2012 Archivos

Los expertos abogan por la incorporación de la farmacogenética a la práctica clínica para individualizar las terapias y optimizar los resultados.
Se estima que al menos uno de cada tres enfermos no responde adecuadamente a los fármacos; sin embargo, muchos de ellos podrían beneficiarse de la farmacogenética. Así se ha puesto de manifiesto en el transcurso de una mesa redonda, con el patrocinio de Roche, celebrada en el marco del 6º Congreso Europeo de Farmacología, que se está llevando a cabo en Granada.
Para Julio Benítez, catedrático de Farmacología la Universidad de Extremadura, «resulta inaceptable en estos momentos que al menos 10 de cada 30 pacientes que acuden a las consultas y que están siendo tratados con terapias teóricamente correctas no vayan a responder adecuadamente a las mismas y, es más, muchos de ellos incluso desarrollarán efectos adversos evitables». De ese tercio de pacientes que no responden adecuadamente a la terapia prescrita, subraya Benítez, «al menos la mitad podrían beneficiarse significativamente con la incorporación en su manejo clínico de estudios farmacogenéticos».
Desde el punto de vista de la tolerabilidad y seguridad farmacológica, las aportaciones de la Farmacogenética son también halagüeñas. Extrapolando datos de Estados Unidos, se ha estimado que en España mueren anualmente el triple de personas por efectos adversos de los fármacos que por accidentes de tráfico. «Esto no quiere decir que tengamos unos fármacos malos; el problema es que se usan mal, en dosis incorrectas, en el paciente no adecuado…», indica Benítez, quien asegura que, «en estos casos, la Farmacogenética resulta imprescindible, puesto que puede ayudarnos a detectar qué personas están predispuestas genéticamente a responder mal o a desarrollar algún evento adverso frente a un determinado medicamento».
Para este experto, el hecho de que se esté relegando a la farmacogenética en la práctica clínica está suponiendo que, por ejemplo en Estados Unidos, empiece a haber reclamaciones legales por parte de los pacientes. Según concluye, «cada año que se retrasa la incorporación y generalización de la farmacogenética a la práctica clínica se está produciendo un grave perjuicio a muchos pacientes, algunos de los cuales se quedarán por el camino y otros, simplemente, están perdiendo calidad de vida». Como solución, propone «la estrecha y urgente colaboración de las autoridades sanitarias, los sistemas de salud, las agencias reguladoras, las empresas farmacéuticas, los investigadores, los médicos y los pacientes».
De la investigación a la práctica clínica:
Lejos de la creencia generalizada, la exigencia de incluir los conocimientos farmacogenéticos en la práctica clínica no implica necesariamente la realización de pruebas inicialmente costosas y complejas a todos los pacientes (como la genotipación del ADN), sino que en muchos casos supone únicamente la aplicación de unos principios farmacogenéticos/farmacogenómicos básicos, y de sentido común, que permitan adaptar los protocolos terapéuticos a cada caso en particular. «La farmacogenética no es solo genotipación y secuenciación del ADN, sino que también tiene un claro componente traslacional y aplicable a la práctica clínica diaria», recuerda Benítez, que desarrolla su trabajo clínico en el Hospital Infanta Cristina de Badajoz.
Y es que, a pesar de su aparente innovación y revolución, y tal como ilustra este especialista, «la farmacogenética viene a avalar algo que ya se dijo hace más de un siglo: no hay enfermedades sino enfermos». Partiendo de esta premisa, apunta, «la farmacogenética individualiza las decisiones terapéuticas en un determinado enfermo, para maximizar la eficacia y minimizar los efectos adversos».
julio 23/2012 (JANO.es)

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El estrés podría favorecer la metástasis ósea del cáncer de mama, según un nuevo estudio de científicos de la Universidad de Vanderbilt, Estados Unidos y publicado en la revista PLoS Biology.
El trabajo, realizado en ratones, mostró que la activación del sistema nervioso simpático, que ocurre con esta sensación, favorece la propagación de la enfermedad a esta estructura.
Así, los investigadores fueron capaces de prevenir las lesiones de células de cáncer de mama en el hueso con propranolol, un medicamento cardiovascular que inhibe las señales del sistema nervioso simpático.
