Durante mucho tiempo se asumió que la hemoglobina y la mioglobina eran las únicas globinas de los vertebrados. En el año 2000 se descubrió un tercer tipo de globina, que sobre la base de su ubicación preferencial en el sistema nervioso fue denominada neuroglobina. Aunque aún se desconoce su función específica, se han planteado varias hipótesis entre las que se destaca la que sugiere que puede destoxificar las especies reactivas del oxígeno y el nitrógeno. Otros estudios proponen que es parte de una cadena de transducción de señales que transmite el estado redox de la célula o que inhibe la apoptosis. Aunque algunas funciones son más probables que otras, aún no se ha establecido definitivamente cuál es la función fisiológica de la neuroglobina en los vertebrados. No obstante, no hay dudas de que esta globina tiene una función esencial, conservada y que es beneficiosa para las neuronas. (Ver más)
Una investigación reciente relaciona los problemas médicos causados por las transfusiones de sangre con la descomposición de los glóbulos rojos durante el almacenamiento de la sangre. Los hallazgos sugieren que se necesita una mejor forma de almacenar la sangre.
Cuando se transfunde, la sangre más vieja o las cantidades grandes de sangre pueden llevar a complicaciones, entre ellas infección, insuficiencia renal y pulmonar y muerte, señaló el coautor del estudio, el Dr. Mark T. Gladwin, en un comunicado de prensa de la Universidad de Wake Forest, que lideró el estudio.
El estudio examina la interacción entre el óxido nítrico (NO) y los productos secundarios creados cuando los glóbulos rojos se descomponen con el tiempo. Los investigadores hallaron que la interacción en la sangre más antigua puede reducir el flujo sanguíneo y quizás dañar los tejidos del cuerpo.
«Cuando la sangre se guarda por un tiempo, algunas de las células se descomponen y liberan sus componentes, que incluyen moléculas de hemoglobina y micropartículas de los glóbulos rojos», señaló Gladwin, jefe de la división de medicina pulmonar, alergias y atención crítica de la Facultad de medicina de la Universidad de Pittsburgh. «Éstas se acumulan en la bolsa de sangre guardada y se transfunden al paciente con la sangre. En el torrente sanguíneo, la hemoglobina y las micropartículas se vinculan y destruyen (al óxido nítrico), una molécula muy importante que es usada por el organismo para mantener a los vasos sanguíneos dilatados para un flujo sanguíneo normal».
«La transfusión de sangre almacenada es una de las terapias médicas más comunes», apuntó en el comunicado de prensa el autor principal del estudio Daniel B. Kim-Shapiro, profesor de física y director del Centro de Ciencias Traslacionales de la Universidad de Wake Forest. «Por ejemplo, quizás podamos restaurar la actividad del óxido nítrico perdida con la transfusión, usar soluciones preservadoras para limitar mejor la degradación de las células sanguíneas, o desarrollar agentes que eliminen la hemoglobina libre».
Estudios futuros examinarán la seguridad de la sangre almacenada durante más de catorce días. Según las directrices federales actuales, la sangre se puede almacenar hasta 42 días.
Cada año en EE. UU., más de cinco millones de personas reciben transfusiones de sangre, según el estudio.
Julio 23/2011 (Diario Salud)
El estudio aparece en la revista Circulation (doi:10.1161/CIRCULATIONAHA.110.008698 ).
Nota: Los lectores del dominio *sld.cu tienen acceso al artículo a texto completo a través de Hinari.
Donadee C, Raat NJ, Kanias T, Tejero J, Lee JS, Kelley EE.Nitric Oxide Scavenging by Red Blood Cell Microparticles and Cell-Free Hemoglobin as a Mechanism for the Red Cell Storage Lesion.Publicado en Circulation. Julio 11/2011.
