hepatitis C

El programa, puesto en marcha en el Hospital del Mar, genera además un ahorro en el coste por paciente de alrededor del 18%.

Hepatólogos del Hospital del Mar han desarrollado un Programa de Apoyo Multidisciplinar dirigido a pacientes con hepatitis C crónica que ha logrado aumentar en un 16% la adherencia al tratamiento. La evaluación de esta nueva estrategia de abordaje de la enfermedad se publica en Journal of Hepatology.

El Programa de Apoyo Multidisciplinar desarrollado en el Hospital del Mar fue llevado a cabo por dos hepatólogos, dos enfermeras, un farmacéutico, un psicólogo, un psiquiatra y apoyo administrativo. Las enfermeras y los hepatólogos proporcionaron información a los pacientes sobre la epidemiologia de la Hepatitis C, su evolución, diagnóstico y seguimiento, así como el tratamiento antiviral. El farmacéutico reforzó las instrucciones de los medicamentos y promovió la adherencia al tratamiento, y el psicólogo y el psiquiatra permitieron la detección termprana y el tratamiento eficaz de los trastornos psiquiátricos asociados.

«Lamentablemente, las características del tratamiento y las comorbilidades psiquiátricas son comunes en pacientes con hepatitis C y esto condiciona su adherencia al mismo, su resultado y la evolución de la enfermedad. Por ello es importante desarrollar programas específicos que eviten estos condicionantes a la efectividad del tratamiento» explica Ricard Solà, responsable del área de Hepatología del Hospital del Mar e impulsor del proyecto.

Ahorro en el coste por paciente

Según Solà, la información aportada a los pacientes acerca de la importancia del buen cumplimiento del tratamiento, así como la vigilancia estricta del equipo de apoyo multidisciplinario durante el proceso han sido los factores claves para el éxito del programa. Asimismo, añade, se ha comprobado que la utilización del Programa de Apoyo Multidisciplinar ha sido eficiente también económicamente, a nivel de coste-eficacia. Los pacientes con genotipo 1 incluidos en el programa alcanzaron la curación en el 62,5% de los casos, un 14,5% más que los tratados de forma convencional. El coste por paciente fue de 13.319 euros en el grupo multidisciplinar y de 16.184 euros en el grupo control. Además, el grupo de apoyo multidisciplinar logró un aumento significativo de los años de vida ajustados por calidad (AVAC) de 16,3 AVAC respecto a 15,8 AVAC en los controles.

«Los resultados demuestran que la aplicación de un programa de este tipo puede ayudar a individualizar el tratamiento, mejorar el manejo de los efectos secundarios así como la identificación de los factores de riesgo. Además, creemos que los buenos resultados obtenidos avalan el coste-efectividad y en definitiva, la utilidad de un Programa de Apoyo Multidisciplinar también en otras patologías con características parecidas», concluye el Dr.Solà.

Fuente: JANO.es · 13 Marzo 2014

Un equipo de científicos de los Institutos Gladstone y la Universidad de California, San Francisco (UCSF), en Estados Unidos, ha descubierto una manera de transformar las células de la piel en células del hígado maduras a pleno funcionamiento que crecen por su cuenta, incluso después de ser trasplantadas en animales de laboratorio modificado para imitar la insuficiencia hepática.

El poder de la medicina regenerativa permite a los científicos transformar células de la piel en células que se parecen mucho a las células del corazón, células del páncreas e incluso las neuronas, pero hasta ahora ha sido mucho más difícil contar con un método para generar células que estén completamente maduras, un requisito previo crucial para terapias que salven vidas.

En estudios anteriores sobre la reprogramación de las células del hígado, los científicos tuvieron dificultades para obtener células hepáticas derivadas de las células madre que sobrevivan una vez que se trasplantan en el tejido hepático existente. Pero el equipo de Gladstone-UCSF encontró una manera de resolver este problema.

