2012 Archivos

Un estudio realizado en los Estados Unidos en ratones mostró que su piel dispone de unas células «con memoria» que proporcionan una protección rápida y duradera contra las infecciones cutáneas ya sufridas, según recoge hoy la revista británica Nature.
Las llamadas «células T de memoria» pueden ser circulantes -es decir, que se encuentran en la sangre y en los nódulos linfáticos-, o localizadas en un tejido específico, y ambas se generan una vez que el cuerpo ha detectado la existencia de un agente infeccioso.
En este caso, los científicos inocularon el virus del herpes simple a los ratones y observaron la reacción de los dos tipos de células un mes después del origen de la infección.
Así, comprobaron que la respuesta de las células T de memoria albergadas en la piel fue superior a la de sus equivalentes circulantes, y que se reprodujeron para dar una respuesta «rápida y contundente» contra la infección, gracias a la segregación de citocinas, unas proteínas responsables del mecanismo de inflamación.
Según explica Thomas Kupper, dermatólogo del Hospital Brigham and Women de Boston (EEUU), su equipo no solo encontró células T de memoria en el tejido infectado por el herpes, sino también en zonas alejadas de la infección.
Aunque en estas áreas de la piel la cantidad de estas células era menor, su efecto protector era el mismo que en las zonas infectadas.
De todo ello, los científicos deducen que las células T de memoria localizada protegen contra una reaparición del herpes en toda la piel, y no sólo en aquellos lugares que sufrieron la infección en un primer momento.
Asimismo, estas células perduraron tanto en la dermis como en la epidermis de la piel durante, al menos, seis meses, período en el que los roedores estuvieron protegidos contra una posible reaparición del herpes.
«Creemos que esta es una forma no reconocida previamente por la que el sistema inmune nos protege de microorganismos patógenos en el medio ambiente y nos mantiene libres de la enfermedad (en su mayor parte) desde hace décadas», explicó Kupper.
Además de en la piel, las investigaciones en humanos han encontrado células de este tipo en los pulmones, la mucosa cervical y el tracto intestinal.
Para Kupper, esta línea de investigación podría influir en el diseño de vacunas y proporcionar una mejor comprensión de aquellas enfermedades infecciosas en humanos en las que intervienen esta clase de células.
«La mayoría de las vacunas modernas se aplican en el tejido muscular, pero el músculo nunca ha tenido que evolucionar para combatir la infección, mientras que la piel sí. Creemos que el objetivo de la investigación en vacunas debería ser crear células T de memoria residentes que vivan en los tejidos periféricos relevantes», añadió Kupper.
Así, «para el VIH, nos gustaría crear células T de memoria que vivan en la mucosa gastrointestinal y reproductiva, mientras que para la hepatitis C, nos gustaría crearlas en el hígado», expresó Kupper.
Según este experto, la mayoría de las vacunas se evalúan según lo buenas que son generando una respuesta de anticuerpos.
«Nosotros pensamos que para muchos patógenos, la respuesta de los anticuerpos es menos importante que la respuesta de las células T», subrayó Kupper.
Febrero 29/2012 Londres, (PL)