La metástasis, que es la expansión de las células cancerosas a otros órganos distantes, es más letal para las pacientes que un tumor de mama primario, afirmó Florent Elefteriou, director del Centro Vanderbilt para la Biología del Hueso y autor principal del estudio. En esa línea, prevenir esta propagación fue el principal objetivo.
Elefteriou y sus colaboradores sabían por estudios anteriores que el sistema nervioso simpático estimula la remodelación ósea, y que utiliza algunas de las mismas moléculas de señalización implicadas en la metástasis del cáncer de mama al hueso.
Ahora, la evidencia clínica apoya esta idea: las pacientes con tumores en las mamas que sufren estrés o depresión (ambos activan el sistema nervioso simpático) muestran un menor tiempo de supervivencia tras el tratamiento primario.
Para explorar esta relación, los investigadores estudiaron la metástasis de células de la enfermedad en ratones, marcando con fluorescencia las células humanas de tumores de mama que fueron inyectadas en el corazón de los roedores. El equipo buscaba modelar la etapa de la metástasis en la que el cáncer se mueve a través de la sangre.
Los expertos observaron entonces que el tratamiento de los ratones con un fármaco que imita la activación del sistema nervioso simpático causó más lesiones cancerosas en el hueso.  Por otro lado, provocar físicamente más estrés a los animales, al activar la misma área, también causó más daño oncológico en el hueso.
Los científicos demostraron que cuando se acciona la zona aumentan los niveles en el hueso de una molécula de señalización llamada RANKL, conocida por promover la formación de osteoclastos -células que descomponen el tejido óseo.
Los hallazgos sugieren que los betabloquedores, o fármacos que interfieren con la señalización de RANKL, como el denosumab, pueden ser útiles en la prevención de la metástasis del cáncer de mama a las células de hueso.
El propranolol y otros betabloqueadores son de bajo costo, están bien caracterizados, y son seguros en la mayoría de los pacientes. Por tanto, estos medicamentos pueden ser una buena opción para el tratamiento a largo plazo, si los futuros estudios en pacientes con cáncer de mama confirman su capacidad para bloquear la metástasis del cáncer a las células del hueso.
julio 22/2012 (Diario Médico)

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El científico brasileño Pedro Hirata afirmó que el descubrimiento de la acción de la proteína STI1, que sirve de protección a las neuronas, podría ser usada en un futuro para combatir el mal de Alzheimer.
«Identificamos una acción benéfica que puede convertirse en un tratamiento», apuntó Hirata al sitio web G1, el portal de noticias de la Globo.
Hirata es uno de los autores del estudio que identificó la proteína y que fue publicado en la Journal of Neurochemistry.
De acuerdo con el investigador, el estudio determinó las interacciones químicas de la STI1, una de las responsables de conectar la neurona a otras sustancias que quedan en la superficie y por ello recibe el nombre de conectante.
Añade que encima de las neuronas está otra proteína llamada prion, que funciona como receptor de sustancias del ambiente externo, mientras las conectantes establecen el enlace entre el prion y la neurona.
Tras referir que existen diferentes tipos de conectantes y cada uno provoca un efecto diferente, el grupo de investigadores halló que la STI1 protege las neuronas y tiene un rol importante en la formación de la memoria.
Hirata sostuvo que la idea es que un tratamiento futuro, que requiere ser desarrollado en laboratorio, utilice la STI1 para blindar las neuronas, proteína que además ocuparía los espacios de conexión, dificultando la interacción de las tóxinas con las células.
«Esperamos conseguir esos dos efectos con la proteína STI1?, subrayó el investigador brasileño, según el G1.
El mal de Alzheimer es una enfermedad degenerativa, actualmente incurable, común en personas mayores de 60 años.
julio 17/2012  (PL)

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Que la biología molecular está centrando la investigación oncológica es un hecho constatable con un simple vistazo a los estudios científicos publicados cada día. El avance en este campo se traduce en progresos en la clínica, como la optimización de la selección de las terapias disponibles, y en expectativas de nuevos tratamientos más selectivos y eficaces.