El plasmocitoma es un tumor raro de cálulas plásmaticas y algunos investigadores tienen mucho interés en su naturaleza y la relación con el mieloma múltiple parece confusa.El mieloma múltiple es un proceso neoplásico poco frecuente con una incidencia de 2 a 3 por 100,000 individuos de la población general. El plasmocitoma constituye sólo 3% de las neoplasias de células plasmáticas. Los pacientes con mieloma múltiple y plasmocitoma difieren en cuanto a distribución por edad y sexo, lo mismo que en cuanto a la supervivencia, ya que los de plasmocitomas pueden tener una supervivencia prolongada y en ocasiones llegar a la curación o a un proceso fatal.
En 1923 Shaw informó el primer caso de mieloma solitario, desde entonces, en la literatura médica han aparecido varios casos.Willis, 1941, y Cuervo, 1949, estaban satisfechos con
la idea de que el mieloma solitario de hueso era una entidad distinta del MM (mieloma múltiple), ellos enfatizaron que el plasmocitoma era una lesión verdaderamente solitaria, en un examen radiográfico del esqueleto, por lo menos durante un año después del diagnóstico original. Desde entonces algunos autores consideran que el plasmocitoma y el mieloma múltiple son las dos manifestaciones principales de un continum de enfermedades linfoproliferativas de células plasmáticas.
En el plasmocitoma el tratamiento de elección es la radioterapia, el tratamiento quirúrgico es para tratar el colapso vertebral y compresión medular o radicular.
Puede ocurrir la transformación de plasmocitoma a mieloma múltiple después de muchos años, por lo que está indicado la vigilancia sistemática durante un periodo indefinido, siendo la inmunoelectroforesis de proteínas séricas el indicador más preciso de la diseminación y debe vigilarse muy estrechamente después del diagnóstico, si ocurre diseminación debe instituirse quimioterapia por vía general.
Tomado de http://www.medigraphic.com/pdfs/juarez/ju-2006/ju063g.pdf
JANO.es y agencias · 20 Junio 2011 13:06
El trabajo propone dos mecanismos por los que los linfocitos B optimizan el rastreo de antígeno y, en consecuencia, el inicio de la respuesta inmunitaria humoral.
Acumulados en los ganglios linfáticos y en el bazo, los linfocitos B se encuentran a la espera de entrar en contacto con los antígenos para iniciar la respuesta inmunitaria humoral. / WIKIMEDIA COMMONS
La investigadora del Centro Nacional de Biotecnología (CNB) del Centro de Investigaciones Científicas (CSIC) Yolanda R. Carrasco ha publicado un estudio que describe cómo el sistema inmune maximiza el encuentro de los linfocitos B con los antígenos a la hora de iniciar la producción de los anticuerpos.
La producción de anticuerpos a cargo de los glóbulos blancos se inicia cuando éstos entran en contacto con el antígeno preciso, una parte del patógeno que nos causa la enfermedad. En su trabajo, publicado en la revista Blood, Carrasco propone dos mecanismos por los que los linfocitos B, un tipo de glóbulos blancos, optimizan el rastreo de antígeno y, en consecuencia, el inicio de la respuesta inmunitaria humoral, mediante la modulación de su comportamiento celular.
Acumulados en los ganglios linfáticos y en el bazo, los linfocitos B se encuentran a la espera de entrar en contacto con los antígenos para iniciar la respuesta inmunitaria humoral.
Para ello es necesario que haya una suficiente cantidad de antígenos. Sin embargo, estudiando en el laboratorio el movimiento de los linfocitos B, el grupo de Yolanda R. Carrasco ha podido comprobar que el sistema inmune cuenta con un tipo de células llamadas células foliculares dendríticas que facilitan la migración de los linfocitos B en busca de antígenos.
Para ello, las células foliculares dendríticas segregan una molécula conocida como quimioquina CXCL13 que atrae a los linfocitos B. Éstos tienen en su superficie unas proteínas (CXCR5) que, al unirse a dichas moléculas, provocan que el linfocito B comience a moverse.
