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Este fármaco incrementa la supervivencia en 8,7 meses, en comparación con los 6,6 meses de la gemcitabina sola.

El uso de paclitaxel unido a albúmina en una formulación de nanopartículas, fármaco que la farmacéutica Celgene comercializa como ‘Abraxane’, ha demostrado que su uso en combinación con gemcitabina puede mejorar en una media de 2,1 meses la supervivencia de los afectados por cáncer de páncreas.

Así se desprende de los resultados presentados en el congreso de la Sociedad Americana de Oncología Clínica (ASCO, en sus siglas en inglés) que se celebra en Chicago (Estados Unidos), donde se han presentado datos actualizados de supervivencia global del estudio ‘Mpact’, con pacientes que no habían sido tratados previamente.

En concreto, los resultados demostraron que la combinación de paclitaxel unido a albúmina en una formulación de nanopartículas y gemcitabina mejoraba la supervivencia en 8,7 meses, en comparación con los 6,6 meses de la gemcitabina sola.

Asimismo, el análisis mostró casos de supervivencia de hasta 3,5 años en el brazo de pacientes tratados con paclitaxel unido a albúmina en una formulación de nanopartículas y gemcitabina (3% de pacientes vivos). Y las tasas de supervivencia medidas transcurridos 1 y 2 años resultaron coherentes con las obtenidas en el análisis principal.

El análisis mostró también que los efectos del tratamiento en cuanto a supervivencia global en los subgrupos previamente especificados analizados en el ensayo clínico eran similares en los diferentes subgrupos.

Concretamente, los pacientes con índice 90-100 en la escala del Performance Status del Karnofsky (KPS) experimentaron una mediana de supervivencia global superior al recibir el tratamiento con paclitaxel unido a albúmina en una formulación de nanopartículas y gemcitabina en comparación con aquellos a los que se administró únicamente gemcitabina (mediana de 9,7 meses, frente a 7,9 meses).

A la hora de actualizar los resultados del estudio, también se evaluaron los efectos pronósticos de CA19-9 y el índice neutrofilo/linfocito (NLR), y el incremento de ambos estaba asociado a una menor supervivencia.

Los efectos adversos de grado 3 fueron neutropenia, neuropatía periférica y fatiga. Y en el subgrupo que recibió paclitaxel unido a albúmina en una formulación de nanopartículas y gemcitabina, el 17% de los pacientes experimentó neuropatía periférica de grado 3 (no se produjeron casos de grado 4 el 54% sufrió neuropatía periférica de algún grado).

Fuente: Jano Online.

Investigadores del IRB Barcelona describen el mecanismo que provoca que, a partir de una metástasis de hígado, el tumor colonice el pulmón.

Un equipo de investigadores del Instituto de Investigación Biomédica (IRB Barcelona), liderados por Roger Gomis, investigador ICREA y jefe del grupo Control de Crecimiento y Metástasis del Cáncer en el IRB, identifica los genes que favorecen las metástasis escalonadas del cáncer de colon, que siempre se suceden de la misma manera, primero a hígado y luego a pulmón. El estudio se ha publicado en la revista Nature Cell Biology, y lo firman, junto a Gomis, los científicos Angel R. Nebreda, ICREA y titular de la Cátedra de Investigación Oncológica Fundación BBVA, y Eduard Batlle, ICREA y jefe del Laboratorio de Cáncer Colorrectal.

De los enfermos de cáncer de colon que desarrollan metástasis, el 40% desarrollan metástasis doble: primero a hígado y posteriormente a pulmón, siempre en este orden. Este patrón escalonado era conocido pero no entendido molecularmente. El estudio dirigido por Gomis desvela que la lesión metastática en el hígado es necesaria para que se produzca la metástasis posterior al pulmón, al convertirse la primera en la lanzadera que permite preparar la colonización de la segunda.

Según han descubierto los investigadores, las células metastáticas establecidas en el hígado liberan una molécula denominada PTHLH que impacta en las células de los vasos sanguíneos del pulmón, que responden a PTHLH renovándose constantemente. En el momento en que una célula tumoral se escapa del hígado para viajar hacia el pulmón, libera más PTHLH lo que estimula aún más la renovación. Esto provoca que las paredes de los vasos, antes impermeables, dejen huecos abiertos, que la célula metástatica aprovecha para atravesar y colonizar el pulmón.