«El diagnóstico molecular del cáncer es la llave para conseguir una terapia personalizada para cada paciente, y poder aplicar a cada enfermo un panel de drogas más amplio, de forma más inteligente y efectiva para cada tumor», ha afirmado Miguel Ángel Piris, jefe del Servicio de Anatomía Patológica del Hospital Universitario Marqués de Valdecilla y director científico del Instituto de Formación e Investigación Marqués de Valdecilla (Ifimav), que ha participado en el seminario Biología molecular del cáncer: fronteras y perspectivas, de la Universidad de Cantabria.
Según Piris, las investigaciones llevadas a cabo en su departamento en materia de diagnóstico molecular del cáncer demuestran que casi todo depende de la identificación de los marcadores morfológicos o moleculares del tumor para hacer un diagnóstico de mayor precisión y seleccionar la terapia más personalizada para cada enfermo.
«En la actualidad hay dos problemas: primero, saber cuáles son los fármacos más apropiados para cada enfermo, y segundo, poder combinar esos tratamientos entre sí de la mejor manera. Y es el diagnóstico molecular el que nos está diciendo ahora qué terapias o qué combinaciones de ellas son las mejores para cada paciente», ha advertido con rotundidad.
Genes
Piris se ha hecho eco de la importancia de estudiar los genes de cada tumor, porque «el 95 %  de los tumores son lo que llamamos cáncer esporádico, que no son resultado de una carga genética heredada, sino adquirida a lo largo de la vida del paciente».
Por ello, ha insistido en que el objetivo del diagnóstico molecular es la elaboración de terapias personalizadas. «Aún somos incapaces de curar al 45 %  de los enfermos con cáncer, lo que significa que queda mucho que aprender en el diagnóstico y la terapia».
En este sentido, ha añadido que el diagnóstico molecular complementa a otros tipos de diagnóstico, como el radiológico, el clínico y el morfológico, cuya integración es clave en la elaboración de un pronóstico final. De hecho, Piris ha abogado por un futuro investigador en el que impere la integración entre todos los agentes, como oncólogos, investigadores y farmacéuticos, entre otros, y en el que todo este esfuerzo colectivo «esté guiado con inteligencia para situar a la investigación en medio de la clínica, y enfocar los estudios a puntos clave en los que sea más fácil progresar».
Por otro lado, en este mismo curso ha participado Piero Crespo, investigador del CSIC y del Instituto de Biomedicina y Biotecnología de Cantabria (Ibbtec), quien ha explicado la señalización anómala de las células cancerígenas y los intermediarios aberrantes presentes en la ruta de señalización RAS-ERK, que es en la que se centran actualmente las investigaciones que efectúa su equipo en la Universidad de Cantabria.
Intermediarios
Crespo ha observado que los estudios persiguen determinar cuál de los intermediarios en las rutas de señalización celular se encuentra mutado y genera señales aberrantes, es decir, «separado de los mecanismos normales por los que una célula prolifera, al recibir a través del torrente sanguíneo, y mediante hormonas, unas determinadas señales del organismo. Las células tumorales no siguen ese proceso, sino que generan ellas mismas sus propias señales para poder proliferar», ha manifestado el investigador cántabro.
Según ha señalado Piero Crespo, las diferencias entre el intermediario celular aberrante y el normal resultan «muy sutiles, por lo que buscar un fármaco que los inhiba de manera selectiva es muy complicado».
Sin embargo, este tipo de estudios ya ha conseguido mejorar el pronóstico de dos tipos de cáncer como son la leucemia mieloide crónica y el melanoma, donde el descubrimiento de inhibidores para los intermediarios que trabajan aberrantemente se ha traducido en mayor índice de curación de estas enfermedades.
Una vez hallado el intermediario que genera las señales aberrantes, la investigación avanza un paso más, y se centra, tal y como ha explicado el ponente del curso, en la búsqueda de un mecanismo que inhiba al intermediario en las células tumorales, pero no en las células normales, en donde desempeña una labor fundamental.
Julio 25/012 (Diario Médico)

El tratamiento del carcinoma renal, basado en la terapia antiangiogénica, podría mejorar con la obtención de nuevos biomarcadores.
