En tiempos de infecciones virales diversas, que lastran con molestias, dudas y preocupaciones a buena parte de la población, les proponemos una síntesis de los avatares de la relación entre estos patógenos y los humanos, vistos desde una perspectiva social e histórica.
La epidemia de los placeres
Dos canciones están indisolublemente ligadas a las Olimpiadas de 1992. El tenor catalán José Carreras, recuperado de una leucemia, hizo dúo con Sara Brightman en la clausura para interpretar “Amigos para siempre”. El otro tema, grabado antes de la competencia pero repetido continuamente durante y después del torneo, celebraba a la ciudad sede: “Barcelona”, en las voces inigualables de Monserrat Caballé y Freddie Mercury. Apenas unos meses antes, el 24 de noviembre de 1991, Mercury había fallecido devastado por el sida.
Las complicaciones de la infección por vih fueron también la causa de la muerte de Isaac Assimov, bioquímico bielorruso radicado en Estados Unidos y uno de los más importantes escritores de ciencia ficción del siglo XX, quien adquirió la enfermedad durante una operación para implantarle un bypass en el corazón en 1982.
Para los Juegos Olímpicos de la capital catalana en 1992 Estados Unidos logró integrar su mejor y tal vez único equipo de ensueño (“dreamteam”) del baloncesto profesional, que aplastó a todos los rivales hasta conseguir el título. En el quinteto regular estuvo «Magic» Johnson, jugador de Los Angeles Lakers. En Barcelona ya era conocida su condición de seropositivo, anunciada el 7 de noviembre del año anterior; gracias al apoyo de sus compañeros, fue el primer jugador vih+ en jugar en la National Basket Association.
Marcas a flor de piel
La viruela ha sido una de las enfermedades más temidas por el hombre, al que ha azotado desde los orígenes de la historia. En algunas momias egipcias y de otros países se han encontrado signos de lo que podrían ser lesiones variólicas, como sucede con la del faraón Ramsés V. En el siglo X ya era una enfermedad endémica desde Portugal hasta China; monarcas de toda Europa y sus descendientes fueron destronados o impedidos de llegar a la corona por este virus, como la reina inglesa María II y su hijo el Duque de Gloucestershire, lo que provocó una verdadera crisis política pues él era el único heredero. José I de Austria, Luis I de España, Pedro II de Rusia, Ulrika Eleonora de Suecia y Luis XV de Francia fueron también sus víctimas.
El arribo de la viruela al Nuevo Mundo fue tan catastrófico entre los nativos de nuestras tierras americanas que se dice que esta plaga fue el más importante aliado de los conquistadores españoles para aniquilar a las bien organizadas y cultivadas civilizaciones que encontraron a este lado del Atlántico, donde el virus no circulaba y, por tanto, no existía inmunidad alguna; en un brote en 1519 murió la mitad de la población aborigen de Puerto Rico. Otras importantes contiendas bélicas en la historia mundial fueron afectadas por la infección, como pudieron ser el caso de la muerte del emperador romano Marco Aurelio Antonio y de miles de sus soldados, la invasión a la India por las tropas de Alejandro Magno, las cruzadas europeas en Tierra Santa y la guerra de liberación de las trece colonias norteamericanas.
La viruela arrasó Europa durante el siglo XVIII, cuando se le consideraba la más terrible de todas las muertes y una importante causa de ceguera. El celebérrimo y prolífico compositor austriaco Wolfgang Amadeus Mozart enfermó en 1767, cuando tenía 11 años de edad. En una época en que ya se contaba con un método de control de la enfermedad, la inoculación variólica, su padre Leopold decidió en 1764 no someter al niño al proceder, no exento de riesgos y causa de muerte en sí mismo, dejando el asunto “en manos de Dios”, como escribiera en una carta. La familia Mozart llegaba a Viena para participar en los festejos por la boda entre la archiduquesa María Josefa y el Rey Ferdinando IV, pero la ceremonia no tuvo lugar precisamente porque ella murió de viruela con solo 16 años; lo mismo sucedió con María Josefa de Baviera, segunda esposa del emperador José II. La emperatriz madre, María Teresa, logró sobrevivir al virus. A pesar de que dejaron la ciudad rápidamente, Mozart y su hermana María Anna presentaron los síntomas con dos semanas de diferencia, él incluso con pérdida transitoria de la visión, pero ambos se recuperaron.
