Un análisis publicado en el ‘BMJ’ criba tres estudios sobre AP, cáncer colorrectal y de pulmón. En los dos primeros, la tasa de error supera el 20%.

Un equipo liderado por Hardeep Singh, del Centro de Innovación en Calidad, Efectividad y Seguridad del Centro de Veteranos de Houston, en Estados Unidos, ha concluido que, cada año, al menos uno de cada veinte pacientes que acude a consultas externas sufre un error de diagnóstico.

La estimación, que se publican en el último número de BMJ Quality and Safety, se ha obtenido a partir de la revisión de casos en tres estudios: uno, realizado sobre algo más de 81.000 pacientes en atención primaria, y otros dos relativos a cáncer colorrectal (con 291.000 enfermos) y cáncer de pulmón (con casi 600 casos).

Los resultados muestran que en una selección de 674 consultas en primaria se evidenciaron 141 errores, una tasa del 20,9 por ciento. En cáncer colorrectal la tasa es mucho menor, del 0,009 por ciento; pero en cáncer de pulmón, errores como no tomar medidas diagnósticas adicionales en los siete días siguientes a una placa anormal ocurre en el 21,64 por ciento de los casos.

La tasa combinada de errores, según explican Singh y su equipo, es «del 5,08 por ciento, es decir, 12 millones de adultos al año en Estados Unidos. A partir de nuestros propios estudios previos, calculamos que la mitad de los errores tienen el potencial de producir un daño grave».

Los autores se centraron en estos tres estudios porque «utilizan una misma definición de error de diagnóstico y lo confirman a través de la revisión de la historia» y porque permiten combinar una visión de primaria y especializada. Además, «el retraso en el diagnóstico del cáncer es uno de los errores con consecuencias más graves y con mayor coste asociado», pese a que su incidencia -como en el cáncer colorrectal- no siempre sea grande.

Errores en España
En España, el Estudio sobre la Seguridad de los Pacientes en Atención Primaria de Salud (Apeas), publicado en 2006, detectó que la prevalencia de eventos adversos es del 18,63 por ciento, que afectaron al 10,11 por ciento de los pacientes. El 54,7 por ciento de los incidentes se consideraron leves, el 38, moderados, y el 7,3, graves. El 13,1 por ciento fueron errores de diagnóstico.

Fuente: Diario Médico.

Los pacientes con cirrosis son más de cinco veces más propensos a padecer infecciones que otros pacientes con enfermedades crónicas.

Un grupo de científicos financiados por el Wellcome Trust, en Reino Unido, ha descubierto un mecanismo para tratar a los pacientes con enfermedad hepática, que tienen más probabilidades de sufrir infecciones. Esto se debe a la producción excesiva de la hormona lipídica prostaglandina E2 (PGE2), que impide a las células blancas de la sangre ingerir bacterias y matarlas. El tratamiento sugerido para estos pacientes consistiría en revertir la inmunosupresión en los pacientes.

Además, se encontró una disminución de la concentración globular de la proteína albúmina en la sangre, cuya inactivación de la catálisis de PGE2 en pacientes con enfermedad hepática contribuía a la baja inmunidad. Para evitar que la inmunidad del paciente sea baja se ha sugerido que las infusiones de albúmina pueden revertir la supresión inmune en la enfermedad hepática crónica.

«La infección es la causa más común de muerte en pacientes con cirrosis y hace 30 años se observó una respuesta inmune innata defectuosa. Sin embargo, se desconocían las causas de esa reducción de la inmunidad. Hemos descubierto un mecanismo poderoso para la supresión inmune y un tratamiento sencillo y seguro», explicó Derek Gilroy, investigador del Wellcome Trust.

Los investigadores planean llevar a cabo un ensayo clínico analizando la capacidad de la albúmina para revertir la supresión inmune en pacientes con cirrosis a partir de este verano.

Fuente: NotiGastro

Cuatro estudios que se publican en la edición digital de The New England Journal of Medicine, coincidiendo con el Congreso Internacional del Hígado, que se celebra en Londres, aportan los resultados en pacientes con diferentes esquemas terapéuticos para el virus de la hepatitis C.

Cuatro estudios que se publican en la edición digital de The New England Journal of Medicine, coincidiendo con el Congreso Internacional del Hígado, que se celebra en Londres, aportan los resultados en pacientes con diferentes esquemas terapéuticos para el virus de la hepatitis C.

