Plasma y suero son partes importantes de la sangre. La sangre se compone de plasma, suero, glóbulos blancos y globos rojos. La principal diferencia entre plasma y suero se encuentra en sus factores de coagulación. Leer más…
Una sustancia similar a las hormonas producidas por el cuerpo para promover la inflamación, llamada interleucina-15 (IL-15), puede causar una forma agresiva de leucemia, linfocítica granular de células grandes (LGL), cuando está presente en altos niveles, según un estudio de la Universidad de Ohio (Estados Unidos), publicado en ‘Cancer Cell‘. Los investigadores desarrollaron en su investigación un tratamiento para la leucemia que no mostró efectos secundarios apreciables en animales.
El doctor Robert Lee, profesor de Farmacología y Química Farmacéutica en la Universidad del Estado de Ohio y un grupo de colaboradores desarrollaron una formulación liposomal de bortezomib, un inhibidor de la proteosoma que cierra la vía que causa cáncer, por lo que se convierte potencialmente en la curación de la enfermedad. Ratones leucémicos tratados con el bortezomib liposomal mostraron una supervivencia del 100 por ciento a 130 días frente a 100 por ciento de mortalidad en 60-80 días para los animales de control.
Normalmente, el cuerpo libera IL-15 para estimular el desarrollo, supervivencia y proliferación de las células asesinas naturales, que son las células inmunitarias que destruyen el cáncer y las células infectadas por virus. Esta investigación muestra que cuando la IL-15 está presente en altas cantidades en el cuerpo durante períodos prolongados, tales como durante una inflamación crónica, puede causar ciertas células inmunitarias llamadas linfocitos granulares grandes, o LGLs, para convertirse en cancerosas.
Esta transformación maligna comienza cuando la IL-15 se une a receptores en la superficie de LGLs normales, un evento que aumenta los niveles de una proteína causante de cáncer llamado Myc dentro de las células. Los niveles altos de Myc, a su vez, traen cambios que provocan la inestabilidad cromosómica y mutaciones adicionales de genes, además de que pueden activar un proceso llamado metilación del ADN, que apaga una variedad de genes, incluyendo algunos importantes que normalmente suprimen el crecimiento del cáncer.
«Sabemos que la inflamación puede causar cáncer, pero no sabemos el mecanismo exacto. Aquí, mostramos una forma en que puede pasar, y usamos esa información para curar potencialmente el cáncer», dice el investigador principal, el doctor Michael A. Caligiuri, director ejecutivo de The James Cancer Hospital y Solove Research Institute, y director del Centro Integral del Cáncer del Estado de Ohio.
Un grupo de investigadores norteamericanos ha diseñado una especie de «medusa» microscópica capaz de desplazarse por el torrente sanguíneo de enfermos de leucemia y capturar con sus tentáculos las células tumorales que se desplazan a través de él. Una labor hasta ahora demasiado larga y farragosa y que no resultaba práctica para su aplición en pacientes. El estudio se publica esta semana en la revista Proceedings de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.
Encontrar células tumorales en el torrente sanguíneo ha sido y es, hasta ahora, como buscar una aguja en un pajar. Y ello a pesar de que estas células malignas errantes, llamadas CTCs (del ingles Circulating Tumor Cells) pueden aportar una gran cantidad de información sobre la naturaleza de un tumor y, en especial, sobre sus puntos débiles, es decir, sobre la forma en que éste responde a los diferentes tratamientos.
Claro que para estudiar esas células, lo primero que hay que hacer es capturarlas y aislarlas de la multitud de otras células que se pueden encontrar en una muestra de sangre cualquiera. Una tarea extremadamente difícil y que, tradicionalmente, se enfrenta a enormes limitaciones.
Por un lado, en efecto, las técnicas utilizadas hasta ahora, basadas en el uso de microfluídos, requieren demasiado tiempo de análisis, incluso para muestras de sangre pequeñas. Y por otro (y quizá más importante) no existe una manera eficaz de extraer esas células cancerosas para analizarlas tras su captura.
Pero las tribulaciones de los investigadores del cáncer con las CTCs podrían haber llegado a su fin gracias al trabajo de un grupo de científicos del Brigham and Women’s Hospital, en Boston, y el MIT (Instituto Tecnológico de Massachussets) que, inspirándose en la forma de una medusa, han recubierto una estructura de microfliuídos con una serie de largas hebras de ADN capaces de apresar una clase específica de proteína que se encuentra en la superficie de las células tumorales de leucemia que circulan por el torrente sanguíneo.
Terapias personalizadas
Utilizando su invento, los científicos del MIT han conseguido multiplicar por diez la velocidad actual de detección de estas células en la sangre. Lo cual, en la práctica, resulta suficiente (por primera vez) para aplicarlo de forma práctica en pacientes que sufran la enfermedad. De esta forma, los médicos podrán, a partir de ahora, determinar si sus enfermos de cáncer están respondiendo, o no, a un tratamiento determinado.