Cuando el antígeno es lo suficientemente abundante, lo que provoca esta quimioquina es que los linfocitos B emitan una serie de extensiones en su membrana que aumentan el área de contacto con los antígenos presentes en la zona en la que se encuentran.
Como recalca Carrasco, estos mecanismos hasta ahora desconocidos representan un sistema realmente «eficiente de aumento y optimización de la capacidad de los linfocitos B para encontrar antígenos, activarse e iniciar la respuesta inmunitaria de tipo humoral».
Blood (2011); doi: 10.1182/blood-2011-01-332106
JANO.es · 21 Junio 2011 16:02
Los beneficios derivados del tratamiento con imatinib o nilotinib mejoran el nivel de vida de los enfermos.
Los avances terapéuticos en la última década han disminuido la tasa de mortalidad y mejorado la calidad de vida de los pacientes con leucemia mieloide crónica, según destacaron expertos hematólogos nacionales e internacionales en la reunión ‘En LMC, 10 años avanzando juntos’, celebrada el pasado fin de semana en Madrid.
En este sentido, y según explícó el doctor Juan Luis Steegmann, presidente del Grupo Español de LMC de la Sociedad Española de Hematología, la llegada del imatinib, la primera terapia para el tratamiento de la LMC con cromosoma Filadelfia positivo (Ph+) específicamente dirigida a la causa de esta enfermedad, «supuso una revolución en el abordaje terapéutico de la enfermedad».
Asimismo, para el 20-25% de los pacientes que no responde a imatinib o presenta intolerancia al tratamiento, el doctor Eduardo Olavarría, hematólogo del Hospital de Navarra, valoró positivamente la aparición de los inhibidores de la tirosinquinasa de segunda generación, como nilotinib.
En España se estima que la leucemia mieloide crónica tiene una incidencia anual aproximada de 14 casos por cada millón de personas, alrededor de 600 casos al año, y en los hombres se presenta con casi el doble de frecuencia que en las mujeres, en quienes, además, es menos agresiva. En palabras del doctor Steegmann, «se trata de una enfermedad de la que, aunque se conoce la base molecular, se desconoce por qué se origina». El rasgo patogénico más importante en la enfermedad es la aparición de un marcador genético, el llamado cromosoma Filadelfia, que corresponde a un cromosoma 22 más corto de lo normal.
«El cromosoma Filadelfia es fruto de un intercambio de ADN entre dos cromosomas, el 22 y el 9. En ese intercambio se produce un traslado del gen ABL hacia una región BCR. El gen ABL es importante en el control de la proliferación de las células, y al trasladarse, se transforma en el gen Bcr-Abl», explica Steegmann.
«El resultado», añade, «es un neoplasia hematológica, una proliferación de glóbulos blancos y plaquetas. El cúmulo de células malignas aumenta el tamaño del bazo, y el paciente se queja de dolor en el lado izquierdo del abdomen, pierde el apetito y está cansado».
Dosis altas de metotrexato aumentan la supervivencia en leucemia linfoblástica aguda con precursores B
Este régimen mejora la supervivencia libre de enfermedad a los cinco años, sin mayores efectos secundarios que el tratamiento estándar, según ha explicado Eric Larsen, del Departamento de Hematología y Oncología Pediátrica del Hospital Infantil Barbara Bus, en Maine, en el congreso americano de oncología: «Basándose en los resultados de este ensayo, los protocolos de tratamiento para niños con diagnóstico reciente de leucemia linfoblástica aguda (LLA) con precursores B seguirán el régimen que hemos utilizado».
El metotrexato ha sido esencial en el tratamiento de niños con LLA durante más de 50 años, pero la dosis óptima y el calendario ha sido un tema de debate y la investigación clínica. El metotrexato en escalada por vía intravenosa, seguido del quimioterápico asparraginasa (régimen conocido como Capizzi), ha sido un tratamiento efectivo para la LLA en aproximadamente dos décadas. Dicha pauta terapéutica consiste en comenzar con una dosis baja de metotrexato y aumentar gradualmente la dosis dependiendo de la tolerancia del paciente.