El Instituto de Oncología Valle de Hebrón (VHIO) y el Hospital Universitario Valle de Hebrón, ambos en Barcelona, han organizado una reunión científica sobre carcinoma de células renales, que ha contado con la participación de expertos procedentes del Centro Oncológico Taussig de Cleveland (Estados Unidos) y del Instituto de Investigación Biomédica de Bellvitge (Idibell), de Barcelona.
El objetivo de la reunión era proporcionar una actualización de los últimos avances en cáncer renal y ofrecer la posibilidad de debatir y compartir opiniones. Como ha recordado Brian Rini, profesor asociado de Medicina de la Universidad de Cleveland, la terapia antiangiogénica es la más relevante en cáncer renal. «En Estados Unidos se administran fármacos como sunitinib en primera línea al menos en el 60 % de los pacientes, con otras opciones en segunda línea y nuevos agentes recientemente aprobados. En la actualidad, optamos por una secuencia de monoterapias, aunque debe mejorarse, porque no sabemos qué fármaco es mejor para un paciente determinado con respecto a otro. Pero pensamos que sunitinib es la mejor opción y, cuando fracasa el tratamiento, optamos por otro y por el seguimiento», ha enumerado.
En su opinión, para mejorar la situación actual es preciso impulsar la investigación en nuevos biomarcadores predictivos validados, pero, «desgraciadamente, no los tenemos todavía, aunque hay algún indicio». Entre los trabajos en este campo ha citado el de Jesús García-Donas, que fue publicado por The Lancet Oncology el pasado mes de octubre, en el que se describía cómo determinados polimorfismos de un solo nucleótido (SNP) se correlacionaban con respuesta a fármaco o toxicidad.
«Hemos trabajado mucho en hipertensión inducida a la célula por cambios de presión pero, de nuevo, tampoco puede usarse en la práctica clínica para seleccionar a los pacientes. Como he indicado, tenemos algunas pistas, pero creo que pasarán muchos años antes de que dispongamos de una herramienta similar a la mutación EGFR en cáncer de pulmón, de manera que, si el paciente la tiene, se le administra un fármaco determinado y, si no, le administro otro; eso es lo que necesitamos», ha asegurado.
Diversidad en respuesta
Su investigación se centra en nuevos fármacos y en estos nuevos marcadores con modelos animales de resistencia, que intentan responder a por qué los pacientes reaccionan a uno u otro tratamiento, o se vuelven resistentes a él y qué hacer a continuación. También trabaja en nuevas pautas de administración intermitente, tratando de reducir los efectos secundarios manteniendo la efectividad.
El carcinoma renal es una enfermedad tanto de diagnóstico como de manejo complejo. Como ha indicado Rini, responsable de la Unidad de Tumores Sólidos del Centro Oncológico Taussig de Cleveland, «la mayoría de los pacientes no tienen síntomas y al someterse a una tomografía computarizada por otro motivo se descubre que tienen una anomalía en el riñón o en otra región».
En cuanto al manejo, ha indicado que la incorporación de nuevos fármacos está haciéndolo cada vez más complejo: «Cuando comencé a trabajar en este campo sólo disponíamos de interferón e interleucina y era sencillo; ahora tenemos ocho tratamientos aprobados por la Aagencia -estadounidense- de Alimentos y Fármacos ( FDA), con diferentes mecanismos y efectos secundarios; ahora es más difícil».
EN COLABORACIÓN
Brian Rini, de la Universidad de Cleveland, ha alabado el esfuerzo colaborativo y la necesidad de impulsar jornadas como la celebrada en el Hospital Valle de Hebrón, «porque no hay un centro en el mundo que pueda hacerlo todo. Nosotros tenemos experiencia desde el punto de vista clínico y de laboratorio en determinadas áreas, mientras que en otros centros son fuertes en otros aspectos. Esto nos permite multiplicar nuestros esfuerzos y abrir nuestras mentes para trabajar mejor: tales colaboraciones internacionales son extremadamente útiles».