El inicio del fin de la viruela como azote de la humanidad se debe al médico escocés Edward Jenner. Nacido en el poblado de Berkeley el 17 de mayo de 1749, podría ser catalogado desde la perspectiva actual como un médico de familia, que rechazó la oferta de un viaje de investigación por el océano Pacífico para ir a trabajar a su localidad. Escribía poesía, amaba la música y disfrutaba de la naturaleza. A partir de la sabiduría popular y de su capacidad de observación, escuchó y confirmó que las ordeñadoras padecían una forma benigna de la enfermedad, conocida como viruela vacuna porque se adquiría de las ubres de las vacas; esas personas conseguían al mismo tiempo una resistencia a la mortal viruela humana.
Jenner se arriesgó entonces a un trascendental experimento. El 14 de mayo de 1796 tomó pus de la mano de la ordeñadora Sarah Nelmes e inoculó en un brazo al niño de ocho años James Phipps, quien no había padecido anteriormente la enfermedad. Cuarenta y ocho días después de recuperado de la viruela vacuna, Phipps fue inyectado con la viruela humana y solo tuvo fiebre ligera y molestias en la axila.
Nacieron así la inmunología y la vacunología modernas. Luis Pasteur, el famoso microbiólogo francés, reconoció a Jenner como su predecesor y obtuvo preparados para prevenir el ántrax y la rabia en 1881. Es Pasteur quien acuña los términos vacuna y vacunación, en honor a los experimentos de Jenner, al tiempo que crea en 1888 un instituto con su nombre que hoy es de reconocido prestigio internacional en torno a la investigación sobre las enfermedades infecciosas.
La viruela es la única enfermedad que ha sido eliminada en nuestro planeta, lo cual fue certificado por la Organización Mundial de la Salud el 9 de diciembre de 1979.
La gripe asesina
En el siglo XX se registraron pandemias de influenza en los años 1918, 1957 y 1968. La primera de ellas, conocida erróneamente como la gripe española, ha sido la de mayor magnitud y algunos cálculos han estimado hasta en quinientos millones los infectados y en cincuenta millones el número de muertes que provocó; una curiosa comparación puede ser ilustrativa: el vih mató a 25 millones de personas en veinticinco años, mientras que la influenza aniquiló a una cantidad similar en solo veinticinco semanas.
Una enfermedad tan devastadora como la pandemia de gripe española fue vivida como una gran tragedia en todas partes e incontables familias sufrieron su impacto. De los millones de casos registrados en las estadísticas, la mayoría son anónimos o simplemente no trascendieron al dolor hogareño. Otros, en cambio, son recordados por muy diversas razones. Los últimos meses de 1918, cuando explota la pandemia, se fueron con las vidas del pianista estadounidense Félix Arndt, del poeta francés Guillaume Apollinaire y del dramaturgo galo Edmond Rostand.
Durante 1919 Sigmund Freud, el padre del psicoanálisis, perdió a su hija Sophie a causa de la gripe pandémica; William Randolph Hearst, magnate de los medios de comunicación que tuvo un importante papel en la manipulación de la opinión pública norteamericana para favorecer la intervención de su país en la guerra cubano-española en 1898 y que se presume fue la inspiración de Orson Wells para el renombrado filme “El ciudadano Kane”, perdió a su madre Phoebe Hearst por la misma causa.