“Sin la señal lanzada desde el hígado, las células tumorales jamás podrían entrar en el pulmón. Con PTHLH, las células que han colonizado el hígado tienen una herramienta que les permite actuar en la distancia y preparan el nicho para generar una nueva lesión en el pulmón. Las células tumorales ganan la capacidad de generar PTHLH cuando bajan los niveles de proteína p38”, explica Roger Gomis.

Inhibidores de p38

Actualmente se están desarrollando inhibidores de p38 para el tratamiento del cáncer de colon. “Nuestros resultados sugieren que tratar a ciertos pacientes con cáncer avanzado de colon o con metástasis ya establecida en hígado con inhibidores de p38 podría ser contraproducente porque favorecería que las células adquirieran la capacidad para colonizar el pulmón”, señala Gomis. Cabe destacar que la mayoría de los pacientes que desarrollan metástasis a hígado no lo hacen a pulmón gracias, entre otros factores, a que mantienen unos niveles adecuados de p38.

Los experimentos se han validado sobre 284 muestras clínicas de pacientes con tumores de colon en estadio II y III. Estos son los casos más relevantes clínicamente, pues son pacientes que no han desarrollado metástasis pero podrían tener las capacidades adquiridas. Además se han confirmado los resultados en líneas celulares y en modelos de ratón.

Fuente: Jano Online

La Sociedad Española de Patología Digestiva recuerda que, a largo plazo, el uso de estos medicamentos reducirá el numero de trasplantes necesarios para tratar esta enfermedad, lo que permitirá «liberar hígados para otro tipo de patologías».

Los nuevos fármacos antivirales de acción directa para el tratamiento de la hepatitis C supondrán un cambio en el trasplante de hígado en España, ya que a corto plazo evitarán la reinfección en aquellos pacientes que ya habían sido trasplantados, lo que sucedía casi en el 100% de los casos.

Así lo asegura en un comunicado la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD) con motivo del congreso anual que celebra esta semana en Valencia, y en el que recuerda que a largo plazo se reducirá el numero de trasplantes necesarios para tratar esta enfermedad, lo que permitirá «liberar hígados para otro tipo de patologías».

Uno de los problemas de la hepatitis C es que, pese al tratamiento, en los pacientes con cáncer o los pacientes que han sido trasplantados se produce muy a menudo reinfección del virus del hepatitis C, siendo necesario, en algunos de los pacientes, iniciar de nuevo el proceso y realizar un nuevo trasplante, como explica el Dr. Javier Crespo, especialista de Aparaton Digestivo de dicha sociedad científica.

«En casi el 100% de los pacientes trasplantados se producía un reinfección por el virus de la hepatitis C, siendo necesario un nuevo trasplante en algunos de los pacientes reinfectados, por lo que el número de hígados trasplantados a causa del virus de la hepatitis C es muy elevado»,  defiende este experto.

Sin embargo, los nuevos antivirales de acción directa de segunda generación tienen una mejor tolerancia, permiten acortar el tiempo de tratamiento y las tasas de curación son más altas. En concreto, cuando se utilizan en combinación con los fármacos anteriores se obtienen resultados positivos en un 80% de los casos, mientras que cuando se administran junto a agentes antivirales por vía oral se puede alcanzar el 90% de eficacia en todos los grupos de pacientes.

Asimismo, en los pacientes pendientes de trasplante hepático por hepatitis C se aminora el riesgo de reinfección del injerto, lo que permite reducir el número de trasplantes hepáticos y garantiza el éxito de los realizados al no reproducirse la infección, eludiendo la necesidad de un segundo trasplante.

«Creemos que la administración de estos fármacos es prioritaria en los pacientes en lista de espera para que no se trasplante un hígado a pacientes que todavía tienen el virus C activo», explica el Dr. Crespo.

Pacientes ya trasplantados con recidiva grave

Para la SEPD deberían ser tratados los enfermos actuales ya trasplantados con recidiva grave, pues las posibilidades de curación son muy altas, aumentado su esperanza de vida y evitando también la necesidad de un nuevo trasplante. Asimismo, a medio plazo se deberían tratar los pacientes con recidivas menos graves disminuyendo el número de trasplantes por esta causa.