Los trabajos dan cuenta del cambio que vive el abordaje de esta enfermedad, tanto en su fase más incipiente, con la introducción de nuevos antivirales, que potencian la eficacia de ribavirina sin recurrir al interferón, como en la siguiente etapa donde el tratamiento se basa en nuevos fármacos sin la ribavirina.

La combinación de ledipasvir y sofosbuvir en pacientes con el virus de hepatitis C sin cirrosis ha conseguido altas tasas de respuesta virológica sostenida en estos enfermos. Los individuos incluidos estaban infectados por el genotipo 1 del virus, y no habían presentado respuesta significativa a los tratamientos previos basados en interferón. El trabajo, llevado a cabo sobre 420 pacientes, está encabezado por Nezam Afdhal, del Centro Médico Beth Israel Deaconess, en Boston.

Un solo comprimido
Este mismo régimen farmacológico de ledipasvir y sofosbuvir, administrado en un solo comprimido diario, a lo largo de entre ocho y doce semanas, se ha demostrado eficaz en pacientes con hepatitis C crónica sin cirrosis, que estaban infectados por el genotipo 1 del virus. Kris V. Kowdlye, del Instituto de Enfermedades Digestivas en el Centro Médico Virginia Mason, es el primer firmante del trabajo.

Junto a estos estudios, se han presentado otros dos con un esquema de fármacos que sí incluye ribavirina. Uno de ellos, con participación española (ver apoyo), además de centros de Alemania, Inglaterra, Canadá y Estados Unidos, ha examinado a 380 pacientes de diferentes centros que presentaban cirrosis.

Este nuevo régimen consta de varios agentes: ABT-450/ritonavir, ombitasvir, dasabuvir, ademásd e la ribavirina. Después de doce semanas tras la última dosis, no se detectó el virus de la hepatitis C en la sangre del 91,8 por ciento de los enfermos que tomaron esta píldora durante 12 semanas. Entre los pacientes tratados a lo largo de 24 semanas, el 95,9 por ciento estaba libre del virus 12 semanas después de finalizar el tratamiento. El otro trabajo que analiza este mismo régimen en pacientes con la infección por el virus C está encabezado por Jordan J. Feld, del Centro de Enfermedad Hepática de Toronto, en Canadá.

Curación del 95% en cirróticos

Un estudio en el que ha participado Xavier Forns, del Hospital Clínico de Barcelona-Idibaps, ha observado que los pacientes con hepatitis C avanzada y cirrosis que reciben un tratamiento con fármacos antivirales orales: un inhibidor de la proteasa, polimerasa y NS5A, con ribavirina por 12 o 24 semanas superan una tasa de curación del 95 por ciento, con una buena tolerancia.
En la opinión de Forns, uno de los aspectos más destacables es que el trabajo se realizó solamente en cirróticos, por lo que el éxito en la tasa de curación supone un cambio de paradigma en el manejo de estos enfermos. «Se abren grandes esperanzas para pacientes con formas graves de hepatitis C en el post-trasplante», ha indicado.

Fuente: Diario Médico

farmacosLa resistencia a los antibióticos es alta en la región de América Latina, según los resultados del estudio The Problem of Helicobacter pylori Resistance to Antibiotics: A Systematic Review in Latin America, que parte del análsis de la literatura publicada sobre el tema en la región. El trabajo, de la autoría de M Constanza Camargo y un grupo de colaboradores, aparece publicado en la edición más reciente de American Journal of Gastroenterology (Am J Gastroenterol 2014; 109:485–495). Un grupo de investigadores cubanos participaron en la revisión del manuscrito.

angiodisplasiaLas lesiones angiodisplásicas se definen como comunicaciones anormalmente dilatadas entre venas y capilares. Se identifican con relativa frecuencia en los estudios endoscópicos. En el artículo Management of Gastrointestinal Angiodysplastic Lesions (GIADs): A Systematic Review and Meta-Analysis, publicado en Am J Gastroenterol 2014; 109:474–483, los autores Jackson CS y Gerson LB, analizan la eficacia de las opciones terapéuticas hoy disponibles, entre las que se incluyen las modalidades por vía endoscópica.

