2011 Archivos

Investigadores del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, CSIC, han descubierto una proteína encargada de regular el mecanismo que protege a las neuronas de la muerte celular programada mediante el control de la actividad de la proteína p53.
La investigación, publicada en Cell Death and Differentiation, ha dado con uno de los encargados de controlar la actividad de p53: el factor de transcripción Scratch2. «Hemos analizado las consecuencias de disminuir la función de Scratch2 durante el desarrollo embrionario del pez cebra. Lo que vimos fue que la supervivencia de las neuronas depende de Scratch2, incluso cuando no existe daño celular», comenta la investigadora del CSIC y coautora del estudio Eva Rodríguez Aznar. Por su parte, la investigadora del CSIC Ángela Nieto, del Instituto de Neurociencias, centro mixto del CSIC y la Universidad Miguel Hernández de Elche, explica que «la muerte celular programada, o apoptosis, ocurre principalmente tras la activación de la proteína p53, denominada ‘el guardián del genoma’ por ser un potente supresor de tumores. P53 induce la muerte de la célula en respuesta a una gran variedad de señales de estrés celular y daño en el ADN. Esta proteína no es necesaria durante el desarrollo embrionario, pero sin embargo está presente en el embrión, por lo que su actividad debe estar controlada para evitar una muerte celular masiva», añade.
«Las neuronas recién formadas necesitan protegerse de p53 para sobrevivir. Scratch2 es un miembro de la superfamilia Snail, una familia génica con la que llevamos trabajando 20 años, y cuyos componentes están implicados en el desarrollo embrionario y de cánceres. Este factor de transcripción es un inhibidor de la señal de muerte de p53», explica Nieto.
Según las investigadoras, la resistencia a la muerte celular es beneficiosa durante el desarrollo embrionario y para el funcionamiento normal del individuo adulto. Sin embargo, apunta Nieto, «es importante que el organismo elimine las células dañadas y también las células tumorales». «Los represores de muerte celular se vuelven dañinos en este caso, pues hacen a las células cancerosas muy resistentes a las terapias», concluye.
Marzo 3, 2011 Jano

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El tabaquismo pasivo prolongado puede aumentar las probabilidades de padecer cáncer de mama, sugirió un estudio difundido en la British Medical Journal, BMJ.
Investigadores de la Universidad de Virginia Occidental apoyaron las conclusiones en un seguimiento de una década a casi 80 mil mujeres entre 50 y 79 años para determinar el vínculo entre el tabaquismo pasivo y el riesgo de tumor mamario. Mientras duró el estudio, fueron identificados 3250 casos con cáncer de mama. Muchas de estas mujeres tenían un historial como fumadoras pasivas desde edades tempranas.
Según el estudio, las fumadoras tienen un riesgo del 16% de desarrollar cáncer de mama después de la menopausia. Para los ex fumadores las probabilidades son de un 9% y continúa alto 20 años después de abandonar ese mal hábito.
El riesgo más significativo de sufrir la enfermedad se detectó entre las mujeres que fumaban desde hacía 50 años o más. Aquellas que nunca fumaron, pero vivieron o trabajaron con fumadores por mucho tiempo, al parecer se encontraban en riesgo creciente de sufrir ese tipo de neoplasia.
Londres, marzo 2/2011 (PL)

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Un equipo de la Universidad de Rochester, en Chicago, ha descubierto que astrocitos generados a partir de células madre y trasplantados a la médula espinal de ratas, aportan beneficios no solo reparando los daños en el sistema nervioso central, sino también mejorando la recuperación locomotora de los animales.  Los resultados de este trabajo, publicado en PLoS One  y que ha estado coordinado por Chris Proschel, se centran en el estudio de los astrocitos, células que representan una nueva vía en el tratamiento del daño medular. Hasta el momento se había sugerido el potencial de los astrocitos de modelo animal, pero este trabajo extrapola sus posibilidades a humanos. Stephen Davis, otro de los autores, destaca que «se ha demostrado que diferentes tipos de astrocitos humanos, derivados de la misma población de células precursoras humanas, logran efectos distintos en la reparación del daño medular. No todos son iguales». Según han comprobado, el trasplante de células madres originales, no derivadas, no logra el mismo efecto que los astrocitos diferenciados.
Marzo 8, 2011 Diario Médico

