En el año 2008, la Organización de Naciones Unidas definió a la drepanocitosis (sickle cell disease/sicklemia) como un problema de salud mundial y determinó el 19 de junio como Día Internacional de la Drepanocitosis. Leer más…
Es un inhibidor selectivo y reversible del receptor de la quimiocina CXCR4, que bloquea su unión a la proteína SDF-1. En condiciones normales, la unión de ambas proteínas mantiene a las células madre hematopoyéticas ancladas a la médula óse. El bloqueo inducido por este medicamento las libera y hace que se movilicen a la sangre periférica de forma muy rápida. Este novedoso mecanismo de acción es complementario al del G-CSF, por lo que alcanza su máxima eficacia cuando se utilizan de manera conjunta. Normalmente, la escasa movilidad de estas células se produce como consecuencia de los intensos tratamientos de quimioterapia y radioterapia a que son sometidos estos pacientes para controlar la enfermedad de base.
Una proteína ayuda a las células de la leucemia linfoblástica aguda a ser resistentes al tratamiento
Se trata de la proteína BCL6, que podría ser en buena diana para tratar la forma más común de cáncer infantil, según publican en “Nature” investigadores estadounidenses. Un equipo dirigido por investigadores de la Universidad de California, San Francisco (Estados Unidos) han descubierto por qué la leucemia linfoblástica aguda -la forma más común de cáncer infantil- presenta resistencias ante los más potentes fármacos anticancerígenos de última generación.
Publican en Nature que la clave reside en BCL6, la proteína que utilizan las células leucémicas para mantenerse vivas. Dirigirse contra esta proteína podría ser la respuesta para combatir la leucemia resistente a fármacos, un descubrimiento que podría aumentar la eficacia de los fármacos contra el cáncer y ayudar a los médicos a recetar combinaciones de medicamentos más potentes que curen a más niños con leucemia.
Para el autor principal de este estudio, Markus Müschen, profesor del laboratorio de Medicina de la UCSF, “creemos que este hallazgo es de importancia inmediata para el cuidado de los pacientes”. Su equipo ha demostrado que ratones con leucemia resistente a fármacos pueden ser curados recibiendo fármacos convencionales contra el cáncer en combinación con un agente que inactiva la proteína BCL6. Este fármaco fue desarrollado por el coautor de este estudio Ari Melnick, profesor de Farmacología del Weill Cornell College of Medicine de Nueva York.
En su último estudio, los investigadores han descubierto que la clave la esta resistencia es la proteína BCL6, lo que proporciona la primera evidencia de cómo las células del cáncer se las arreglan para sobrevivir. “Es algo así como un mecanismo de emergencia a través del que las células tumorales tratan de evadir el tratamiento farmacológico”, señala.
Esta investigación comenzó hace cuatro años, cuando Müschen se propuso comprender qué les sucedía a las células cancerígenas durante el tratamiento contra el cáncer. Él y su equipo expusieron células de leucemia en una placa de petri a fármacos y después observaron cómo respondían al tratamiento. Posteriormente, analizaron cómo la expresión de 22.000 genes diferentes cambió cuando diferentes células tumorales recibieron distintos tipos de fármacos. Así observaron que los niveles de BCL6 siempre se disparaban tras el tratamiento.
La BCL6 ya era una proteína conocida entre los investigadores en cáncer porque se encuentra activa en otras formas de tumores. En el linfoma, por ejemplo, BCL6 protege a las células cancerígenas de morir y la proteína ha sido durante mucho tiempo objeto de análisis para el diseño de nuevos fármacos. Sin embargo, nunca antes había sido relacionada con la leucemia.
Pensaban que bloquear la proteína BCL6 podría hacer que las células de leucemia fueran más sensibles a la quimioterapia y lo han demostrado, mostrando que administrar un fármaco similar a un péptido que bloquea la BCL6 a ratones junto con fármacos antileucémicos, se consigue aumentar la potencia de la medicación convencional y ayudar a que los animales sobrevivan a la enfermedad.