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Investigadores de la UAB y del CSIC sintetizan una molécula que activa de manera eficiente y controlada la respuesta inmunológica contra la proliferación de tumores.
Un tipo de glóbulos blancos, los linfocitos iNKT (de «Natural Killer T Cells»), combaten las infecciones y los tumores liberando unas proteínas, las citoquinas, que activan la respuesta inmune tras recibir la señal de ‘alerta’ de unos receptores específicos.
Hace años que los científicos tratan de forzar esta respuesta de manera artificial, para lo cual vienen empleando un glicolípido llamado alfa-galactosiceramida, derivado de una molécula aislada en las esponjas marinas «Agelas mauritianus».
El glicolípido, en efecto, se acopla a los receptores y desencadena la respuesta inmunológica; no obstante, en los resultados de los ensayos clínicos no han sido del todo satisfactorios debido, fundamentalmente, a que el glicolípido es demasiado potente, activa los glóbulos blancos de manera desenfrenada y desata una ‘tormenta’ incontrolada de citoquinas que, si bien no afecta a la salud del paciente, carece de actividad antitumoral apreciable y de utilidad terapéutica.
Investigadores del Instituto de Biotecnología y Biomedicina de la UAB, liderados por el profesor Raúl Castaño, en colaboración con el investigador del Instituto de Química Avanzada del CSIC Amadeu Llebaria, y con la participación de científicos del Instituto de Salud Carlos III, de la University of Southern California (EEUU), y de La Jolla Institute for Allergy and Immunology (EEUU), han diseñado y sintetizado una molécula muy similar a la alfa-galactosiceramida, pero con pequeños cambios en su estructura que modifican su comportamiento.
La molécula, llamada HS44, se asocia muy bien con los receptores de los linfocitos iNKT, pero se disocia más rápidamente. Esto reduce su potencia y permite que active de manera eficiente y controlada la respuesta inmunológica. La HS44 ha sido probada en ratones a los que se ha transferido un melanoma agresivo que desarrolla metástasis en los pulmones.
Los resultados, publicados en The Journal of Immunology, demuestran que esta molécula inhibe la metástasis en los pulmones y reduce la posibilidad de que se estimule una respuesta autoinmune perjudicial para el organismo; así, según la vía de administración, puede provocar una respuesta inmunitaria adecuada para el tratamiento de infecciones microbianas como adyuvante en las vacunas.
Febrero 29/2012 (JANO)

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La infusión de células madre cardíacas en pacientes que han sufrido un infarto contribuye a regenerar el corazón, según un estudio dirigido por Eduardo Marbán, del Cedars-Sinai Heart Institute, en Los Ángeles, cuyas conclusiones se han publicado en la revista The Lancet .
El equipo dirigido por Marbán evaluó a 25 pacientes cuyo promedio de edad era de 53 años y que habían sufrido un infarto (todos ellos fueron tratados en el Cedars-Sinai Heart Institute y en el Hospital Johns Hopkins, en Baltimore). De éstos, ocho recibieron la atención «estándar», mientras que 17 recibieron infusiones de células madre derivadas de cardioesfera (CDC), es decir, células madre del tejido cardíaco del propio paciente.
El procedimiento consistió en retirar fragmentos del tamaño de una pasa del músculo cardíaco del paciente, utilizando para ello un catéter con anestesia local. Este tejido se utilizó como suministro de células madre cardíacas. En un segundo procedimiento, cada paciente recibió una infusión de entre 12 y 25 millones de sus propias células madre.
Los pacientes que recibieron la infusión de células madre vieron disminuir el tamaño de su cicatriz hasta en un 24%, mientras que en el grupo de control no se produjo reducción alguna en el tamaño de la cicatriz. Los cambios en el volumen diastólico final, el volumen sistólico final y la fracción de eyección del ventrículo izquierdo, no mostraron diferencias entre los grupos a los 6 meses.
Sucesos adversos:
Cuatro pacientes (el 24%) en el grupo de células madre sufrieron acontecimientos adversos graves, en comparación con el grupo control (13%), aunque de esos cuatro eventos sólo uno se hallaba relacionado con el tratamiento.
Según los autores, «este descubrimiento desafía la creencia de que el músculo cardíaco es irrecuperable. Además, muestra que la infusión intracoronaria de CDC, después de un infarto de miocardio, es segura».
En un comentario vinculado, el doctor Chung-Wah Siu y el profesor Hung-Fat Tse, de la Facultad de Medicina de la Universidad de Hong Kong, agregan que «estos hallazgos sugieren que este enfoque terapéutico es factible y tiene el potencial de proporcionar una estrategia de tratamiento para la regeneración cardíaca tras un infarto de miocardio».
Febrero 14/2012 (JANO)

