microbiota intestinal

Desde el nacimiento, millones de bacterias empiezan a colonizar nuestro intestino. Desempeñan un papel fundamental para mantener la salud física pero, además, podrían tener mucho que decir en la personalidad. Modifican el estado emocional, influyen sobre la memoria, el estado de ansiedad e incluso serían clave a la hora de elegir compañía sexual, como apuntan estudios con animales.

No es de extrañar que haya una comunicación continua entre los intestinos y el cerebro, al igual que muchas sensaciones y estados mentales se reflejan en nuestras tripas. / Imagen: Fotolia (derivada)

Podría ser un thriller psicológico, pero es real: dentro de ti hay una legión de millones de seres diminutos capaces de influir en tu mente sin que te des ni cuenta. Poco a poco la ciencia está desmontando la visión antropocéntrica de un ser humano autosuficiente, con control total sobre sus funciones mentales. No vivimos solos. Millones de bacterias no patógenas nos acompañan desde que nacemos y sin ellas nada sería igual. Juntas forman nuestra microbiota.

Se sabe que son imprescindibles para desarrollar unas buenas defensas y para la digestión de ciertos alimentos. Pero, además, son capaces de comunicarse con el cerebro. Influyen sobre el comportamiento social del individuo y sobre la elección de pareja, pueden modificar la memoria, el aprendizaje, el estado de ansiedad y el depresivo.

Toda nuestra piel se encuentra recubierta por estas bacterias, pero donde más se acumulan es en el intestino. Como si de una gran megalópolis de microorganismos se tratara, varios millones de ellos viven en el cálido y confortable interior de nuestro tubo digestivo.

Bacterias que enamoran

“Cada vez hay más evidencias de que la microbiota está implicada en ciertas conductas sociales como, por ejemplo, el reconocimiento de parentesco y el comportamiento reproductivo”, explica a Sinc la investigadora de la Universidad de Liverpool (UK) Zenobia Lewis.

Se sospecha que las bacterias de nuestras axilas influyen a la hora de elegir compañero de cama

Sus estudios con moscas revelan hasta qué punto los microorganismos intestinales pueden influir en la elección de pareja. La mosca es capaz de identificar miembros de su familia por la composición de su flora y así evitar la endogamia. “En los insectos, este efecto de la microbiota intestinal parece estar relacionado con la producción de feromonas. Lo que se come afecta las bacterias del estómago y, por tanto, al olor del hospedador. Para muchos animales, el olor es clave a la hora de decidir aparearse con otro individuo”, explica Lewis.

En definitiva, una mosca solo aceptará reproducirse con otra si su microbiota exhala el olor adecuado.

Este fenómeno no es exclusivo de insectos. Otros estudios han demostrado efectos similares en primates. Según Lewis, “ni siquiera los humanos parecen ser inmunes a los efectos de la microbiota. ¡Se sospecha que las bacterias de nuestras axilas influyen a la hora de elegir compañero de cama!”.

Las consecuencias de elegir la pareja sexual dependiendo qué microorganismos vivan dentro de él pueden, a largo plazo, determinar el curso de la evolución, propiciando la aparición de varias especies donde antes solo había una.

El grupo del investigador Pacheco López, en la Universidad Autónoma Metropolitana de México, también estudia cómo los microorganismos que se alojan en las tripas pueden modificar el comportamiento social. Él opina que se debería considerar al ser humano como un organismo complejo, que no puede actuar de manera independiente de sus compañeros más próximos.

Dime qué bacterias tienes y te diré quién eres

Que las bacterias desempeñen un papel a la hora de elegir con quién tener descendencia ya es bastante sorprendente. Pero, además, envían señales al cerebro que pueden modular los niveles de ansiedad, el humor, el aprendizaje o el dolor que siente el hospedador. También se las ha relacionado con enfermedades como el autismo o la esclerosis múltiple.

“Hay evidencias –asegura Lewis- de que las bacterias del intestino influyen en la memoria y el comportamiento en ratones. Además, se ha visto que la microbiota está implicada en los niveles de ansiedad”.

Se ha relacionado a las bacterias con el autismo y la esclerosis múltiple

Algunos estudios demuestran que la respuesta al estrés en ratones que se han criado totalmente libres de microorganismos es anormalmente alta. Estos animales rinden peor en pruebas de memoria sencillas.