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Científicos del Centro de Investigación Biomédica del Instituto Nacional de Investigación de la Salud (NIHR BRC) en el King’s College London School of Medicine, Reino Unido, han identificado un único gen mutado que causa el síndrome de Hajdu-Cheney, un trastorno de los huesos responsable de una pérdida ósea progresiva y osteoporosis. El estudio, que se publica en Nature Genetics, proporciona información vital sobre las posibles causas de la osteoporosis y apunta al gen como una posible diana para tratar el trastorno. Existen solo 50 casos conocidos de síndrome de Hadju-Cheney (SHC), en los que la osteoporosis grave es la principal característica. La osteoporosis es un trastorno que conduce a la reducción de la fuerza ósea y la susceptibilidad a las fracturas. Es la enfermedad ósea más común y representa un importante problema de salud ósea y hasta la aparición de este estudio se sabía poco sobre sus posibles causas genéticas. Los investigadores comenzaron a estudiar las causas genéticas del síndrome para detectar pistas sobre el papel que podrían jugar los genes en el desarrollo de la enfermedad. Sus autores utilizaron la técnica conocida como secuenciación del exoma para identificar genes causantes de enfermedad, y al someter el ADN de tres pacientes de distintas familias con SHC, determinaron que el NOTCH2 era el gen causante. Los investigadores confirmaron entonces sus descubrimientos en otras 12 familias afectadas, 11 de ellas tenían una alteración en la porción idéntica del mismo gen. Según explica el Dr. Richard Trembath, responsable de la división de genética del Colegio Real de Londres y director médico del NIHR BRC, «hasta ahora sabíamos muy poco sobre los mecanismos genéticos de esta grave enfermedad ósea. Pero estos descubrimientos añaden conocimientos de este raro trastorno y proporcionan una importante base para desarrollar estudios futuros en más formas comunes de osteoporosis, incluyendo el desarrollo de posibles nuevas terapias».
Marzo 9, 2011 Jano

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Estimado/a Colega:

Le invitamos a participar en el segundo encuentro de este año del Club de Dermatopatología, el próximo sábado, 19 de marzo. Dedicaremos este encuentro para tratar los múltiples patrones clínicos e histológicos en la reacción tóxico-medicamentosa, el cual será impartido por la Dra. Marianlie Navarro y el Dr. Ernesto Arteaga, seguida de la presentación del acostumbrado caso interesante del mes.