«La conclusión de todo ello es que los nuevos tratamientos nos permiten ‘liberar’ hígados susceptibles de trasplantes y disponer de ellos para pacientes con otras patologías hepáticas graves cambiando por completo el panorama actual del trasplante hepático», concluye este experto.

Fuente: Jano Online.

Esta entidad recuerda que el uso de los nuevos antivirales de acción directa de segunda generación presentan unas tasas de curación superiores al 90%, al tiempo que permiten reducir el tiempo de terapia y disminuir los efectos adversos.

La Asociación Española para el Estudio del Hígado (AEEH), que integra a más de 800 especialistas en el tratamiento de las enfermedades hepáticas, ha divulgado una nota en que demanda que se agilice la administración de antivirales de acción directa de segunda generación a pacientes en fase avanzada.

El Dr. Jaume Bosch, presidente de la AEEH, director científico del CIBER de Enfermedades Hepáticas y Digestivas y miembro del Servicio de Hepatología del Hospital Clínic de Barcelona, recuerda que “los nuevos medicamentos para esta patología, ya aprobados por la Agencia Europea del Medicamento o de próxima aprobación, presentan tasas de curación superiores al 90%, lo que va a permitir afrontar, en un futuro no muy lejano, la erradicación de esta enfermedad”.

Por su parte, el Dr. José Luís Calleja, secretario general de la AEEH y miembro del Servicio de Gastroenterología y Hepatología del Hospital Universitario Puerta de Hierro de Majadahonda, explica que “estos nuevos fármacos permitirán, además, reducir el tiempo del tratamiento a la mitad, disminuir sus efectos adversos y permitirán poder tratar a un mayor número de pacientes ya que, a diferencia de las otras terapias disponibles, son efectivos en los diferentes subtipos y presentan muy pocas contraindicaciones”.

Ambos expertos coinciden en que “la efectividad de estos fármacos se observará, fundamentalmente, cuando se combinen; aspecto en el que se está trabajando ahora, pues se administrará una combinación ideal para cada tipología de paciente adaptándose la combinación y el periodo de duración al tipo de virus que tenga el paciente”.

Acceso a los fármacos desigual por comunidades autónomas

La Agencia Española del Medicamento aprobó el acceso temprano a estos fármacos para tres grupos de pacientes que, por su gravedad, no pueden esperar al trámite administrativo. “Se trata de pacientes cirróticos con un alto riesgo de descompensación y muerte, pacientes en lista de espera de trasplante y pacientes trasplantados”, puntualiza el Dr. Calleja.

“Desde hace más de 2 meses», continúa el experto, «se han solicitado a través de nuestras farmacias hospitalarias el tratamiento con los nuevos antivirales en un número restringido de pacientes muy graves que cumplen los criterios de la Agencia Española del Medicamento. Sin embargo, la mayor parte de las comunidades autónomas no los están autorizando en pacientes que no pueden permitirse esperar, poniendo en riesgo sus vidas”.

“Además», remarca el Dr. Bosch, «el acceso a los tratamientos es desigual, lo que genera una situación de inequidad que resulta inaceptable desde cualquier punto de vista”.

La Sociedad Española de Trasplante Hepático (SETH) se suma a la demanda

Para el Dr. José Antonio Pons, secretario de la SETH y jefe de la Sección del Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Universitario Virgen de la Arrixaca de Murcia, “es urgente disponer de estos medicamentos para poder tratar a los pacientes trasplantados con hepatitis C y evitar la recidiva de hepatitis C después del trasplante hepático”.

Tal como asevera este experto, “uno de los problemas más graves que aparecen en el trasplante hepático es la recidiva de hepatitis C en el injerto del paciente, que aparece en el 100% de los casos y condiciona, además, que al cabo de cinco años casi el 20% desarrolle una cirrosis. La forma de evitar estas situaciones es el tratamiento con antivirales potentes, de los que están apareciendo en la actualidad, pues los anteriores tenían efectos secundarios considerables y una baja eficacia en este aspecto”.

Además, afirma, “con la aparición de los nuevos antivirales se está demostrando que en un porcentaje muy elevado de pacientes (hasta el 70%) se está evitando que la hepatitis vuelva de nuevo al injerto”.