Otra manera de investigar el efecto de estos huéspedes del tubo digestivo es colonizar roedores poseedores de una cepa con la microbiota propia de otra. Para ello, se extraen las bacterias de las heces de un donante y se introducen en un receptor. El resultado es que el comportamiento del ratón cambia y se vuelve similar al del donante.

El cerebro y la microbiota se cartean

Pero no hace falta un trasplante de heces para modificar la microbiota del intestino. Los probióticos son turistas bacterianos: organismos vivos que se administran desde el exterior y que pueden producir un beneficio para el hospedador. Si se conociesen las especies bacterianas adecuadas, sería posible administrar cócteles de probióticos para mejorar el estado de ánimo y el estrés en personas con ciertas patologías.

Es más, la manera más sencilla de modificar la población de bacterias es la alimentación. Desde la niñez, la dieta que sigamos puede favorecer el crecimiento de unos u otros microorganismos.

Así, esta legión de pequeños huéspedes se está colocando en el punto de mira para el desarrollo de terapias contra enfermedades neuropsicológicas. Pero, aunque cada vez está más claro que las condiciones del cerebro pueden ser modificadas al modular la microbiota intestinal, como indica el investigador John Cryan, de la Universidad de Cork (Irlanda), “que esto dé lugar a terapias basadas en microorganismos aún es solo una posibilidad tentadora que merece la pena investigar”.

Nuestra legión de microorganismos está en el punto de mira para el desarrollo de terapias contra enfermedades neuropsicológicas

Los mensajes de los microorganismos llegan al cerebro a través de moléculas que activan el nervio vago [que lleva información de nuestros órganos internos al cerebro] o actúan sobre el sistema inmunitario. Ambos canales sirven para trasladar la información al sistema nervioso central.

Y esta mensajería es correspondida. Desde el cerebro también se envía información que modifica la composición de la microbiota. Situaciones estresantes en la niñez pueden variar el microbioma de por vida, así como en un adulto el estrés crónico. Por ejemplo, un ratón que ha sido separado de su madre tres horas diarias durante los primeros doce días de vida tiene una microbiota diferente que uno que no ha sufrido este trauma.

Mariposas en el estómago

Pero lo cierto es que no es de extrañar que haya una comunicación continua entre los intestinos y el cerebro, al igual que muchas sensaciones o estados mentales se reflejan en nuestras tripas. Sentimos mariposas en el estómago cuando nos enamoramos, se nos cierra si estamos nerviosos y, a veces, toca hacer de tripas corazón para tomar la decisión adecuada.

Los sentimientos se reflejan en el tubo digestivo, y viceversa: su estado se refleja en nuestro ánimo. Porque en el intestino hay una red de varios cientos de millones de neuronas que actúan de manera independiente del cerebro. Este entramado de células nerviosas intestinales está en contacto íntimo con la mayor población de microorganismos del cuerpo humano, unos 100 billones de bacterias, y se le ha llegado a llamar ‘el segundo cerebro’.

Fuente: Intramed.net

Un estudio con ratones sugiere que los cambios podrían aumentar el riesgo de enfermedades intestinales y de síndrome metabólico.

Un ingrediente común de muchos alimentos procesados podría aumentar el riesgo de enfermedad intestinal inflamatoria (EII) y de síndrome metabólico, sugiere un nuevo estudio con ratones.

Los emulsionantes se utilizan para mejorar la textura de la comida y para prolongar su duración. En experimentos con ratones, los investigadores encontraron que los emulsionantes pueden alterar la conformación de las poblaciones bacterianas en el tracto digestivo.

Esto puede conducir a una inflamación que podría contribuir al desarrollo de la EII y del síndrome metabólico, dijeron los investigadores.

La EII, que incluye a la enfermedad de Crohn y a la colitis ulcerativa, afecta a millones de personas y con frecuencia resulta grave y debilitadora, según los investigadores. El síndrome metabólico es un conjunto de afecciones relacionadas con la obesidad que pueden conducir a la diabetes, y además a enfermedades del corazón y/o del hígado.

Pero es importante anotar que este estudio se realizó con ratones, y la investigación realizada con los roedores no siempre resulta equivalente en los humanos. El estudio no se diseñó para mostrar si los emulsionantes podrían o no provocar problemas de salud en los humanos.

El estudio aparece en la edición del 25 de febrero de la revista Nature.

Ha habido aumentos marcados en las tasas de EII y síndrome metabólicos desde mediados del siglo XX, anotaron los autores del estudio.