Saludos
Dr. Ernesto Arteaga Hernández

Científicos españoles y suecos han descubierto el eslabón molecular desencadenante de la inflamación cerebral que provoca la muerte a las neuronas, un proceso muy asociado a enfermedades neurodegenerativas como el párkinson o el alzhéimer, según se publica en el último número de la revista Nature.
Los equipos de la Sevil Universidad de Lund, han hallado un mecanismo responsable del proceso de la neuroinflamación.
El doctor Venero, del departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Sevilla, indicó que este trabajo puede abrir nuevas vías farmacológicas para el control de la inflamación cerebral y sus efectos nocivos, con la aportación de claves para el conocimiento de las enfermedades neurodegenerativas.
La investigación de casi cuatro años de duración, ha incluido el estudio histológico o de anatomía microscópica de áreas corticales y del mesencéfalo ventral de cerebros de pacientes fallecidos de alzhéimer y párkinson, además de cultivos celulares, y modelos de ratas y ratones de experimentación con la enfermedad de Parkinson.
Los datos experimentales han sido trasladados a situaciones de inflamación cerebral por su asociación con las enfermedades de Parkinson y de Alzheimer. Aunque no se puede confirmar que la inflamación sea el factor desencadenante de las enfermedades neurodegenerativas, sí se sabe que está muy asociada al párkinson y al alzhéimer, según explicó el doctor Venero.
De hecho, los investigadores empiezan a admitir de forma generalizada la idea de que una respuesta inflamatoria sostenida en el tiempo contribuye decisivamente a la progresión de las enfermedades neurodegenerativas. Además descubrieron con este trabajo una nueva función biológica de unas enzimas llamadas caspasas (asociadas tradicionalmente solo a los procesos de apóptosis o muerte celular programada) las cuales son necesarias, por ejemplo, en situaciones de regeneración celular y en respuesta ante daños neuronales y agentes patógenos.
La nueva función de estas caspasas se refiere al control de la actividad de unas células llamadas microgliales, halladas en el sistema nervioso central, responsables de la respuesta inmunológica innata y del proceso de inflamación cerebral que causa la muerte a las neuronas.
Se ha comprobado que el control de la activación ordenada de la caspasa 8 y de la caspasa 3 está relacionado con el inicio de un proceso de señalización celular que conduce a la activación de las células microgliales. Se ha verificado que la inhibición de dichas enzimas por métodos farmacológicos o moleculares disminuye la capacidad de las células microgliales para activarse en respuesta a estímulos inflamatorios.
Se sabía de la activación de estas células frente a daños neuronales o agentes patógenos para dar origen a la respuesta inmune e iniciar la reparación del tejido dañado, pero lo descubierto ahora es que su activación persistente libera moléculas nocivas para las neuronas, como ocurre en el alzhéimer y el párkinson.
Los cerebros con los que se ha investigado han desvelado una clara activación tanto de enzimas caspasa 8 como de caspasa 3 en las células microgliales desencadenantes de procesos de inflamación cerebral, con la peculiaridad de que únicamente se ha visto afectado el citoplasma y no el núcleo celular.
Los investigadores del estudio concluyen que el empleo de inhibidores de caspasas podrían ser utilizados para el control de la inflamación cerebral.
Madrid, marzo 9/2011 (EFE)

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Una nueva investigación está desafiando la teoría médica previa de que las personas con «forma de manzana» que portan más grasa alrededor de la cintura corren mayor riesgo de infarto y accidente cerebrovascular que aquellas con «forma de pera», con más grasa en la cadera.
Un estudio en 220 000 personas confirmó que ser obeso -es decir tener un índice de masa corporal o IMC de 30 o más- es el principal factor de riesgo cardíaco, aunque reveló que la distribución de la grasa en el cuerpo no tiene impacto sobre ese riesgo. Sin embargo, otros expertos cuestionaron esos hallazgos, por lo que un amplio grupo de científicos internacionales intentó esclarecer el tema.
Los resultados de este consorcio internacional de científicos sugieren que mientras que controlar el peso y los niveles de grasa sería importante para tratar de hacer que las personas cambien su estilo de vida, los mejores vaticinadores de riesgo cardíaco futuro son las mediciones de la presión arterial, el colesterol y los antecedentes de diabetes mellitus.
El estudio publicado en The Lancet incluyó datos de peso, cadera, cintura, presión sanguínea, colesterol y otros puntos clave de más de 220 000 adultos, los cuales no tenían antecedentes previos de enfermedad cardíaca. Se los siguió durante una década. En ese período, alrededor de 14 000 sufrieron infartos o accidentes cerebrovasculares (ACV).
John Danesh, de la Cambridge University en Gran Bretaña, que fue uno de los  científicos de 17 países que trabajaron en el estudio, dijo que los hallazgos mostraron «básicamente que todos los tipos de obesidad son igualmente malos» cuando se trata de la salud cardíaca. Señaló que los resultados deberían ayudar a guiar la práctica médica en todo el mundo, dado que actualmente los lineamientos nacionales e internacionales brindan diferentes recomendaciones sobre el valor de evaluar los niveles de obesidad para predecir el riesgo cardíaco.
La obesidad se volvió una epidemia global. Más de 500 millones de personas, o uno de cada 10 adultos de todo el mundo, es considerado actualmente obeso, es decir más del doble que en 1980.
Las enfermedades cardiovasculares -que pueden generar ataques cardíacos, ACV y otros episodios fatales- son la principal causa de muerte a nivel mundial, con 17,1 millón de decesos anuales, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Londres, marzo 11/2011 (Reuters)

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