Descrito en la revista Nature (doi:10.1038/nature13020), el investigador de los laboratorios de Gladstone Sheng Ding y el profesor asociado de la UCSF Holger Willenbring detallan un nuevo método de reprogramación celular que transforma células de piel humana en células hepáticas que son prácticamente indistinguibles de las células que componen el tejido del hígado nativo.

Estos resultados ofrecen una nueva esperanza para los millones de personas que padecen o están en riesgo de desarrollar un fallo hepático, condición cada vez más común, que resulta en la pérdida progresiva e irreversible de la función hepática. En la actualidad, la única opción es un trasplante de hígado costoso, por lo que los científicos siempre miran a la tecnología de células madre como una alternativa potencial, pero hasta ahora no lo han conseguido.

«Estudios anteriores trataron de reprogramar células de la piel para volver de nuevo a un estado celular pluripotente para luego crecer como células del hígado», explica el doctor Ding, uno de los autores principales del informey profesor de Química Farmacéutica en la UCSF, con la que está afiliado Gladstone.

«Sin embargo, generar estas llamadas células madre pluripotentes inducidas o células iPS y luego transformarlas en células del hígado no siempre resulta en su completa transformación. Así que pensamos que, en de llevar estas células de la piel de camino de vuelta a pluripotentes, tal vez podríamos llevarlas a una fase intermedia», añade.

Esta investigación, que se realizó de forma conjunta en el Centro de Roddenberry para la Investigación de Células Madre de Gladstone y el Centro de Investigación de Medicina y Regeneración con Células Madre en la UCSF , implicó el uso de un «cóctel» de genes de reprogramación y compuestos químicos para transformar células de piel humana en células que se parecían a las del endodermo, que son células que eventualmente maduran en muchos de los principales órganos, incluyendo el hígado.

«En lugar de llevar las células de la piel de nuevo al principio, las llevamos sólo a parte del camino, creando células del endodermo», resalta el académico postdoctoral de Gladstone Saiyong Zhu, también uno de los autores principales del artículo. «Este paso nos permitió generar un gran reservorio de células que podrían más fácilmente ser inducidas a convertirse en células del hígado», añade.

A continuación, los investigadores descubrieron un conjunto de genes y compuestos que pueden transformar estas células en células hepáticas en funcionamiento y, unas pocas semanas, el equipo comenzó a notar una transformación. «Las células comenzaron a tomar la forma de las células del hígado e, incluso, empezaron a realizar las funciones normales de las células del hígado», añade otro experto de la UCSF y autor del trabajo, Milad Rezvani, quien añade que no eran células completamente maduras todavía, pero que estaban en camino.

Tras celebrar los resultados iniciales en un plato de laboratorio, los científicos quisieron ver qué sucedería en un hígado real, por lo que trasplantaron estas células del hígado en fase inicial a los hígados de ratones. Durante un periodo de nueve meses, el equipo monitorizó la función celular y su crecimiento midiendo los niveles de proteínas y genes específicos del hígado.

Dos meses después del trasplante, los investigadores vieron un aumento en los niveles de proteína de hígado humano en los ratones, lo que indicó que las células trasplantadas se estaban convirtiendo en células hepáticas maduras funcionales. Nueve meses más tarde, el crecimiento celular mostró signos de desaceleración, lo que apunta que estos expertos han encontrado los factores necesarios para regenerar con éxito el tejido hepático.

«Quedan muchas preguntas, pero el hecho de que estas células pueden crecer completamente maduras y durante meses tras el trasplante es muy prometedor», apostilla el doctor Willenbring, director asociado del Centro de Hígado de la UCSF y otro autor del trabajo. «En el futuro, nuestra técnica podría servir como una alternativa para los pacientes con insuficiencia hepática que no requieren el reemplazo del órgano completo o que no tienen acceso a un trasplante debido a que la disponibilidad de órganos de donantes es limitada», concluye.
febrero 24/2014 (EP) –

Tomado del boletín de selección temática de Prensa Latina: Copyright 2013 «Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.»