La AEEH solicita una Estrategia Nacional en Hepatitis C

La AEEH está trabajando en una propuesta de Estrategia Nacional de Salud con cuatro pasos de actuación piramidal: 1) Educación y concienciación social sobre las enfermedades hepáticas; 2)Formación médica; 3) Diagnóstico de pacientes, y 4)Acceso a los medicamentos.

A través de esta estrategia, que, a juicio de los expertos, “se debería acompañar de un presupuesto especial para poder ser puesta en marcha”, se pretende garantizar el acceso a los nuevos fármacos a todos los pacientes por igual, gracias a las elevadas tasas de curación que presentan. “Estos tratamientos, además, son coste-efectivos, y suponen una reducción del gasto farmacéutico derivado de otras enfermedades hepáticas”, apuntan.

Fuente: Jano Online

Según un estudio publicado en Nature, la malnutrición infantil desequilibra la microbiota intestinal de forma duradera y no se corrige con una alimentación adecuada.

La malnutrición infantil desequilibra la microbiota intestinal de forma duradera, pues esa alteración no se corrige al instaurar una alimentación adecuada, como muestra un estudio hoy en Nature.

El trabajo ha comparado a niños mayores de dos años sanos con otros malnutridos en Bangladés. Las comunidades bacterianas de los niños desnutridos eran más inmaduras, y apenas se recuperaron cuando a los niños se les suministró tratamiento basado en una alimentación completa. El hallazgo explica por qué las intervenciones terapéuticas alimentarias no siempre restauran el crecimiento normal en los niños desnutridos.

Jeffrey Gordon y sus colaboradores de la Universidad de Washington, en Saint Louis, analizaron la biota intestinal de niños malnutridos antes y después de la intervención nutricional, bien con una base de cacahuete, o de arroz y legumbre. En ambos casos, mejoró la maduración de la microbiota, pero el efecto duró poco. Los autores sugieren que estas intervenciones deberían ser más prolongadas e incluir microorganismos útiles para la flora intestinal.

En algunos pacientes con obesidad mórbida persisten los niveles bajos de colesterol HDL tras la cirugía bariátrica.
Un equipo de científicos del Instituto de Biomedicina de Sevilla (IBIS) ha descubierto que en algunos pacientes con obesidad mórbida, con o sin síndrome metabólico, que se han sometido a una cirugía bariátrica persisten los niveles bajos de colesterol HDL, aunque mejore su aspecto antropométrico, y, por tanto, existe riesgo cardiovascular. David Cano González, investigador del Laboratorio de Enfermedades Endocrinas del IBIS, explica a Diario Médico que analizaron la disfunción microvascular en pacientes obesos mórbidos, antes y después de la cirugía bariátrica, para comprobar si mejoraba.

En un estudio prospectivo publicado en la edición electrónica de la revista International Journal of Obesity se seleccionaron a 62 pacientes obesos mórbidos en los que se analizaron diversos valores antropométricos y bioquímicos, así como la función microvascular mediante flujometría por láser Doppler. «Transcurrido un año desde la cirugía bariátrica, se les repitió el mismo análisis para determinar la mejoría», comenta Cano.

Resultados
Los investigadores dividieron a los pacientes en dos grupos: 39 con síndrome metabólico y 23 sin el síndrome. Los resultados mostraron que, de los 39 pacientes con síndrome metabólico, 27 no mostraban síndrome metabólico tras la cirugía bariátrica. Los enfermos en los que mejoró el síndrome presentaban también una mejoría en la disfunción microvascular.

Por otra parte, analizaron algunos de los factores implicados en el síndrome metabólico -obesidad central, hipertensión, altos niveles de glucosa, hipertrigliceridemia y bajos niveles de HDL- y encontraron que los pacientes obesos mórbidos con o sin síndrome mejoran su peso después de la cirugía pero no así los niveles de HDL, que continúan bajos, lo que redunda en un mayor riesgo cardiovascular.