Figuras políticas, de la cultura y el deporte engrosaron la lista de fallecidos: Yákov Sverdlov, líder del partido bolchevique; Max Weber, economista político y sociólogo alemán; Louis Botha, Primer Ministro sudafricano; George Freeth, padre del surf moderno; los actores Vera Kholodnaya, Dark Cloud, Harold Lockwood y Mary Pickford, sobreviviente esta última.
La vida del extraordinario poeta, ensayista y novelista cubano José Lezama Lima quedó marcada por la gripe española y por el número 19. Su padre, José María Lezama y Rodda, fue ingeniero, coronel de artillería y director de la Academia Militar del Morro, por lo que la familia residía en la Fortaleza de la Cabaña, donde llega al mundo el autor de “La muerte de Narciso” el 19 de diciembre de 1910. El 19 de enero de 1919 falleció el militar en Pensacola, Florida, cuando solo tenía 33 años, a consecuencia de la gripe pandémica y dejando a los suyos en una difícil situación económica.
Invalidez y aparatos médicos
El virus de la poliomielitis ataca fundamentalmente al sistema nervioso y, por esa razón, produce parálisis de músculos vitales. La polio, como popularmente se le conoce, ha sido también sinónimo de muerte y deformidad, que aún afecta a personas en todo el mundo.
Una de las más célebres figuras de la historia atacadas por la poliomielitis fue Franklin Delano Roosevelt, el trigesimosegundo presidente norteamericano. En agosto de 1921, durante unas vacaciones de la familia en la isla de Campobello, New Brunswick, adquirió la infección; tenía 39 años de edad y había sido candidato a Vice-Presidente por el Partido Demócrata. Quedó paralizado de la cintura hacia abajo, pero no tuvo afectación de los intestinos, la vejiga ni las funciones sexuales. Aprendió a caminar distancias cortas con bastón, con muletas y por medio de dispositivos de hierro para la sujeción de sus piernas. Ha sido el único mandatario elegido para cuatro periodos de gobierno, entre 1933 y 1945, aunque no pudo terminar el último.
Durante muchos años un programa de televisión fue referencia para la mujer cubana: “Cocina al minuto”, en el que se presentaban recetas diversas, y su conducción en vivo era responsabilidad de Nitza Villapol. Acompañada de Margot Bacallao, su auxiliar para todas las labores frente a las cámaras, pocos supieron que Nitza era una de las sobrevivientes de la poliomielitis. Fue maestra, Doctora en Pedagogía, publicó libros y su programa fue de los de mayor permanencia en la televisión cubana.
Otras personalidades que padecieron la poliomielitis fueron el violinista Itzhak Perlman, la pintora Frida Kahlo, el actor Johnny Weissmuller (archiconocido por su personaje de Tarzán), el escritor Arthur C. Clarke, la actriz Mia Farrow, el autor Sir Walter Scott, el actor Alan Alda, así como el director y productor de cine Francis Ford Coppola, realizador de la trilogía de “El padrino”.
Un caso particularmente llamativo fue Wilma Rudolph, quien sufrió la enfermedad con apenas seis años y sus padres se negaron rotundamente a que los médicos amputaran la pierna paralizada; fue la primera atleta estadounidense en ganar tres títulos olímpicos, pues en los Juegos de Roma, en 1960, ganó las medallas de oro nada menos que en 100 metros, 200 m y en el relevo 4×100, igualando los récords mundiales en la primera y la tercera pruebas.
Los virus antecedieron al hombre en el planeta, pueden sobrevivir a nuestra especie y ser incluso la causa del fin de la civilización. Han acompañado, afectado y modificado la historia humana e impactado en sus más diversos ámbitos. Su estudio ha aportado avances notables, cuya comprensión se requiere para explicar la evolución de la medicina y preparar a los sistemas sanitarios y a las comunidades para enfrentar los próximos desafíos que los virus pueden imponer.
Extractado de: Serrano Barrera OR, Hernández Betancourt JC. Los virus en la historia, la ciencia y la cultura humanas. Rev. Electron. Dr. Zoilo E. Marinello Vidaurreta, 2016;41(6).


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