Saiyong Zhu, Milad Rezvani, Jack Harbell, Aras N. Mattis, Holger Willenbring, Sheng Ding.Mouse liver repopulation with hepatocytes generated from human fibroblasts. Nature. 23 Feb 2014

Investigadores estadounidenses identificaron la estructura de la proteína externa del virus de hepatitis C, una región que permite al patógeno evadir la respuesta del sistema inmunológico natural, destaca un estudio divulgado en la revista Nature .

Los virus son inteligentes y es una batalla constante mantenerlos alejados, indica Joseph Marcotrigiano, profesor de Química y Biología Química en la Universidad de Rutgers, y uno de los autores del artículo.

«Por ello, el desarrollo de una vacuna es muy importante. Siempre es mejor prevenir la infección a través de una vacuna efectiva que luego tratar cuando se ha establecido una infección crónica», indicó.

Con este trabajo, los investigadores estarán en mejores condiciones de desarrollar un compuesto que dirija el sistema inmune a las regiones vulnerables al virus con el fin de prevenir la infección, aseveró.

Un inmunógeno contra la hepatitis C no sólo evitaría que las personas adquieran la enfermedad, sino que también sería la intervención de salud más eficiente en relación con los costos, apuntó Marcotrigiano.

La hepatitis C es considerada como un importante problema de salud mundial. Se estima en unos 160 millones las personas infectadas en todo el orbe, la mayoría de las cuales no muestran síntomas.
febrero 20/2014 (PL)

Tomado del boletín de selección temática de Prensa Latina: Copyright 2013 «Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.»

Abdul Ghafoor Khan,Jillian Whidby,Matthew T. Miller,Hannah Scarborough,Alexandra V. Zatorski.Structure of the core ectodomain of the hepatitis C virus envelope glycoprotein 2.Nature.19 Feb 2014

El estudio explica cómo una proteína de la hepatitis C determina la falta de respuesta del sistema inmunológico hacia el virus, lo que podría explicar que en el 80% de los casos la infección se cronifique.

El grupo de investigación de la Universidad de Cádiz (UCA) que dirige el profesor Francisco García Cózar ha publicado un artículo en la revista Plos One en el que describe los mecanismos implicados en la cronificación de la infección por el virus de la hepatitis C. «Al conocerse que el virus de la hepatitis C utiliza una de sus proteínas para que el sistema inmune no responda –señala el estudio–, se podrá bloquear dicho proceso y lograr que el sistema inmunológico destruya el virus para evitar la hepatitis crónica».

Según indica la Fundación Descubre, los científicos de la UCA describen en células primarias cómo una proteína del virus de la hepatitis C (HCV) determina la falta de respuesta del sistema inmunológico hacia el virus. Esto «puede explicar que en el 80 por ciento de los casos la infección se cronifique, pudiendo derivar en cirrosis y hepatocarcinoma».

La investigación se enmarca en el área de la tolerancia inmunológica, en la que el equipo de científicos «cuenta con una larga trayectoria investigadora». Cuando un linfocito encuentra el antígeno que encaja con su receptor, empieza a dividirse generando un clon para destruir el antígeno. Algunos antígenos «pertenecen al propio organismo y deben ser preservados, pues de lo contrario se desarrollan enfermedades autoinmunes». Esto es la tolerancia inmunológica, «que puede definirse como la ausencia específica de respuesta del sistema inmune frente a autoantígenos».

«En general, siempre hemos investigado la tolerancia intentando inducirla para evitar enfermedades autoinmunes o el rechazo a trasplantes, y ahora pensamos que también puede ser aprovechada por los patógenos para que se les tolere a ellos, dando lugar a infecciones crónicas», ha indicado García Cózar.

