2012 Archivos

Investigadores han encontrado una relación inversa estadísticamente significativa entre los niveles prediagnósticos de adiponectina plasmática, una hormona secretada por las células de grasa que tiene propiedades sensibilizantes a la insulina y antiinflamatorios, y el riesgo de cáncer de páncreas, según un estudio publicado recientemente en Journal of the National Cancer Institute.
Los niveles bajos de adiponectina en plasma están asociados con la resistencia a la insulina que se manifiesta en la obesidad y la diabetes mellitus, ambos de los cuales son factores de riesgo para el cáncer de páncreas. Con el fin de determinar si los niveles prediagnósticos plasmáticos de adiponectina tienen relación con un mayor riesgo de cáncer de páncreas, los científicos reunieron los datos de cinco estudios prospectivos de cohortes de Estados Unidos, pareados y 468 casos de cáncer de páncreas sujetos con 1080 sujetos de control sanos por cohorte, año de nacimiento, tabaquismo, estado de ayuno y mes de la extracción de sangre. «Nuestros datos proporcionan evidencia adicional de un vínculo biológico entre la obesidad, la resistencia a la insulina y el riesgo de cáncer de páncreas y también sugieren un papel independiente de la adiponectina en el desarrollo del cáncer de páncreas», escriben los autores, Ying Bao, del Channing Laboratory del Hospital Brigham and Women y de la Escuela de Medicina de Harvard y sus colegas.
En un editorial acompañante, Jianliang Zhang, profesor asociado de Oncología y Steven N. Hochwald, del Departamento de Oncología Quirúrgica del Roswell Park Cancer Institute: «La detección temprana de la evaluación de la adiponectina tiene el potencial de mejorar las tasas de supervivencia de los pacientes con tumores de páncreas. También se invita a especular que las intervenciones terapéuticas para aumentar los niveles circulantes de adiponectina puede prevenir el desarrollo de cáncer de páncreas».
diario 17/2012 (Diario Médico)
Ying Bao. Low adiponcetin Associated With Increased Pancreatic Cancer Risk. JNCI 2012, doi:10.1093/jnci/djs637.
Ying Bao, Edward L. Giovannucci, Peter Kraft, Meir J. Stampfer, Shuji Ogino, Jing Ma, et. al. A Prospective Study of Plasma Adiponectin and Pancreatic Cancer Risk in Five US Cohorts JNCI 2012, doi:10.1093/jnci/djs474.

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Una de las causas por las cuales todavía no disponemos de una cura para el VIH (virus de la inmunodeficiencia humana) es que éste infecta las células del sistema inmunitario encargadas de activar la respuesta que tendría que frenar la infección. Concretamente, el VIH tiene como principal diana unos glóbulos blancos llamados linfocitos T CD4, que reciben este nombre porque tienen la proteína CD4 en su membrana.
Los más de 20 fármacos disponibles en el mercado actúan bloqueando el ciclo que sigue el VIH     para       infectar estos linfocitos T CD4, pero no curan porque no consiguen eliminar del todo el virus del organismo. Uno de los motivos es que la medicación no actúa sobre las células dendríticas, en las que el VIH también penetra. Como estas células son las encargadas de activar la respuesta inmunitaria, cuando lo hacen, infectan los linfocitos T CD4, lo que da lugar a que el virus se propague de forma eficaz.
Ahora, científicos del Instituto de Investigación del Sida IrsiCaixa han identificado la puerta de entrada del VIH a estas células dendríticas, un enigma que la comunidad científica intentaba descifrar desde hacía años. El estudio, publicado en la revista PLoS Biology (doi:10.1371/journal.pbio.1001454), se ha llevado a cabo en el marco del Programa de investigación y desarrollo de una vacuna contra el sida HIVACAT, impulsado conjuntamente por IrsiCaixa y el IDIBAPS-Hospital Clínic, en colaboración con la Obra Social la Caixa y ESTEVE, así como con el apoyo de los departamentos de Salud y de Economía y Conocimiento.
El hallazgo conforma el último gran logro de una línea de investigación liderada por el profesor de investigación ICREA de IrsiCaixa Javier Martínez-Picado y la investigadora de IrsiCaixa Nuria Izquierdo-Useros, en colaboración con un grupo de investigación de la Universidad de Heidelberg, en Alemania, coordinado por el profesor Hans-Georg Kräusslich, y otro de la Universidad de Lausanne, en Suiza, encabezado por Amalio Telenti.
Fruto de esta línea de trabajo, el pasado mes de abril ya publicaron un artículo en la misma revista, donde identificaron una molécula llamada gangliósido que se encuentra en la superficie del VIH y que es responsable de su entrada a las células dendríticas. Los nuevos resultados demuestran cuál es la molécula de las células dendríticas que captura el VIH para iniciar la rápida propagación por el organismo. Según Martínez-Picado, «teníamos la llave y ahora hemos encontrado la cerradura. El enigma está resuelto. Ya estamos trabajando en el desarrollo de un fármaco que bloquee este proceso y que permita mejorar la eficacia de los tratamientos actuales contra el sida».
Entrada de otros virus
Además, según apunta la investigadora Nuria Izquierdo-Useros, «hemos observado que la proteína que actúa como cerradura para la entrada del VIH también podría facilitar la entrada de otros virus y por lo tanto el hallazgo también podría llevar al desarrollo de tratamientos para otros infecciones que utilizan esta vía de propagación».
Para identificar la molécula de la membrana de las células dendríticas que captura el VIH, los investigadores centraron su investigación en estudiar una familia de proteínas presentes en la superficie de las células dendríticas llamadas Siglecs, de las que se sabe que se unen a los gangliósidos. Los científicos hicieron pruebas in vitro mezclando virus con células dendríticas que presentaban diferentes cantidades de Siglec-1 y concluyeron que cuando aumentaba la cantidad de Siglec-1 en la superficie de las células dendríticas, éstas incrementaban la captación de VIH, lo que desencadenaba un incremento del número de linfocitos T CD4 infectados.
En otra prueba, al inhibir la proteína acoplándola a anticuerpos y bloqueando la expresión del gen correspondiente, comprobaron que las células dendríticas perdían su capacidad de capturar los VIH y de transmitirlos a los linfocitos T CD4. Así, dedujeron que la Siglec-1 es responsable de la entrada del virus a las células dendríticas y que permite la transmisión a los linfocitos T CD4, y representa una potencial diana terapéutica.
diciembre 19/2012 (JANO)