«Una característica clave de estas plagas modernas es la alteración de la microbiota intestinal en una forma que fomenta la inflamación», señaló en un comunicado de prensa de la Universidad Estatal de Georgia el colíder del estudio, Andrew Gewirtz, del Instituto de Ciencias Biomédicas de la universidad.

Benoit Chassaing, colíder del estudio que también trabaja en el Instituto de Ciencias Biomédicas, añadió que «el aumento dramático en estas enfermedades ha ocurrido a pesar de una genética humana constante, lo que sugiere que el factor ambiental desempeña un rol fundamental».

Chassaing explicó que «la comida interactúa de forma íntima con la microbiota [del tracto intestinal], así que consideramos que las adiciones modernas a los alimentos podrían quizá hacer que las bacterias intestinales fomenten más la inflamación».

Los investigadores diseñan ahora experimentos para determinar la forma en que los emulsionantes afectan a las personas.

«No estamos en desacuerdo con la suposición común de que comer en exceso es una causa central de obesidad y síndrome metabólico», dijo Gewirtz. «En lugar de ello, nuestros hallazgos refuerzan el concepto sugerido por trabajos anteriores de que la inflamación de bajo grado que resulta de la microbiota alterada puede ser una causa subyacente de comer en exceso».

FUENTE:Intramed.net

Un estudio liderado por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) demuestra que existen grandes alteraciones en la flora intestinal de niños prematuros por la administración de antibióticos a la madre durante el parto. Los problemas en la microbiota del niño pueden tener consecuencias en el sistema inmune.

La administración de antibióticos a la madre durante el parto altera el proceso de establecimiento de la flora intestinal en el recién nacido, según un estudio liderado por investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) y publicado en el Journal of Pediatrics.(doi.org/10.1016/j.jpeds.2014.09.041)

Las alteraciones en la flora se agravan en bebés prematuros

Según los investigadores, en el caso de bebés prematuros, se agravan las alteraciones en la flora o microbiota. Estos niños nacen con menor cantidad de microorganismos comensales, como las bifidobacterias y los bacteroides, que forman parte de la microbiota normal. “Cualquier alteración que se produzca durante el establecimiento de la flora intestinal incrementa el riesgo de sufrir varias patologías” añaden.

La colonización inicial del intestino es clave para la maduración del sistema inmune. “El uso perinatal de antibióticos contribuye a incrementar los niveles de enterobacterias, microorganismos potencialmente patógenos, en la microbiota del recién nacido durante, al menos, el primer mes de vida”, destaca el investigador del CSIC Miguel Gueimonde, que trabaja en el Instituto de Productos Lácteos de Asturias.

Aproximadamente en el 30 % de los partos se administran antibióticos

El equipo de investigadores –formado también por científicos del Servicio de Salud Pública del Principado de Asturias y la Universidad de Parma (Italia)- han estudiado las heces de 40 recién nacidos, 27 prematuros y 13 a término, durante los tres primeros meses de vida y han analizado su flora intestinal empleando las secuencias del gen de ARN ribosomal 16S con tecnología de secuenciación masiva de ADN.

El equipo busca estrategias para limitar el impacto sobre la microbiota del uso perinatal de antibióticos. Aproximadamente en el 30 % de los partos de los partos se administran antibióticos a la madre por distintas razones. diciembre 3/ 2014 (SINC)

Silvia Arboleya,Borja Sánchez,Christian Milani,Sabrina Duranti,Gonzalo Solís,Nuria Fernández.Intestinal Microbiota Development in Preterm Neonates and Effect of Perinatal Antibiotics.Journal of Pediatrics.Oct 25, 2014

Tomado de: Al Día, Infomed.

Un estudio reciente propone que someterse a un tratamiento antibiótico antes de la vacunación de la gripe podría influir en la respuesta inmunológica al virus.

¿Y si en la eficacia de la vacuna contra la gripe influyera, entre otros factores, la microbiota intestinal? Así lo cree un grupo de científicos del Centro de Investigación en Vacunas de la Universidad de Emory. Publican hoy en Immunity un estudio donde se demuestra que un tratamiento antibiótico previo a la vacunación estacional de la gripe puede influir en la respuesta inmunológica al virus.

Bali Pulendran, autor principal del trabajo, comenta sobre estos resultados que «plantean la posibilidad de que la antibioterapia antes o durante la vacunación impacte en la inmunidad. Otra implicación importante del estudio es que podemos manipular la microbiota intestinal para mejorar las respuestas inmunes a la vacuna».