La OMS recomendó fuertemente los nuevos fármacos con una gran advertencia sobre su costo.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) quiere un «esfuerzo concertado» para reducir el costo de los nuevos fármacos contra la hepatitis C, que ofrecen una cura para la enfermedad viral que destruye el hígado pero a los que la mayoría de los pacientes infectados en el mundo no puede acceder.
Los comentarios de la agencia de la ONU el miércoles añaden presión a las farmacéuticas como Gilead Sciences -que ya se enfrenta a protestas en Estados Unidos por su pastilla de 1.000 dólares al día- para que hagan más para mejorar el acceso al medicamento.
En su primera guía sobre el tratamiento de la enfermedad, publicada en una reunión de expertos hepáticos internacionales en Londres, la OMS recomendó fuertemente los nuevos fármacos de Gilead y Johnson & Johnson, con una gran advertencia sobre su costo.
El tratamiento de unos 150 millones de personas que viven con hepatitis C crónica en todo el mundo es el nuevo frente en la batalla por el acceso a los medicamentos.
Como sucedió hace 15 años con el sida, las nuevas medicinas están transformando la capacidad de luchar contra la hepatitis C porque las píldoras como Sovaldi de Gilead son mucho más efectivas y se toleran mejor que los viejos tratamientos inyectables, con tasas de curación por encima del 90 por ciento en muchos casos.
«Estos fármacos son fantásticos; son realmente un avance», dijo a Reuters Markus Peck-Radosavljevic, profesor de Medicina en Viena y secretario general de la Asociación Europea para el Estudio del Hígado. «Pero los precios son demasiado altos», añadió.
Las compañías farmacéuticas dicen que necesitan poner altos precios a los nuevos fármacos que tienen éxito para cubrir el enorme costo de desarrollo, que incluye los esfuerzos en medicamentos que no consiguen lanzar al mercado.
En el congreso de expertos hepáticos se presentará esta semana un número récord de resultados prometedores en ensayos clínicos en etapa final sobre varios medicamentos orales nuevos.
El virus de la hepatitis C (VHC) se extiende por la sangre, a menudo a través de agujas contaminadas. Provoca cirrosis y cáncer de hígado. La gran mayoría de casos se da en países pobres donde la complejidad, el costo y los efectos secundarios de las terapias actuales vuelven inviables los tratamientos.
La llegada de unas simples pastillas, tomadas durante apenas dos meses, podría revolucionar el tratamiento, siempre que el precio sea adecuado.
La nueva guía de la OMS establece lineamientos sobre cómo evaluar, tratar y prevenir el VHC, a la vez que envía un fuerte mensaje sobre el precio de los nuevos fármacos para combatir la enfermedad.
«Espero que esta guía ayude a promover una reducción del precio y por lo tanto un aumento en el acceso (al medicamento)», dijo Stefan Wiktor, que dirige el programa de hepatitis de la OMS.
Médicos Sin Fronteras cree que un régimen de diagnóstico y 12 semanas de tratamiento no debería costar más de 500 dólares. Eso comparado con los 84.000 y 66.000 dólares que cobran Gilead y J&J, respectivamente, por sus fármacos en Estados Unidos.
Fuente: Noticias, Intramed.

No son efectivos en los niños alimentados con fórmula y se desconoce si ayudan a los que reciben leche materna.

En un estudio de Australia sobre una «bacteria amigable» de uso popular, los bebés con cólicos que consumieron el probiótico lloraron más que los que recibieron gotas placebo.

A pesar de estudios previos que habían sugerido que el Lactobacillus reuteri aliviaría los cólicos infantiles, los autores del nuevo ensayo clínicos aseguran que los resultados no respaldan esa aplicación del probiótico.

«No debería recomendarse el uso de probióticos rutinario a todos los bebés con cólicos porque no son efectivos en los niños alimentados con fórmula y se desconoce si ayudan a los que reciben leche materna», dijo por correo electrónico la doctora Valerie Sung, pediatra e investigadora del Instituto de Investigación Infantil Murdoch y del Hospital Real de Niños de Melbourne.

Actualmente, no existen terapias efectivas para aliviar los cólicos de los bebés, cuya causa real sigue siendo incierta. Normalmente, desaparecen a los tres o cuatro meses de vida y afectan a uno de cada cinco menores de tres meses.

Esos bebés quedan expuestos a un mayor riesgo de ser víctimas del síndrome del niño sacudido y sus madres son más propensas a la depresión y a suspender la lactancia tempranamente.