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El artículo The pathology of dengue hemorrhagic fever (2007) ofrece una revisión integral de la enfermedad, aborda la patogenia y la patología de la misma con imágenes macro y micro formidables, muy útiles para nuestra especialidad. Sin embargo, en reuniones de expertos clínicos de dengue, ese mismo año, se modificaron los criterios de clasificación y de los protocolos de las guías clínicas. La definición del espectro de la entidad pasó a ser como sigue: dengue sin signos de alarma, dengue con signos de alarma y dengue grave. Para más información se sugiere revisar la publicación de la OPS: DENGUE, Guías de atención para enfermos en la región de las Américas
Saludos,
Dra. Virginia Capó de Paz

Morfología de las autopsias con traumatismos, trabajo relacionado con el DMO donde se exponen y relacionan las alteraciones morfológicas propias de los traumatismos y se argumenta la vinculación que guardan con el DMO a través de la respuesta inflamatoria sistémica. Se expone la importancia de la autopsia como estudio más completo del enfermo/enfermedad y la utilidad del SARCAP en el estudio de grandes bases de datos que facilita profundizar en la comprensión de la etiopatogenia de las enfermedades, en este caso del DMO.

Según artículo publicado en American Journal of Clinical Nutrition, los adultos que consumen una cantidad moderada de ciertas sustancias vegetales, en concreto flavonoides, son menos propensos a padecer cardiopatías o infarto cerebral.
Un estudio sobre 38 180 varones y 60 289 mujeres, con una edad media de 70 y 69 años, respectivamente, evidenció que quienes más flavonoides ingerían a través de la dieta (sustancias presentes en muchas verduras y frutas, como bayas, cítricos, manzanas, espinacas o brócoli, además de nueces, soja, chocolate amargo, té y vino) tenían menos propensión a fallecer por una enfermedad coronaria o un accidente cerebrovascular (ACV) en los siguientes siete años.
El equipo investigador dividió a los participantes en cinco grupos, según la cantidad de flavonoides que consumían. El quintil que más flavonoides ingería era un 18% menos propenso a morir por cardiopatías o ACV en relación con el quintil de menor consumo de dichas sustancias. Febrero 29/2012 (Neurologia.com)

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Los pacientes con enfermedades cardíacas que toman estatinas para reducir sus niveles de colesterol son menos propensos a desarrollar depresión, según un estudio del Cento Médico VA de San Francisco en Estados Unidos, publicado en Journal of Clinical Psychiatry .
Un grupo de investigadores dirigido por Mary Whooley, autora principal del estudio y profesora de la Universidad de California en San Francisco (Estados Unidos) analizó a 965 pacientes con enfermedades cardíacas. Del total, 776 no tenían depresión (520 consumieron estatinas durante 6 años).
El 18,5 % de los que tomaban estatinas desarrollaron depresión, mientras que el 28 % de los que no consumió estatina, no lo hizo. Por tanto, el 38 % de los que consumieron estatinas fueron menos propensos a tener depresión clínica.
«Esta investigación sugiere que las estatinas podrían tener efectos positivos de protección contra la depresión a largo plazo, tal vez ayudando a prevenir la ateroesclerosis cerebral, que puede contribuir a la aparición de síntomas depresivos», asegura Whooley.
Además, «las estatinas pueden tener efectos positivos en el endotelio manteniendo los vasos sanguíneos menos rígidos y por lo tanto con más capacidad de adaptarse a las necesidades cambiantes del organismo. El mecanismo exacto aún se desconoce, por lo que son necesarios más estudios», afirma Whooley.
Whooley advirtió que es posible que los pacientes que tomaron estatinas «en general se encuentran en mejores condiciones de salud, a pesar de que en nuestro trabajo se hayan tenido en cuenta factores como el hecho de que una persona sea fumadora, realice actividades físicas y tenga colesterol».
«Si se demuestra que las estatinas protegen de la depresión se deberían usar para reducir sus síntomas en pacientes con patologías cardíacas y para mejorar los resultados cardiovasculares en las personas depresivas», añade Whooley.
Por otra parte, estudios previos explican que aquellos enfermos cardíacos con depresión son menos propensos a realizar ejercicio y a seguir un tratamiento con fármacos, lo que incrementa los riesgos de sufrir un ataque al corazón o ictus.
Febrero 28/2012 (Diario Médico)

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