El trabajo surge a partir de un estudio previo en el que Pulendran y su equipo comprobaron en adultos sanos vacunados contra la gripe estacional que la respuesta de sus anticuerpos dependía de la expresión del gen TLR5. Ese gen codifica un receptor en la superficie celular que detecta la flagelina bacteriana, lo que puso sobre la pista de la influencia de las bacterias en la inmunidad inducida. Así, constataron que las respuestas de los anticuerpos a la vacuna antigripal en ratones manipulados genéticamente para que carecieran de Tlr5 eran significativamente menores que en ratones normales.

Además, los animales que recibieron antibióticos para eliminar la mayoría de sus bacterias intestinales o bien que se criaron en condiciones de esterilidad mostraron aún niveles de anticuerpos inducidos por la vacuna más bajos todavía que los ratones expuestos a gérmenes.

Fuente: Diario Médico.

Los microrganismo que se encuentran en el intestino ejercen una acción que permite al virus del VIH atacar al sistema inmunológico del organismo.

Los microrganismos presentes en el intestino parecen desempeñan un papel fundamental en el procedimiento mediante el cual el virus del VIH ataca con éxito desde el sistema inmunológico del organismo, según un estudio de Duke Medicine (Estados Unidos).

La investigación, publicada en Cell Host & Microbe, se basa en un estudio anterior realizado por investigadores del Instituto Duke de Vacunas Humanas (Estados Unidos), que indicaba que los anticuerpos que habían surgido originalmente para combatir el virus eran ineficaces.

Barton F. Haynes y sus colaboradores explican que los anticuerpos ineficaces que se dirigen a las regiones de la envoltura exterior del virus, llamadas gp41, mutan rápidamente haciendo que los escapes de virus se neutralicen. Además, descubrieron que el virus tiene un cómplice en este proceso: el microbioma natural en el intestino.

La flora intestinal nos mantiene sanos y ayuda al sistema inmunológico a desarrollarse y a estimular el grupo de células inmunes que mantienen controladas a las bacterias. Sin embargo, los autores indican que los anticuerpos que reaccionan a las bacterias también lo hacen en una reacción cruzada con la envoltura del VIH.

El cuerpo combate a la mayoría de las nuevas infecciones mediante el despliegue de células conocidas comonaïve B, que imprimen un recuerdo de los patógenos para que la próxima vez que se encuentre con estos microbios ya sepan cómo combatirlo. Sin embargo, los investigadores indican que cuando el VIH invade y comienza la replicación en el tracto gastrointestinal, las células naïve B no consiguen remitir su acción. Esto se produce debido a que en la región objetivo del VIH del sistema inmunológico, el área gp41 de la envoltura exterior del virus, las células B lo interpretan como una imitación molecular de antígenos bacterianos y se preparan para atacar.

Entre la muestra que cotejaron los investigadores, de las personas no infectas con el virus aislaron los anticuerpo mutados de la flora intestinal GP41 , que reaccionan de forma cruzada con bacterias intestinales. Los resultados confirmaron sus hipótesis iniciales, corroborando que los microrganismos que se encuentran en el intestino ejercen una acción que permite al VIH atacar al sistema inmunológico.

«No solo la influencia de la flora intestinal puede desarrollar el sistema inmune, sino que puede predeterminar nuestra reacción ante ciertas infecciones como el VIH», ha afirmado Haynes.

Fuente: Diario Médico.com

La alteración de las bacterias intestinales por antibióticos en la infancia podría causar cambios metabólicos en la edad adulta que aumentarían el riesgo de sufrir obesidad.

Algunos microbios presentes en el intestino protegen contra la obesidad y la diabetes. Según un estudio publicado en la revista Cell, estos microbios forman parte del metabolismo, por lo que su alteración por el consumo de antibióticos durante la infancia podría incrementar el riesgo de sufrir obesidad en la edad adulta. Este descubrimiento se ha desarrollado en ratones y está ayudando a los científicos a reconocer qué bacterias son fundamentales para la salud metabólica, un avance que puede salvar vidas, ya que podría contribuir a restaurar los niveles de microbios beneficiosos en los niños que hayan tomado antibióticos.

