La incidencia de las infecciones micóticas sistémicas aumentó en las últimas décadas como consecuencia de la inmunosupresión provocada por la quimioterapia, los trasplantes y la infección por VIH , así como de la mayor supervivencia de los pacientes graves debido a los adelantos en los cuidados intensivos. La mayoría de las infecciones micóticas sistémicas se asocian con mortalidad significativa, a lo que se deben agregar las dificultades para el diagnóstico precoz y el precio de los nuevos antimicóticos.
A diferencia de otros hongos frecuentes, las Candidas son parte de la flora humana normal y se encuentran en la piel y a lo largo del tubo digestivo. Aspergillus, Cryptococcus y los agentes de la mucormicosis son esencialmente saprófitos ambientales que pueden ser agentes patógenos accidentales frente a ciertos factores que les permiten causar infección en los seres humanos.
Los hongos dimórficos endémicos crecen como saprófitos en el ambiente, pero se transforman a 37oC en parásitos levaduriformes adaptados para sobrevivir en huéspedes mamíferos. La Candida invade a través del tubo digestivo, pero otros hongos se adquieren por inhalación. La neutropenia o los defectos en la función de los neutrófilos predisponen a la candidiasis, la aspergilosis y la mucormicosis invasivas, mientras que los defectos en la inmunidad celular son factores de riesgo más importantes para la criptococosis y los hongos dimórficos endémicos. La infección por Pneumocystis carinii se analiza en ‘HIV and the lung’ (MEDICINE 2013; 41(8): 435e441).
Se describe el caso clínico de una fémina de 39 años de edad, con diabetes mellitus de tipo II, quien ingresó en el Servicio de Dermatología del Hospital Provincial Clinicoquirúrgico Docente «Celia Sánchez Manduley» de la provincia de Granma por presentar, desde hacía más de un año, múltiples lesiones en los miembros inferiores, superiores y tronco. 



