bacteriemia

A urgencias pediátricas acuden pacientes con aspecto tóxico, otros con infección bacteriana focal y niños con buen aspecto y pocas horas de evolución, que pueden estar padeciendo una bacteriemia oculta. Sobre ellos se ha hablado en el congreso de Pediatría Extrahospitalaria.
Carles Luaces Cubells, jefe de Servicio de Urgencias del Hospital San Juan de Dios, de Barcelona, ha explicado en el XXVI Congreso Nacional de la Sociedad Española de Pediatría Extrahospitalaria y Atención Primaria, en Sevilla, que en los pacientes con síndrome febril sin foco el objetivo es descartar siempre la enfermedad bacteriana potencialmente grave, pero otro reto es aprender el manejo de la bacteriemia oculta (BO).
Las pautas adecuadas con el lactante febril han variado y han aparecido nuevos test rápidos, vacunas y biomarcadores que aportan información más específica. Luaces ha explicado que “en un estudio publicado en 2012, sobre niños más pequeños, se concluye que el empleo de procalcitonina y un análisis de orina podían ser la estrategia diagnóstica más oportuna en este momento teniendo en cuenta factores de coste-beneficio”.
Por otra parte, las vacunas reducen significativamente la posibilidad de bacteriemia oculta, “que es el gran riesgo del paciente con buen estado general y situación física normal”, ha añadido Luaces. De hecho, aproximadamente el 85 % de las BO detectadas están producidas por neumococo, siendo la mortalidad menor del 1 %. Otro aspecto relevante es si se alternan o no antipiréticos. En su opinión, sigue el debate, y aunque parece que hay estudios que demuestran que utilizar antipiréticos disminuye en mayor grado la temperatura, “el objetivo no es ese, sino mejorar el confort del niño”.
Fiebre y exantema:  Mª Teresa Alonso Salas, jefe de Sección de Urgencias de Pediatría del Hospital Universitario Virgen del Rocío, de Sevilla, ha señalado que lo primero es descartar una causa que pueda ser grave y después identificar en cada caso las características típicas de cada uno.
“Hay enfermedades exantemáticas que tienen características clínicas definidas, pero otras no, o que aparecen algunas veces, como ocurre con la enfermedad de Kawasaki”.
Lo esencial es identificar el tipo de exantema (escarlatiniforme, morbiliforme -típico del sarampión-; infeccioso; descamación foliácea -asociado a la escarlatina- y la descamación en guante -en el Kawasaki-). Si no es posible hacer el diagnóstico hay que basarse en el estado general del niño, el tiempo de evolución y si aparecen petequias, artralgias, mialgias o relleno capilar.
Las enfermedades exantemáticas con frecuencia se asocian a infecciones virales benignas, y una historia clínica detallada -más allá del examen físico- permite el diagnóstico de alteraciones graves como el síndrome de shock tóxico. “En caso de duda hay que atacar por varios frentes y decidir según la evolución del paciente”.
octubre 9/2012 (Diario Médico)