Desde el nacimiento, los microbios se encuentran en el intestino y la eliminación de éstos con antibióticos en una edad temprana puede tener efectos en el peso en la edad adulta. Según el principal autor del estudio, Martin Blaser del NYU Langone Medical Center, en Estados Unidos, «esto pone de manifiesto la necesidad de un uso responsable de los antibióticos durante la niñez en la práctica clínica «.

Este fenómeno se lleva advirtiendo en la ganadería desde hace décadas, ya que para aumentar el peso de los animales se utilizan pequeñas dosis de antibióticos. Blaser y su equipo pretenden descubrir el tiempo y la duración exacta en que la exposición a los antibióticos podría causar estos cambios metabólicos, de la misma forma que quieren identificar qué bacterias protegen contra los efectos potencialmente perjudiciales.

Nuevos estudios de seguimiento
Para desarrollar la investigación, los científicos suministraron a dos grupos de ratones, a crias y a madres antes de dar a luz, durante un largo periodo de tiempo penicilina en pequeñas dosis . En el primer conjunto se administró este antibiótico a ratones de cuatro semanas después del destete y en segundo lugar a las madres poco antes de parir. La exposición temprana a la penicilina llevo a una mayor obesidad en la edad adulta, así como una peor salud metabólica, sobre todo en los machos. Asimismo, también se redujeron los niveles de bacterias protectoras. En el otro experimento, se pudo observar que la exposición al medicamento durante cuatro semanas antes del nacimiento fue suficiente para desarrollar obesidad la cual se prolongó después del tratamiento con penicilina.

La conclusión fue que los microbios intestinales alterados por antibióticos causaron estos cambios metabólicos. Por ello, los investigadores están realizando estudios de seguimiento para conocer si se puede prevenir la obesidad tras la ingesta de antibióticos contra las bacterias.

Fuente: Diario Médico.com

El agente, conocido como crAss-phage, se encarga de regular la población de las bacterias intestinales más comunes, los ‘bacterioidetes’, para así garantizar que ninguna prolifere.

Científicos de la Universidad de Radboud, en Holanda, y de la Universidad Estatal de San Diego, en Estados Unidos, han descubierto un virus presente en los intestinos de más de la mitad de la población mundial que podría desempeñar un papel clave en el funcionamiento de la flora bacteriana, al luchar contra muchos de los microorganismos que habitan en su interior.
El hallazgo de dicho virus, conocido como crAss-phage, ha sido descrito en la revista Nature y sus descubridores aseguran que es «vital para mantener el organismo sano», como ha explicado Bas Dutilh, uno de los autores del estudio pertenecientes al centro europeo.
El virus, según han visto, se encarga de controlar la población de las bacterias intestinales más comunes (bacterioidetes) para así garantizar que ninguna prolifere. Cuando esto sucede, crAss-phage se multiplica y las infecta.
Este tipo de bacterias están relacionadas con numerosas enfermedades como la obesidad, la diabetes o el cáncer del colon, por lo que controlarlas «podría tener un impacto en la incidencia de estas enfermedades», ha asegurado Dutilh en declaraciones a la BBC recogidas por Europa Press.
Tras realizar análisis de muestras por todo el mundo, los investigadores han encontrado evidencias de CrAss-phage en personas de Estados Unidos, Europa o Corea del Norte, lo que lo convierte en uno de los virus más prevalentes en el organismo humano.
De hecho, su hallazgo contradiría una investigación de 2010 que había concluido que cada persona tenía una composición viral única en los intestinos. «Hasta ahora no había nada que indicara que un mismo virus podía habitar normalmente en tantas personas», ha admitido Dutilh.

Tomado de: Jano.es

Los microorganismos de la microbiota intestinal podrían jugar un papel importante en el desarrollo de cáncer colorrectal.

Los microorganismos de la microbiota intestinal podrían jugar un papel importante en el desarrollo de cáncer colorrectal, según revela un estudio que se publica hoy en The Journal of Experimental Medicine.

Sergio Lira y su equipo de la Facultad de Medicina Icahn en Mount Sinai, Nueva York, partieron de la constatación previa de que la genética no lo explica todo en este tipo de tumores.

En el nuevo estudio, trataron a ratones con antibióticos para destruir su microbiota. Este tratamiento previno la formación de pólipos, lo que demostraría que las bacterias son esenciales para el desarrollo tumoral inicial en este modelo murino.

Los autores creen que los microorganismos podrían atravesar el intestino hacia el tejido de la pared intestinal, induciendo la inflamación que promueve el crecimiento tumoral.

Fuente: Diario Médico  04/03/2014