Si nos encontramos tomando ese trozo extra de pastel dulce de chocolate a pesar de no tener hambre, la culpa podría ser de la escasez de una hormona en nuestro cerebro, que estaría causando que comamos de más, puramente por placer.

A juzgar por los resultados de una investigación reciente publicada en Cell Reports , donde se evidencia que la escasez de cierta hormona está relacionada con una marcada preferencia por los alimentos grasos y con una mayor tendencia a comer por placer en vez de por hambre.

El equipo de Vincent Mirabella y Zhiping Pang, de la Universidad Rutgers en New Jersey, Estados Unidos, ha encontrado que cuando se redujo la hormona GLP-1 en el sistema nervioso central de ratones en experimentos de laboratorio, estos animales comieron más allá de lo necesario para abastecerse de las calorías requeridas y mostraron una mayor preferencia por comida con contenidos elevados de grasa.

En cambio, cuando los autores del estudio aumentaron la señalización de la GLP-1 en los cerebros de los ratones, se logró bloquear esa preferencia.

La hormona GLP-1 tiene muchas funciones, incluyendo cómo regulan nuestros cuerpos los comportamientos de alimentación. Es segregada desde células que se hallan tanto en el intestino delgado como en el cerebro, y se supone que permite a este último saber cuándo hemos comido lo necesario.

No ha estado claro cómo contribuye la GLP-1 liberada en el cerebro a la regulación del apetito. Aunque esta no es la única razón por la que las personas comen de más, el estudio proporciona nuevas pruebas de que actuar sobre las neuronas en el sistema mesolímbico de la dopamina, un circuito de recompensa cerebral, en vez de sobre todo el cuerpo, podría ser una mejor forma de controlar la glotonería y la obesidad con menos efectos secundarios.

En el estudio, los investigadores hallaron que activar la hormona GLP-1 en el sistema mesolímbico obstaculizaba las señales entre neuronas que se comunican entre ellas para controlar los comportamientos de recompensa, incluyendo la alimentación. El resultado fue que los ratones consumieron menos comida en total y, aún más importante, que perdieron la preferencia por los alimentos con alto contenido de grasa.

diciembre 01/ 2015 (Noticias de la Ciencia)

Editores:
Lic. Heidy Ramírez Vázquez
Dra. María Elena Reyes González

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La presencia de la proteína EGF en orina podría servir para identificar a los pacientes con más riesgo de insuficiencia renal.

Tras analizar a 900 pacientes con enfermedad renal crónica, un grupo de investigadores de la Universidad de Michigan (Ann Arbor) ha identificado una proteína que puede detectarse en la orina para predecir si un paciente se encuentra en alto riesgo de sufrir una insuficiencia renal.

La proteína en cuestión es el factor de crecimiento epidérmico (EGF) y su presencia parece alertar de los pacientes que deben recibir un tratamiento para retrasar o detener la progresión de la enfermedad renal.

Este biomarcador contribuiría a la detección de una enfermedad oculta, que afecta a entre el 8 y el 16 % de la población y conduce a la pérdida paulatina de la función renal. Con los métodos actuales de diagnóstico no se puede determinar de forma fiable en las fases incipientes de la enfermedad qué riesgo existe de que el paciente desarrolle una insuficiencia renal, un proceso que puede tardar décadas en desarrollarse.

Ahora un trabajo que se publica en “Science Translational Medicine”, con Wenjun Ju como primera firmante, ha analizado los perfiles de expresión genética de las biopsias renales de 261 pacientes con enfermedad renal crónica de centros en todo el mundo.

Los investigadores encontraron que el EFG, una proteína implicada en la reparación del tejido renal, predecía con seguridad la pérdida de función renal y la progresión de la enfermedad. Los niveles de ARN mensajero (ARNm) de EGF en el riñón, reflejados en la cantidad de EGF secretada con la orina, se correlacionaban con la función renal global, estimada mediante la tasa de filtración glomerular.

Este hallazgo se reprodujo con éxito en otros 600 pacientes más. Los autores del estudio concluyen que con algo más de desarrollo se dispondría de un biomarcador detectable en la orina que podría ayudar a identificar en fases precoces a los pacientes con más riesgo de progresión de enfermedad renal. diciembre 2/2015 (Diario Médico)

Editores:
Lic. Heidy Ramírez Vázquez
Dra. María Elena Reyes Gonzále

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Diplomado de Laboratorio Clínico.
HCQ  Hermanos Ameijeiras
Dirigido a: Profesionales de este perfil.
Duración:  1 año
Próxima edición:  marzo 2016

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Síndrome de las plaquetas pegajosas como marcador importante de trombosis en los pacientes con trombofilia

Lic. Marlem Castañeda Travieso,I Dra. Tania Isabel Carballo Treto,I Dr. Wilfredo Torres Yibar,I Dra. Kali Cepero LLauger,I Lic. Marlenis Montero López,I Lic. Xiomara Montero López,I Lic. Nuris Ricardo Ricardo,I Mileidys Jimenez Sosa,I Dr. Obdulio González HernándezII

I Hospital Clinicoquirúrgico “Hermanos Ameijeiras”. La Habana, Cuba.
II Hospital Clinicoquirúrgico “Cmdte. Manuel Fajardo”. La Habana, Cuba.

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