El régimen de la escalada de metotrexato ha conseguido mejorar las tasas de curación de LLA, al disminuir las recidivas en la médula ósea, donde la enfermedad se produce inicialmente.
Las tasas de recaída en el sistema nervioso central no han disminuido en forma significativa, lo que hace que se planteen mejores opciones de tratamiento. Con el fin de reducir las recaídas del siatema nervioso central (SNC), el grupo de Larsen inició un estudio con 2426 pacientes para valorar un régimen de metotrexato con una dosis mucho más elevada: «El régimen de dosis altas tiene un mayor potencial para llegar a las células tumorales en el sistema nervioso central».
A los cinco años, la supervivencia libre de enfermedad para los pacientes que recibieron dosis altas de metotrexato fue del 82 % frente al 75 %de los pacientes en el régimen de metotrexato en escalada: «También hubo un número significativamente menor de recaídas en médula ósea y en el SNC en el grupo de dosis altas». Además, los efectos adversos no aumentaron.
junio 10/2011(Diario Médico)
El término de trombofilia fue usado por primera vez en 1965 por Egeberg para designar una enfermedad asociada con trombosis venosa; este vocablo incluye varias entidades que se han descrito como situaciones de hipercoagulabilidad o estados pretrombóticos. Los estados de trombofilia suponen un desbalance entre las actividades de los mecanismos procoagulantes y anticoagulantes naturales. Existen condiciones trombofílicas tanto heredadas como adquiridas.
Investigadores españoles han descrito cuatro nuevas mutaciones en la secuenciación del genoma de la leucemia linfocítica crónica, que condicionan tanto el inicio como la evolución de estas leucemias. El trabajo, que será presentado este lunes por la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, supone un gran avance a la hora de explicar a nivel genético los síntomas que los médicos observan en los hospitales.
La investigación, publicada en la revista Nature, cuenta con la participación de los equipos de los investigadores Elías Campo y Carlos López-Otín, en Barcelona y Oviedo respectivamente, quienes decidieron secuenciar el genoma completo de cuatro pacientes con leucemia linfocítica crónica. La intención era encontrar mutaciones que pudieran explicar por qué se había producido la enfermedad.
Así por ejemplo, las mutaciones que se dan en un gen llamado NOTCH1 aparecen en aquellos enfermos que presentan una leucemia más grave. A este respecto, el investigador del Centro Nacional de Biotecnología (CBN), Peter Klatt, miembro tanto del comité ejecutivo como del científico del consorcio del Proyecto Genoma del Cáncer, explica que este gen, al estar implicado en otros tipos de cáncer, tiene ya en el mercado algunos fármacos que luchan contra su función oncogénica. Ahora habrá que probar si en combinación con los usados en la actualidad mejora el tratamiento de la leucemia.
Aunque deberán seguir estudiando en el laboratorio cómo utilizar esta información en su lucha contra las leucemias, las mutaciones descubiertas no sólo dan información acerca de la gravedad sino que además indican a los investigadores qué tipo de fármacos será necesario desarrollar.
Campo y López-Otín consiguieron descubrir hasta 46 nuevas mutaciones diferentes que nunca antes se habían relacionado con la leucemia. Tras esto, comprobaron si estas nuevas mutaciones se daban también en otros pacientes. Para ello analizaron el ADN de 363 enfermos, gracias a los cuales pudieron corroborar que mutaciones en cuatro genes distintos condicionan el inicio y la progresión de este tipo de leucemias.
La leucemia linfocítica crónica causa un aumento en el número de glóbulos blancos que ocasiona un debilitamiento progresivo del sistema inmunitario. A pesar de ser uno de los tipos de leucemia más frecuentes en los países occidentales, se desconocen las causas que lo provocan. Y el hecho de que se presente con una gran variedad de síntomas no ayuda a los investigadores en su lucha contra estos tipos de cáncer.