Julio 29/2012 (Diario Médico)
Garcia-Donas, Jesus Esteban, Emilio Leandro-García, Luis Javier Castellano, Daniel E. del Alba, Aranzazu González Climent, Miguel Angel Arranz, et. al.   Single nucleotide polymorphism associations with response and toxic effects in patients with advanced renal-cell carcinoma treated with first-line sunitinib: a multicentre, observational, prospective study. The Lancet Oncology, 12 (12), p.1143-1150, nov 2011.

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La Organización Mundial de la Salud (OMS) alertó la existencia de 36 posibles casos de Ébola en Kibale, Uganda, donde ha fallecido más de una decena de enfermos desde mediados de este mes.
El vocero de la OMS, Tarik Jaserevic, dijo en rueda de prensa que se detectaron 36 casos sospechosos de padecer la enfermedad, de ellos cuatro fueron confirmados; y se está tratando a los pacientes que se presume contrajeron el mal.
Explicó que la Organización recibió el pasado 28 de julio la notificación del gobierno ugandés sobre la detección de este brote de la epidemia en el occidente del país, si bien las autoridades notificaron ayer que la dolencia se extendió y al menos otra persona murió en Kampala.
También recordó que este es el cuarto brote de Ébola que Uganda sufre en los últimos 12 años, el más grave en 2000 cuando murieron 170 personas.
La víspera el presidente ugandés, Yoweri Museveni, confirmó el deceso de otra persona como consecuencia de un nuevo brote, con lo cual suman 15 los fallecidos en las últimas tres semanas.
El jefe de Estado pidió a la población evitar cualquier contacto físico con contagiados para impedir la propagación del virus, que en su etapa primaria de incubación provoca escalofríos, diarrea, fatiga, fiebre, vómitos, dolor de garganta y náuseas.
Julio 13/2012 (PL)
Tomado del boletín de selección temática de Prensa Latina: Copyright 2011 «Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.»

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Joyce Labol murió ahogada hace unos tres años cuando se inclinó para recoger agua de un estanque y le vino un repentino espasmo. La adolescente es una de 300 ugandeses que han muerto como resultado de una enfermedad misteriosa que está afectando a cada vez más niños en el norte de Uganda y en algunas zonas de Sudán del Sur.
A la enfermedad la llaman el síndrome del cabeceo, porque aquellos que lo tienen asienten con la cabeza y algunas veces hacen movimientos parecidos a un ataque epiléptico. La enfermedad detiene el crecimiento de los niños, destruye sus habilidades cognitivas y los vuelve incapaces de realizar pequeñas tareas, algunos incluso no reconocen a sus propios padres.
Las autoridades ugandesas calculan que unos 3000 niños en el país sufren de este mal. Algunos cuidadores incluso atan a árboles a los niños que sufren de este síndrome para no tener que cuidarlos cada minuto del día.
Este lunes iniciaría en Uganda una conferencia internacional de cuatro días sobre el síndrome del cabeceo que las autoridades de salud creen que ayudará a entender mejor a la misteriosa enfermedad. A la conferencia asistirán unos 120 científicos de diversas partes del mundo, según la Organización Mundial de la Salud.
Los científicos trabajan para encontrar la causa de la enfermedad, que está poniendo a prueba a una comunidad que busca respuestas sobre porqué ataca principalmente a niños de entre cinco y 15 años de edad, porqué solo en algunas comunidades y si es contagiosa.
Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC) a petición del gobierno ugandés, investiga el síndrome desde 2009.
Los científicos se están enfocando en la relación entre el síndrome y el parásito que causa la ceguera, dijo Scott Dowell, director de la división Global de Detección de Enfermedades y Respuesta de Emergencia del CDC. Sin embargo, reconoce que «en muchas partes del mundo hay oncocercosis el parásito de río que causa cegera pero no tenemos evidencia del síndrome del cabeceo».
Quienes habitan en los confines de Uganda creen que la enfermedad tiene su raíz en la violencia. Dicen que es la única razón por la que el síndrome prevalece en los lugares más afectados por el legado de una guerra brutal emprendida por Joseph Kony, el líder del Ejército de Resistencia del Señor que recluta a niños y niñas que entrena para matar o volverlos esclavos sexuales.
Julio 30/2012 (AP)
Tomado del Boletín de Prensa Latina: Copyright 2012 «Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.»

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