«Al no mejorar los niveles bajos de colesterol bueno, el paciente tampoco lo hace, a pesar de haber perdido 60 kilos de media», ha subrayado. No hay ningún fármaco para incrementar el colesterol HDL, no obstante, Pedro García Luna, responsable de la Unidad de Nutrición del Hospital Virgen del Rocío, en Sevilla, opina que hay aspectos del estilo de vida que pueden contribuir a mejorar el síndrome metabólico, como hacer ejercicio, reducir el consumo de sal, evitar azúcares refinados, y también ingerir nueces y aceite de oliva. Este grupo, en su línea de trabajo, espera iniciar un estudio para determinar si se debe tratar el HDL antes de operar a este tipo de pacientes.

El valor de corte para la positividad de la pepsina era 16 ng/mL.

Los pacientes con enfermedad por reflujo gastroesofágico (ERGE) podrían evitar el uso innecesario de un tratamiento antirreflujo y algunas pruebas invasivas y costosas con un test para determinar el nivel de pepsina en saliva durante la consulta, indica un estudio de la industria farmacéutica.
El análisis de pepsina en saliva con el Peptest (RD Biomed) complementaría los cuestionarios que se utilizan para diagnosticar el trastorno en el consultorio, según precisan los autores en la revista Gut.
«La pepsina se encuentra en la salud de las personas sanas y con acidez. Pero independientemente de la acidez del reflujo, la prevalencia y la concentración de pepsina en saliva eran mayores en los pacientes con síntomas asociados al reflujo que en el grupo de control», explicaron.
«En aquellos con acidez funcional, la prevalencia y la concentración de pepsina en saliva era más baja», indicó el investigador principal, doctor Daniel Sifrim, de la Facultad de Medicina y Odontología de Barts y Londres, en Inglaterra.
Sifrim agregó: «Un tercio de los participantes asintomáticos saludables tenían pepsina en saliva, lo que sugiere que el reflujo psicológico provocaría la aparición de pequeñas cantidades de la enzima en la cavidad oral».
«Por lo tanto, la principal diferencia con los pacientes sintomáticos sería cuantitativa, es decir, la concentración», añadió.
El test de pepsina en saliva tiene puntos positivos y negativos, según opinó el doctor C. Prakash Gyawali, de la Facultad de Medicina de la Washington University, en Missouri. «Es objetivo y fácil de utilizar», señaló.
Gyawali aclaró que la prueba se realizó «en un ambiente controlado (todos los pacientes utilizaban medicamentos para la ERGE y las muestras de saliva se obtuvieron una hora después de las comidas exactamente o al despertar), lo que sería difícil replicar en la práctica clínica».
Los autores reunieron 104 voluntarios saludables sin síntomas y 134 pacientes con los síntomas típicos de la ERGE (acidez con o sin regurgitación) en un centro médico académico urbano de Gran Bretaña. Incluyeron pacientes con una cirugía esofágica o gástrica previa o un trastorno motor esofágico.
Todos los participantes respondieron el Cuestionario de Enfermedad por Reflujo (RDQ por su nombre en inglés). Se les monitorizó el reflujo con impedancia con pHmetría.
Cada uno tomó una muestra de su saliva al despertar y antes de comer, beber o cepillarse los dientes, y, nuevamente, una hora después del almuerzo y de la cena.
El valor de corte para la positividad de la pepsina era 16 ng/mL y los participantes formaron parte de uno de tres grupos, dependiendo de la duración de la exposición al ácido (AET, por su sigla en inglés) esofágico y el resultado del análisis de asociación de síntomas de reflujo en saliva.
Los pacientes con AET total mayor al 4,2 por ciento formaron parte del grupo ERGE; aquellos con AET normal pero una asociación de síntomas positiva (SAP) mayor al 95 por ciento integraron el grupo con «esófago hipersensible» (EH), y los que tenían AET normal y una asociación de síntomas negativa (SAP menos al 95 por ciento) formaron el grupo con acidez funcional (AF).
Los investigadores ignoraban esa división y los resultados de las pruebas.
La edad promedio del grupo de control (31 años) era significativamente menor que la de los pacientes con ERGE (53 años), los pacientes con EH (43 años) y los pacientes con AF (50 años). En los grupos, hombres y mujeres estaban representados por igual.
Treinta y tres de los 87 participantes saludables sin síntomas (grupo de control) obtuvieron uno o más resultados positivos en los test de pepsina en saliva.
La prevalencia de pepsina en saliva fue significativamente más alta en los pacientes con acidez que en el grupo de control: 75 de los 111 obtuvieron uno o más resultados positivos en las muestras de saliva.
Entre los pacientes con acidez, aquellos con ERGE tenían una mayor prevalencia de pepsina elevada en saliva (45 de 58 con uno o más resultados positivos).
Los pacientes con EH tenían una alta prevalencia de pepsina en saliva (21 de 26 pacientes).
En cambio, sólo a nueve de 27 pacientes con AF se les detectó pepsina en saliva, significativamente menos que en los grupos con ERGE o EH.
La prevalencia de la detección de la pepsina era similar en los pacientes con AF y el grupo de control, y pocos pacientes obtuvieron un resultado positivo en las tres muestras.
El resultado positivo del test tuvo una sensibilidad del 77,6 por ciento.
«Se detectó pepsina en varios tejidos, incluida la boca, y es posible suponer que proviene del estómago en forma de un ataque de reflujo», dijo Gyawali.
Pero advirtió: «No pienso que este estudio demuestre que la pepsina en saliva permita diagnosticar la ERGE con certeza. Lo que los autores demostraron es que la pepsina se detecta en la saliva, en especial cuando el test se realiza una hora después de comer, más comúnmente cuando los reflujos son frecuentes que cuando no lo son (como en el grupo control)».
«La ausencia de pepsina en saliva sirve más para descartar la posibilidad de tener reflujos frecuentes que lo que su presencia ayuda a diagnosticar de manera concluyente la ERGE grave», opinó Gyawali, que no participó del estudio.