«Decidimos hacer este estudio después de dos investigaciones italianas publicadas que habían demostrado que el probiótico L. reuteri es efectivo en los lactantes con cólicos cuyas madres no consumían lácteos», resumió Sung.

En British Medical Journal, el equipo de Sung publica los resultados obtenidos en 167 bebés saludables, pero con cólicos, que tenían menos de 13 semanas de vida. A la mayoría la habían atendido en el departamento de ER del Hospital Real de Niños de Melbourne.

Los padres les administraron una dosis diaria (seis gotas) de L. reuteri o placebo durante un mes y los controlaron durante seis meses: debían registrar el tiempo que los niños lloraban o estaban muy molestos y que dormían.

Los resultados fueron similares en ambos grupos, aunque los síntomas disminuyeron aún más con el placebo que con el probiótico durante el primer mes.

Luego, los bebés tratados con el probiótico lloraron o estuvieron molestos unos 49 minutos más y durmieron unos 47 minutos menos por día que el grupo tratado con placebo. Pero esta diferencia sólo se observó en los bebés alimentados con fórmula, no en el resto.

Los autores también analizaron muestras de materia fecal después del primer mes y detectaron que la cantidad y el tipo de bacterias en el tracto digestivo de los bebés eran similares en ambos grupos.

Además, los dos grupos tenían niveles similares de calprotectina, un signo de inflamación. Las excepciones fueron los bebés en los que el malestar o el llanto disminuyeron un 50 por ciento o más. Ellos también tenían niveles más bajos de calprotectina.

Sung comentó que los resultados sorprendieron al equipo porque tres estudios pequeños previos con el mismo probiótico y la misma dosis habían detectado un efecto beneficioso.

Fuente: Noticias, Intramed.

Los hallazgos del estudio se sostuvieron incluso entre aquellos a quienes les iba bien en el tratamiento contra el virus que causa el SIDA.

Entre las personas con hepatitis C, el riesgo de enfermedad hepática grave es mucho mayor entre los que también tienen VIH que entre los que no tienen el virus que causa el SIDA, halla un estudio reciente.

Esto es así incluso entre los pacientes de VIH que por lo demás se benefician de la terapia antirretroviral para tratar el virus, señalaron los investigadores de la Universidad de Pensilvania.

Analizaron datos de más de 4,200 pacientes que tenían tanto hepatitis C como VIH y que recibían terapia antirretroviral. Además, observaron datos de más de 6,000 pacientes que solo tenían hepatitis C. Los pacientes recibieron atención entre 1997 y 2010.

Los pacientes de VIH y hepatitis C tenían una tasa un 80 por ciento más alta de enfermedad hepática grave que los que solo tenían hepatitis C, según el estudio, que aparece en la edición del 18 de marzo de la revista Annals of Internal Medicine.

Incluso los pacientes de VIH y hepatitis C que tenían una buena respuesta a la terapia antirretroviral para el VIH seguían presentando una tasa de enfermedad hepática grave un 60 por ciento más alta que los que solo tenían hepatitis C.

Las enfermedades hepáticas graves fueron más frecuentes entre los pacientes de VIH y hepatitis C con fibrosis hepática avanzada, diabetes y anemia grave, y entre los que no eran negros, también halló el estudio.

«Nuestros resultados sugieren que se debe dar una consideración seria a iniciar un tratamiento para la hepatitis C en los pacientes que tienen infección conjunta de VIH y hepatitis C, sobre todo entre los que tienen fibrosis hepática o cirrosis avanzadas, para intentar reducir el riesgo de complicaciones del hígado graves y potencialmente letales», planteó en un comunicado de prensa de la universidad el autor líder del estudio, el Dr. Vincent Lo Re III.

Lo Re es profesor asistente de medicina y epidemiología de la división de enfermedades infecciosas y del departamento de bioestadística y epidemiología de la universidad, además de investigador del Centro Penn de Investigación del SIDA.

«Al tomar medidas antes, podríamos ser capaces de reducir el riesgo de enfermedad hepática avanzada en los pacientes de infecciones conjuntas», añadió Lo Re.

Alrededor del 20 al 30 por ciento de los pacientes de VIH también tienen hepatitis C, probablemente debido a unas causas compartidas de infección.

Fuente: Noticias de salud, MedlinePlus.

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