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Un equipo de investigadores del Instituto Cedars-Sinai Heart infectó células del corazón de conejillos de Indias con un virus al que se injertó el gen Tbx18.Este gen se encuentra activo cuando se forman las células que regulan los latidos cardiacos durante el desarrollo embrionario.
En la actualidad, para ayudar a personas con deficiencia cardiaca se coloca un implante que impulsa artificial y rítmicamente los latidos del corazón.La vida de estos artefactos dura hasta que se agota la batería y además se pueden producir complicaciones como el enredo de cables, desplazamientos o sufrir roturas.Estos problemas se pueden solucionar con un marcapasos biológico, explicó el doctor Hee Cheol Cho del Cedars-Sinai.
Cuando los científicos introdujeron el gen, las células cardiacas de los roedores adquirieron los rasgos característicos de las células marcapasos del corazón, indicaron los científicos.
diciembre 18/2012 (PL)

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La revista Science destaca en su edición más reciente el desarrollo de una vacuna contra la meningitis -específica para los serotipos A y C- un biológico a la medida de un problema africano para el cual se unieron Cuba y Brasil.
Este es uno de los logros más importantes de la colaboración sur-sur, señala la reconocida publicación.
A mediados de 2006, la farmacéutica Sanofi-Pasteur, único fabricante de un inmunógeno contra ese mal anunció que dejaría de producirlo. Fue entonces cuando la Organización Mundial de la Salud (OMS), hizo un llamado para la producción de un compuesto destinado al cinturón de la meningitis en África.
En esta franja que se extiende desde Senegal, en el oeste, a Etiopía, en el este, donde viven unos 300 millones de personas, mueren miles de seres humanos a causa de la dolencia y otros miles más sufren afectaciones importantes.
Al pedido de la OMS respondieron dos entidades públicas, el Instituto Finlay de Cuba y el Instituto de Tecnología en Inmunobiológicos, Bio-Manguinhos, de Brasil.
No fue ninguna compañía multinacional de países ricos, fueron dos países latinoamericanos quienes acudieron al llamado, de manera rápida y efectiva, algo más meritorio si se tiene en cuenta que en ninguno de los dos circulan esas cepas de la meningitis, destaca el artículo.
Sin embargo fueron capaces de responder ante un brote así en otra parte del mundo, agrega.Desde entonces se han suministrado unos 19 millones de dosis, distribuidos por la OMS, el Fondo de Naciones Unidas para la Infancia (Unicef), la Cruz Roja Internacional, entre otras organizaciones de atención sanitaria.
Cuba tiene un importante historial en este campo, ejemplo de ello es la vacuna sintética contra el Haemophilus influenzae type b (Hib), y contra la meningitis BC, desarrolladas en la isla, y su profesionalidad ha sido clave para proveer el ingrediente activo de la vacuna contra la meningitis AC, agrega.
La producción industrial es el fuerte de Brasil.  Las capacidades productivas han permitido proporcionar una vacuna relativamente barata -0.95 centavos de dólar-  comparado con otras formulaciones cuyos precios oscilan entre los 15 y 20 dólares, incluso algunas más específicas que llegan a los 80 dólares.  Pero esta no es la única colaboración entre Cuba y Brasil que ha beneficiado a un tercero. Ambas naciones promueven también proyectos de salud y desarrollo en Haití, que incluye construcción de hospitales, apoyo a programas de inmunización, fortalecimiento de laboratorios, resalta el texto.
Esto es una muestra de las diferentes maneras de tratar el asunto entre los sistemas de colaboración norte-sur y sur-sur, en este último prevalece la solidaridad, resalta el informe elaborado por los doctores Halla Thorsteinsdóttir y Tirso W. Sáenz.
diciembre 23/2012 (PL)
Halla Thorsteinsdóttir, Tirso W. Sáenz. Tackling Meningitis in Africa. Science diciembre 2012: 1546-1547. DOI:10.1126/science.1233318.

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