depurada y con excelencia del método clínico.










