grasa

La verdadera causa de la muerte de un tercio de los pacientes de cáncer no radica en el avance tumoral sino en el proceso de transformación de la grasa blanca o «mala» en parda o «buena».

La mayor parte de quienes investigan el cáncer se concentran en la biología del tumor en sí. Pero Michele Petruzzelli, del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), buscando vías de ataque indirecto a la enfermedad, decidió poner el foco en el resto del organismo. Su trabajo sobre la respuesta del cuerpo al tumor ha descubierto que la caquexia, la extrema delgadez y debilidad que acaba siendo la auténtica causa de la muerte de un tercio de los enfermos de cáncer, se desencadena por un proceso hoy muy estudiado no para combatir el cáncer, sino la obesidad: la conversión del tejido graso blanco en pardo.

Malas consecuencias
«Es la primera vez que este fenómeno, que podríamos llamar quemagrasa, se asocia a un efecto negativo», explica Petruzzelli, miembro del grupo de Erwin Wagner, director del Programa Fundación BBVA-CNIO de Biología Celular del Cáncer. «Lo que vemos es que la transformación de grasa blanca en grasa parda, que es ahora uno de los temas estrella de la investigación por sus potenciales efectos positivos contra la obesidad y la diabetes, tiene consecuencias muy perniciosas en el contexto del cáncer», señala el investigador en un trabajo que se publica en el último número de Cell Metabolism (DOI: org/10.1016/j.cmet.2014.06.011).

Los profesionales consideran además que si se logra reducir la transformación del tejido graso los síntomas de la caquexia mejoran, aunque no desaparezcan del todo. Lo demuestran bloqueando moléculas mediadoras de la inflamación -un proceso vinculado a la caquexia-, en concreto la citocina IL-6. «La inhibición del paso de grasa blanca a parda representa por tanto una vía prometedora para mejorar la caquexia en los pacientes de cáncer», señala el artículo.

El CNIO cuenta con numerosos modelos animales -en ratones- de distintos tipos de cáncer. Así que el punto de partida de este trabajo, ha explicado Petruzzelli, fue seleccionar una docena de estos ratones modelo y estudiar qué cambios sucedían en sus cuerpos a medida que se desarrollaba el tumor.

Transformación
Observaron numerosos cambios en los órganos de los animales, que variaban en función del tipo de modelo y tumor. Sin embargo, el efecto de la transformación de grasa blanca en marrón se dio en todos ellos, y muy pronto, antes de que se manifestaran los síntomas ya conocidos de la caquexia.

El interés del trabajo aumenta porque llama la atención, y relaciona, dos procesos -la transformación de la grasa blanca en parda y la caquexia- que por motivos distintos han sido poco estudiados, pero que en los últimos años se han convertido en temas calientes de la investigación en todo el mundo.

En el contexto de la actual epidemia de obesidad, la grasa blanca ha sido apodada mala, mientras que la parda es la buena. El descubrimiento de que los humanos adultos pueden convertir la grasa blanca en parda mediante el ejercicio o la exposición a bajas temperaturas ha abierto una nueva vía de ataque a la obesidad, y de hecho ya está en marcha la búsqueda activa de herramientas farmacológicas para inducir la transformación, fenómeno esencial para los enfermos de cáncer.

Marcadores que guían
En oncología, la caquexia, es un fenómeno que se explicaba como que el organismo se consume a sí mismo tratando de cubrir las necesidades energéticas del tumor en constante crecimiento. Pero hoy se sabe que pueden producir caquexia tumores de todos los tamaños, incluso muy pequeños, y en etapas muy tempranas de su desarrollo porque, según las investigaciónes, este fenómeno está muy ligado a la inflamación.

Los resultados indican que si se actúa bloqueando uno de los agentes que promueven la inflamación, la citocina IL-6, se reduce sustancialmente el proceso de transformación de la grasa y, consecuentemente, la caquexia, aunque los investigadores resaltan que no se logra la curación: la IL6 es sólo una de diversas citocinas implicadas y bloquearla no es suficiente.

Este hallazgo sugiere que los antiinflamatorios podrían ayudar a combatir la caquexia, pero no es posible predecir qué enfermos afectados por el cáncer la desarrollarán.

«Se abriría una vía en este sentido al descubrir procesos muy iniciales en la caquexia. Plantea la posibilidad de identificar biomarcadores que ayuden a predecir qué pacientes van a desarrollar caquexia, de forma que podamos tratarles de forma preventiva», añade Petruzzelli.
julio 17/2014 (Diario Médico)

Michele Petruzzelli, Martina Schweiger, Renate Schreiber,Ramon Campos-Olivas, Maria Tsoli, John Allen.A Switch from White to Brown Fat Increases Energy Expenditure in Cancer-Associated Cachexia.Cell Metabolism.Jun 11 2014

El hallazgo refuerza la idea de que las señales generadas en un órgano están relacionadas con la circulación y la influencia de otros tejidos, tales como las células de grasa y el hígado.