Una proteína que permite activar el NFAT

En ensayos anteriores el grupo de la UCA había identificado que la molécula NFAT «estaba implicada, cuando se activa en solitario, en los mecanismos que permiten tolerar los autoantígenos». Por otra parte, un equipo de científicos del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) «comunicó que la proteína de la cápside del virus de la Hepatitis C era capaz de activar NFAT».

La cápisde es una estructura proteica, una cubierta protectora, en cuyo interior se encuentra el material genético del virus. «En ese momento nos dimos cuenta de que esa proteína del virus HCV estaba implicada en la no respuesta del sistema inmune y planteamos la hipótesis de que la proteína activa la molécula NFAT como un mecanismo de evasión del virus, para inducir la tolerancia inmunológica», señala García Cózar.

«De un modo más concreto, los científicos gaditanos describieron en 2007 que la cápside del virus de la Hepatitis C, llamada core, induce un mecanismo de tolerancia inmunológica denominado anergia», recalca la nota de la Fundación Descubre. Se trata de un proceso que consiste en «parar funcionalmente a los linfocitos, lo cual podría explicar por qué los linfocitos de muchos pacientes infectados por HCV no pueden eliminar el virus».

Más adelante, en 2011, demostraron que las células que tienen dentro la proteína vírica, «no sólo no responden, sino que son capaz de bloquear la respuesta de otros linfocitos». Estas demostraciones se hicieron en células tumorales, «con las que resulta más fácil trabajar».

En cambio, una de las novedades del ensayo descrito en el artículo publicado en Plos One es que «por primera vez se han realizado estos experimentos con células de la sangre, células primarias no tumorales, demostrando no sólo que no responden y que pueden bloquear otros linfocitos, sino que además una única proteína viral, la cápside del virus de la hepatitis C, era capaz de provocar un fenotipo de células agotadas, que son típicas de las infecciones crónicas y de los tumores».

De este modo «se explica por qué el sistema inmune no es capaz de eliminar el virus desarrollando una infección crónica». Para introducir la proteína del virus de la Hepatitis C en células de la sangre han utilizado como vector un lentivirus derivado del virus del Sida (VIH). Los lentivirus son un tipo de retrovirus que deben su nombre al hecho de que tardan mucho tiempo en desarrollar la enfermedad.

Linfocitos humanos de biobanco

Los retrovirus en general, al entrar en la célula, generan un ADN copia e integran esa información en el genoma de la célula infectada. Los investigadores de la UCA «han introducido la información correspondiente a la proteína de la cápside de la Hepatitis C sustituyendo el genoma del VIH, por lo que las células infectadas por este virus recombinante expresarán esta proteína en vez de proteínas del VIH».

García Cozar explica que «sustituimos el genoma del lentivirus por el gen que codifica para la proteína del virus de la Hepatitis C, seguida de una proteína que emite fluorescencia verde y, por otro lado, obtuvimos linfocitos humanos de biobanco, que infectamos con los lentivirus generados».

«Las células que de este modo expresan la proteína de la cápside de HCV y que podemos seguir por emitir fluorescencia verde, mandaban a su membrana una serie de moléculas inhibidoras y eran capaces de suprimir a otra célula que tenían al lado, que no podían dividirse a pesar de que su receptor para el antígeno estaba siendo estimulado», concluye el responsable del estudio.
Fuente: Jano Online.

Fuente:

Un estudio demuestra la eficacia de los tratamientos orales y sin ribavirina para la hepatitis C contra la infección, daclatasvir y sofosbuvir.

Un nuevo trabajo que publica hoy The New England abunda en la eficacia de los tratamientos orales y sin ribavirina para la hepatitis C. El estudio demuestra que la combinación de dos de los nuevos fármacos orales contra la infección, daclatasvir y sofosbuvir, resulta segura y eficaz. Esta terapia combinada se administró a 211 enfermos con genotipos 1, 2 y 3 del virus. Entre los primeros, un 98 por ciento de los 126 pacientes que no habían recibido tratamiento previo, y también el 98 por ciento de los 41 ya tratados sin éxito, mostraron una respuesta virológica sostenida, tres meses después de interrumpir la terapia.