Tomado de: Intramed

Diversas causas originan la cirrosis hepática

El experto en Gastroenterología del IMSS en Jalisco, Ernesto Santiago Luna, señaló que aún prevalece la creencia de que el origen de la cirrosis es el consumo excesivo de alcohol, pero afirmó en que es muy difícil atribuir esta enfermedad a una etiología única.
Indicó que este padecimiento es considerado un problema de salud pública y ocurre como consecuencia de una inflamación crónica del hígado o hepatitis, la cual puede desencadenarse por factores infecciosos, tóxicos, autoinmunes u obstructivos, entre muchos otros.
El titular del Departamento de Gastroenterología en el Hospital de Especialidades del organismo en la entidad, aclaró que cualquier afección que dañe el hígado crónicamente o lo obstruya, impidiendo el paso de la bilis hacia el intestino, puede traducirse en fibrosis o cirrosis hepática.
Resaltó que una vez instalada la cirrosis hepática, es muy difícil hablar de curación y más bien se sugiere sustituir el órgano dañado (trasplante).
Afirmó que entre los factores que más contribuyen a la hepatitis o inflamación crónica del hígado están los de tipo infeccioso, sobre todo el virus B y en menor grado el C.
Ello, debido a que no dan síntomas, lo que facilita que la hinchazón hepática persista por años, merma la función de dicho órgano y hace que éste modifique su estructura.
Otras causas que producen el mismo efecto son el exceso en el consumo de alcohol y la ingesta de algunos fármacos, en especial la vitamina A (retinoides) y el exceso de hierro, aunque también algunos solventes e insecticidas son capaces de inflamar el hígado y hacer que se haga cirrótico.
Asimismo, dijo, las llamadas enfermedades colestásicas caracterizadas por obstruir las vías biliares y dificultar la salida de bilis hacia el intestino, hacen que el hígado se inflame, lo mismo sucede en personas con esteatosis o acumulación de grasa en dicho órgano.
De esta manera, señaló que evitando los factores de riesgo ya mencionados, que, a excepción de los aspectos autoinmunes, son prevenibles, es mucho lo que puede hacerse para aminorar la incidencia de esta grave enfermedad que se considera una antesala importante al cáncer hepático primario, altamente letal.
El especialista mencionó la importancia de evitar el uso de drogas inyectables, alcoholismo, tatuajes, piercings, sexo no protegido, alcoholismo, automedicación y hasta alimentación rica en grasa, para evitar contraer hepatitis y con ello el riesgo incrementado a cirrosis.
Comentó que a nivel mundial, el 19 de mayo se celebró el Día de la Cirrosis Hepática como una oportunidad de reflexionar sobre las graves consecuencias de este mal que, como se explicó, es altamente prevenible.

Tomado del boletín de selección temática de Prensa Latina: Copyright 2013 «Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.»