En la actualidad, Müschen está buscando formas para repetir este proceso con moléculas pequeñas, que por lo general son más fáciles de formular en un medicamento oral y más baratas para fabricar en masa que fármacos biotecnológicos como los péptidos.
Nature 2011;473:384–388
JANO.es · 12 Mayo 2011 09:49
Por Agencia EFE México, 25 abr (EFE).- Una estudiante de maestría del Instituto Politécnico Nacional (IPN) de México creó un software que permite diagnosticar la leucemia infantil con un índice de certeza del 98 %, mientras que las pruebas con microscopio tienen un porcentaje de certidumbre de solo 60 %, informó hoy ese centro de estudios.
El sistema ofrece un diagnóstico en solo tres minutos por medio de dos algoritmos especialmente diseñados para distinguir entre células sanas y enfermas a partir de una fotografía digital de una muestra hematológica del paciente, explicó el IPN en un comunicado.
El software fue desarrollado por la estudiante Susana Ordaz para obtener su grado de maestra en ingeniería electrónica, con el apoyo de los científicos Francisco Javier Gallegos y Alberto Jorge Rosales, académicos de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) y miembros del Sistema Nacional de Investigadores (SNI).
«Las células sanas tienen la forma de un círculo casi perfecto y cuentan con un nucléolo» con dimensiones específicas, mientras que las «enfermas presentan vellosidades y pequeñas muescas o hendiduras» y «su nucléolo casi no se distingue o se pierde», detalló la investigadora.
Según Ordaz, no existe actualmente una herramienta automatizada para hacer un «diagnóstico rápido y eficaz» en etapas tempranas de la leucemia linfoblástica aguda infantil, una enfermedad que se presenta en 4 de cada 100.000 niños mexicanos menores de 15 años.
«La apreciación de la muestra de médula ósea en el microscopio tiene un porcentaje de certidumbre de aproximadamente 60 %», apuntó.
Para precisar aún más el diagnóstico por microscopio, tradicionalmente a la muestra de médula se le realiza una prueba denominada inmunofenotipificación, cuyos resultados pueden tardar hasta cuatro semanas.
La leucemia linfoblástica aguda avanza con mayor velocidad que el cáncer en un órgano específico «debido a que es cáncer en la sangre y circula por todo el organismo, de modo que en donde encuentra células inmaduras se comienza a desarrollar», dijo Ordaz.
A juicio de la académica, en la medida en que el software disminuye el tiempo del diagnóstico se incrementan las posibilidades de recuperación del paciente porque se puede iniciar el tratamiento más rápidamente.
Actualmente se recuperan de esta enfermedad alrededor del 85 % de los pacientes.
Los investigadores ya iniciaron los trámites para obtener el registro de autor del software a favor del IPN y ahora buscan apoyo para comenzar a aplicar el software en el sector salud.
En el futuro, los científicos esperan que el software cuente con una etapa de preprocesamiento de imágenes, tome en cuenta el historial médico del paciente, y que los algoritmos identifiquen la textura de las células, para incrementar aún más el índice de certeza del diagnóstico.
El proceso para reparar completamente los daños en la central nuclear de Fukushima y clausurar sus dañados reactores puede tardar años. Años en los que decenas de trabajadores japoneses pasarán por la zona con importantes riesgos para la salud.
Por eso, expertos japoneses recomiendan esta semana en la revista The Lancet (doi:10.1016/S0140-6736(11)60519-9) estar preparados para el futuro congelando muestras de la médula sana de estos trabajadores por si fuesen necesarias en el futuro.
Las células del organismo que más rápido se dividen, como las hematopoyéticas ubicadas en la médula ósea o las que hay en el tracto digestivo, son también las que resultan más afectadas por la exposición del organismo a las radiaciones.