En concreto, los pacientes tratados previamente sin éxito habían recibido lo que se conoce ya como «triple terapia» o combinación de un inhibidor de la proteasa (telaprevir o boceprevir), peginterferón y ribavirina. Mark Sullkowski, director médico del Centro de Hepatitis Víricas de la Johns Hopkins, es el autor principal de este trabajo. Sullkowski comenta que este tipo de trabajos se encamina hacia una terapia para la hepatitis C que simplifique el número de píldoras que deben tomar los enfermos.
También en este número de la revista se publica otro estudio en fase IIb con una estrategia sin interferón frente al genotipo 1 del virus. En concreto, el trabajo evalúa el efecto de añadir a la ribavirina y el inhibidor de la proteasa ABT-450 con ritonavir (ABT-450/r) diferentes inhibidores de NS5A (ABT-267, ABT-333 o ambos). Este régimen oral ha demostrado ser útil frente al virus con el genotipo 1.

Fuente: Diario Médico.

El estudio explica cómo una proteína de la hepatitis C determina la falta de respuesta del sistema inmunológico hacia el virus, lo que podría explicar que en el 80% de los casos la infección se cronifique.

El grupo de investigación de la Universidad de Cádiz (UCA) que dirige el profesor Francisco García Cózar ha publicado un artículo en la revista Plos One en el que describe los mecanismos implicados en la cronificación de la infección por el virus de la hepatitis C. «Al conocerse que el virus de la hepatitis C utiliza una de sus proteínas para que el sistema inmune no responda –señala el estudio–, se podrá bloquear dicho proceso y lograr que el sistema inmunológico destruya el virus para evitar la hepatitis crónica».

Según indica la Fundación Descubre, los científicos de la UCA describen en células primarias cómo una proteína del virus de la hepatitis C (HCV) determina la falta de respuesta del sistema inmunológico hacia el virus. Esto «puede explicar que en el 80 por ciento de los casos la infección se cronifique, pudiendo derivar en cirrosis y hepatocarcinoma».

La investigación se enmarca en el área de la tolerancia inmunológica, en la que el equipo de científicos «cuenta con una larga trayectoria investigadora». Cuando un linfocito encuentra el antígeno que encaja con su receptor, empieza a dividirse generando un clon para destruir el antígeno. Algunos antígenos «pertenecen al propio organismo y deben ser preservados, pues de lo contrario se desarrollan enfermedades autoinmunes». Esto es la tolerancia inmunológica, «que puede definirse como la ausencia específica de respuesta del sistema inmune frente a autoantígenos».

«En general, siempre hemos investigado la tolerancia intentando inducirla para evitar enfermedades autoinmunes o el rechazo a trasplantes, y ahora pensamos que también puede ser aprovechada por los patógenos para que se les tolere a ellos, dando lugar a infecciones crónicas», ha indicado García Cózar.

Una proteína que permite activar el NFAT

En ensayos anteriores el grupo de la UCA había identificado que la molécula NFAT «estaba implicada, cuando se activa en solitario, en los mecanismos que permiten tolerar los autoantígenos». Por otra parte, un equipo de científicos del Instituto Karolinska de Estocolmo (Suecia) «comunicó que la proteína de la cápside del virus de la Hepatitis C era capaz de activar NFAT».

La cápisde es una estructura proteica, una cubierta protectora, en cuyo interior se encuentra el material genético del virus. «En ese momento nos dimos cuenta de que esa proteína del virus HCV estaba implicada en la no respuesta del sistema inmune y planteamos la hipótesis de que la proteína activa la molécula NFAT como un mecanismo de evasión del virus, para inducir la tolerancia inmunológica», señala García Cózar.