Aunque está claro que el ejercicio puede mejorar la salud y la longevidad, los cambios que se producen en el cuerpo para facilitar estos beneficios están menos claros. Un equipo de investigadores norteamericanos ha descubierto una molécula que se genera durante el ejercicio y contribuye a los efectos beneficiosos del ejercicio sobre el metabolismo, tal y como describen en la edición de enero de la revista «Cell Metabolism».

«Nuestro hallazgo refuerza la idea subyacente de que las señales generadas en un órgano están relacionadas con la circulación y la influencia de otros tejidos tales como las células de grasa y el hígado», apunta el autor principa del trabajo, el doctor Robert Gerszten, de la División de Cardiología y Cardiovascular del Centro de Investigación en el Hospital General de Massachusetts y la Escuela de Medicina de Harvard, en Estados Unidos.

Estudios iniciales del laboratorio de Spiegelman, que colaboró en este estudio, han demostrado que una proteína denominada PGC-1alfa regula genes metabólicos en el músculo y contribuye a la respuesta del músculo al hacer ejercicio. En experimentos realizados en células y ratones, Gerszten y sus colegas forzaron la expresión de PGC-1alfa en las células musculares y luego buscaron metabolitos que se secretan de las células.

Así, identificaron el ácido beta aminoisobutírico (BAIBA) como uno de esos metabolitos y encontraron que aumenta la expresión de los genes que están involucrados en la quema de calorías en las células de grasa. Asimismo, ayuda a equilibrar los niveles de azúcar en sangre en ratones.

Los análisis realizados en estudios sobre el ejercicio en humanos y participantes en el Estudio del Corazón de Framingham revelaron que los niveles de BAIBA aumentan durante el ejercicio y se asocian inversamente con factores de riesgo metabólicos. En concreto, los niveles de BAIBA se correlacionaron inversamente con los niveles de azúcar en sangre en ayunas, insulina, triglicéridos y colesterol total y hubo una tendencia hacia una asociación inversa con el índice de masa corporal (IMC).

Los hallazgos sugieren que BAIBA puede contribuir a la protección frente a las enfermedades metabólicas inducida por el ejercicio. «La manipulación de BAIBA o las enzimas que generan BAIBA puede tener un potencial terapéutico -asevera Gerszten-. La quema de grasa podría influir en múltiples aspectos de la salud metabólica relacionados con la diabetes, enfermedades cardiacas y otras condiciones».
enero 9/2014 (JANO.es)

ß-Aminoisobutyric Acid Induces Browning of White Fat and Hepatic ß-Oxidation and Is Inversely Correlated with Cardiometabolic Risk Factors. Cell Metabolism 2014, V 19(1), págs. 96-108, 7.

Unos investigadores dicen que han encontrado un «interruptor» que controla si las células grasas del cuerpo se queman o si se almacena su energía.

El interruptor es el receptor de la vitamina D (VDR), una proteína que se une con la vitamina D. Además de otras muchas funciones que se han detectado, también determina si las células grasas se convierten en células marrones, que queman energía, o blancas, que almacenan la energía, según los investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad de Stanford.

«La primera vez que hicimos el descubrimiento, nos entró curiosidad por saber si la cantidad de vitamina D que las personas toman podría reducir la cantidad de grasa marrón que tenían», comentó en un comunicado de prensa de la universidad el autor principal del estudio, el Dr. Brian Feldman, profesor asistente de endocrinología pediátrica.

«Pero hasta ahora nuestros datos muestran que esta actividad del receptor es independiente de la vitamina D, así que es poco probable que la ingesta o las reservas que tienen las personas de vitamina D afecte a este proceso», señaló.

Los investigadores afirmaron que su descubrimiento podría llevar a nuevas maneras de controlar la obesidad y las enfermedades relacionadas con ésta, como la diabetes, las enfermedades cardiacas y ciertos cánceres.

El estudio aparece en la revista Molecular Endocrinology (doi: 10.1210/me.2013-1037).

No está claro si el VDR es en realidad la causa de que las células grasas blancas se conviertan en marrones, o si la proteína determina si será blanca o marrón antes de que una célula realmente se convierta en una célula grasa. La última explicación probablemente sea la correcta, afirmaron los autores del estudio. Pero, sea cual sea la correcta, no afecta al potencial de desarrollo de nuevos tratamientos para la obesidad.

Los investigadores ya han empezado a trabajar en el desarrollo de una terapia centrada en el VDR. El objetivo es evitar que el VDR bloquee el desarrollo de la grasa marrón sin que ello afecte a las otras funciones de la proteína, indicó Feldman.

Incluso en el caso de que el tratamiento de la obesidad que intentan desarrollar se muestre efectivo, pasarían años antes de que estuviera disponible para los pacientes.
agosto 1/2013 (HealthDay News) –

Malloy PJ, Feldman BJ.Cell Autonomous Regulation of Brown Fat Identity Gene UCP1 by Unliganded Vitamin D Receptor. Mol Endocrinol. 2013 Ago 1.