Como recuerdan en la revista británica Tetsuya Tanimoto y otros colegas de la Fundación Japonesa del Cáncer, en pasados desastres nucleares los daños sufridos por algunos individuos se han paliado con un trasplante de médula procedente de un donante.
Sin embargo, sugieren, antes de tener que lamentar daños, que las autoridades japonesas deberían ser precavidas y almacenar muestras de la médula de los trabajadores que participen en las tareas de limpieza de la zona, para un posible autotrasplante de células de la médula.
A diferencia de un donante, explican, disponer de este material congelado, permitiría actuar rápidamente en caso de que alguno de los empleados resulte afectado por las radiaciones (hasta ahora asegura que tres trabajadores han sido expuestos accidentalmente a altas dosis de radiactividad por contacto con agua contaminada).
Además, al tratarse de sus propias células, subrayan, se reduce uno de los principales riesgos del trasplante de médula (el rechazo, denominado enfermedad de injerto contra huésped), se agilizarían los trámites (sin tener que esperar a la aparición de un donante compatible) y se aceleraría la repoblación de su sistema sanguíneo con células propias, conservadas y congeladas previamente a cualquier posible contaminación.
A pesar de esta propuesta, los autores señalan que la Comisión para la Seguridad Nuclear de Japón (un panel de expertos que asesora al Gobierno) ha considerado que no hay necesidad por el momento de recolectar y almacenar muestras de células sanguíneas de la médula ósea del personal de la central.
Sin embargo, sostienen, el peligro de exposición accidental a la radiación no ha pasado ni mucho menos, y es previsible que los trabajos de descontaminación de la zona se prolonguen durante años. Por eso, insisten, en que la mejor defensa de la industria nuclear japonesa es seguir protegiendo la salud de los trabajadores.
«Almacenar sus células es de vital importancia y el criterio para valorar esta medida no puede hacerse desde el punto de vista de coste-beneficio en términos ordinarios».
Madrid, abril 18/2011(Intramed)
Tetsuya Tanimoto, Naoyuki Uchida, Yuko Kodama , Takanori Teshima , Shuichi Taniguchi. Safety of workers at the Fukushima Daiichi nuclear power plant. The Lancet, pulicado abril 18/2011.
La hemofilia adquirida es una diátesis hemorrágica muy infrecuente, que consiste en la aparición de autoanticuerpos contra el factor VIII, y que presenta morbilidad y mortalidad altas. Aun cuando se considera que su incidencia puede estar infravalorada, la mayoría de autores estiman que se observa entre 1 y 4 pacientes/millón y año; la edad es asimismo un factor influyente, siendo mucho más infrecuente en la infancia (0,05 pacientes/millón y año) que en los casi 15 casos por millón y año descritos en ancianos
Esta entidad nosológica se basa en la aparición de autoanticuerpos policlonales de tipo IgG (subclases 1 y 4, en la mayoría de los casos) que inhiben la función coagulante del factor VIII, actuando sobre los dominios C2, A2 y A3 de la molécula, con lo que interfieren su interacción con el factor IXa, los fosfolípidos y el factor von Willebrand. En su mayoría, son tiempo- y temperatura-dependientes, como ocurre con los aloanticuerpos que se observan en pacientes con hemofilia A, y en buena parte de ellos su cinética de acción es compleja (tipo 2)
Los virus BK y JC son poliomavirus del ser humano. Su espectro clínico parece ser amplio, aunque en la mayoría de las ocasiones se trata de infecciones asintomáticas. La infección por este tipo de virus se adquiere durante la edad pediátrica y se mantiene de forma latente en el tejido renal. Se considera que hasta el 80% de la población ha tenido contacto con este agente, pudiéndose detectar eliminación urinaria asintomática en mujeres embarazadas y en diferentes estados de inmunosupresión. Dentro del terreno urológico, esta viruria se ha asociado con estenosis ureteral en pacientes sometidos a trasplante renal y con cistitis hemorrágica en trasplantados de médula ósea.