«De un modo más concreto, los científicos gaditanos describieron en 2007 que la cápside del virus de la Hepatitis C, llamada core, induce un mecanismo de tolerancia inmunológica denominado anergia», recalca la nota de la Fundación Descubre. Se trata de un proceso que consiste en «parar funcionalmente a los linfocitos, lo cual podría explicar por qué los linfocitos de muchos pacientes infectados por HCV no pueden eliminar el virus».

Más adelante, en 2011, demostraron que las células que tienen dentro la proteína vírica, «no sólo no responden, sino que son capaz de bloquear la respuesta de otros linfocitos». Estas demostraciones se hicieron en células tumorales, «con las que resulta más fácil trabajar».

En cambio, una de las novedades del ensayo descrito en el artículo publicado en Plos One es que «por primera vez se han realizado estos experimentos con células de la sangre, células primarias no tumorales, demostrando no sólo que no responden y que pueden bloquear otros linfocitos, sino que además una única proteína viral, la cápside del virus de la hepatitis C, era capaz de provocar un fenotipo de células agotadas, que son típicas de las infecciones crónicas y de los tumores».

De este modo «se explica por qué el sistema inmune no es capaz de eliminar el virus desarrollando una infección crónica». Para introducir la proteína del virus de la Hepatitis C en células de la sangre han utilizado como vector un lentivirus derivado del virus del Sida (VIH). Los lentivirus son un tipo de retrovirus que deben su nombre al hecho de que tardan mucho tiempo en desarrollar la enfermedad.

Linfocitos humanos de biobanco

Los retrovirus en general, al entrar en la célula, generan un ADN copia e integran esa información en el genoma de la célula infectada. Los investigadores de la UCA «han introducido la información correspondiente a la proteína de la cápside de la Hepatitis C sustituyendo el genoma del VIH, por lo que las células infectadas por este virus recombinante expresarán esta proteína en vez de proteínas del VIH».

García Cozar explica que «sustituimos el genoma del lentivirus por el gen que codifica para la proteína del virus de la Hepatitis C, seguida de una proteína que emite fluorescencia verde y, por otro lado, obtuvimos linfocitos humanos de biobanco, que infectamos con los lentivirus generados».

«Las células que de este modo expresan la proteína de la cápside de HCV y que podemos seguir por emitir fluorescencia verde, mandaban a su membrana una serie de moléculas inhibidoras y eran capaces de suprimir a otra célula que tenían al lado, que no podían dividirse a pesar de que su receptor para el antígeno estaba siendo estimulado», concluye el responsable del estudio.

Fuente: Jano Online.

Virus CAdvances in the management of hepatitis C
Autores: Croagh CM, Lubel J.
Fuente: Internal Medicine Journal. 2013;43: 1265-71.

Recientemente han tenido lugar advances importantes en el tratamiento de la hepatitis C. En el siguiente trabajo de revisión se exponen el uso de métodos no invasivos para evaluar la fibrosis hepática, la utilidad de las pruebas de interleucina 28B para predecir la respuesta al interferón y el uso de nuevas pautas antivirales para el genotipo 1 del virus de la hepatitis C, incluidos dos nuevos agentes antivirales (inhibidores de las proteasas), el boceprevir y el telaprevir.

hepatitis-cNovel Therapeutic Approaches for Hepatitis C.
Autores: Au JS, Pockros PJ. Fuente: Clin Pharmacol Ther. 2014; 95 (1).

El tratamiento clásico de la hepatitis crónica por virus C ha sido el interferón, acompañado por la Ribavirina. En la terapéutica de esta enfermedad han surgido los fármacos inhibidores de las proteasas y más recientemente, un nuevo grupo de antivirales de acción directa, que han posibilitado la experimentación de regimenes terapéuticos sin interferón. Estos fármacos, su mecanismo de acción y los resultados de los ensayos clínicoas más recientes, se exponen en la presente revisión.