«Si tienes un test rápido que pueda decirte si hay mayor o menor cantidad de estas células en la sangre a medida que pasa el tiempo, eso ayudará a monitorizar la progresión tanto de la terapia como de la enfermedad», explica Jeff Karp, del Center for Regenerative Therapeutics at Brigham and Women’s Hospital en Boston y uno de los autores del trabajo, junto a un grupo de ingenieros del MIT.
Esta clase de dispositivo también podría utilizarse para llevar a cabo tratamientos personalizados, uno de los actuales objetivos de la lucha contra el cáncer. Y es que dos seres humanos diferentes, pero con un mismo tumor, pueden evolucionar de formas completamente distintas. Por eso, gracias a este eficaz método de captura de CTCs, los médicos podrán probar, «sobre la marcha» varios cócteles de fármacos y determinar cuál de ellos será más eficaz.
Más células capturadas
El número de CTCs presentes en un solo mililitro de la sangre de un paciente puede oscilar entre unos pocos y varios centenares. Hasta ahora, para aislar este escaso número de células del resto, los investigadores han intentado construir «canales de microfluídos», dotados de anticuerpos específicos para una proteína presente en las células que se pretende capturar. Sin embargo, y debido al hecho de que esos anticuerpos apenas se extienden unas decenas de nanómetros (milmillonésimas de metro), la captura de estas células errantes resulta desesperantemente lenta.
Pero ahí es precisamente donde entran en juego los filamentos de ADN inspirados en los tentáculos de una medusa. Al ser mucho más largos (hasta varios centenares de micras, o millonésimas de metro), logran capturar muchas más células que los convencionales. Los tentáculos están unidos a un canal de microfluídos en forma de espiga, lo que causa que la sangre forme pequeños remolinos a lo largo de la estructura y entre en contacto con ellos.
Al estar hechos de ADN, los tentáculos pueden además llevar «enganchadas» diferentes clases de enzimas, gracias a las que pueden «capturar» a las células tumorales por el simple método de «engancharlas» por sus proteínas.
En la actualidad, los científicos trabajan ya en el siguiente paso de su creación y pronto lograrán que sus fibras de ADN sean capaces no solo de capturar células de leucemia, sino de otras clases de tumores.
Tomado de http://www.abc.es/20121113/ciencia/abci-crean-medusa-para-captar-201211130953.html
La hematidrosis (también llamada hemohidrosis o hematohidrosis) se trata de una respuesta fisiológica a una situación de estrés máximo. Se ha descrito únicamente en personas cuando sabían con certeza que iban a morir en breve de manera dolorosa, como condenados a muerte o situaciones de guerra. Leer más…
El estudio, llevado a cabo por el Hospital St. James, uno de los principales centros de referencia en esta patología ultra-rara, sistémica, crónica y potencialmente mortal, muestra que los beneficios son significativos y se mantienen a largo plazo.
Un estudio realizado en el Reino Unido ha demostrado los beneficios clínicos a largo plazo del tratamiento con eculizumab en pacientes con hemoglobinuria paroxística nocturna (HPN), una enfermedad ultra-rara, sistémica, crónica y potencialmente mortal, caracterizada por la destrucción de los glóbulos rojos.
Entre estos beneficios, destacan una reducción significativa del riesgo de trombosis, principal causa de muerte en estos pacientes junto con la insuficiencia renal, y una importante mejora de la calidad de vida. Los datos se han presentado en el 54º Congreso Anual de la Sociedad Americana de Hematología, en Estados Unidos.
El estudio se llevó a cabo en 153 pacientes tratados con eculizumab, incluidos durante un periodo de diez años (de mayo de 2002 a abril de 2012) en el Programa Nacional de HPN del Reino Unido, liderado por el Hospital Universitario St. James de Leeds y el Hospital King’s College de Londres, dos de los centros de referencia en HPN más importantes del mundo. Una de las conclusiones más relevantes fue que los beneficios clínicos y la seguridad del tratamiento con eculizumab, desarrollado por Alexion, se mantuvieron a lo largo de diez años, con una mejora en la supervivencia de los pacientes, una reducción significativa de la incidencia de eventos trombóticos y la posibilidad, en algunos casos, de interrumpir la terapia con anticoagulantes.
El tratamiento a largo plazo con eculizumab redujo en un 83,4% la hemólisis intravascular y, en aquellos pacientes que seguían tratamiento con este medicamento, la supervivencia era mayor comparada con los datos históricos de pacientes tratados con la mejor terapia de soporte disponible antes de la autorización de eculizumab.7. Asimismo, desde el inicio del tratamiento no hubo ningún nuevo evento trombótico en ningún paciente, frente a los 36 que se produjeron durante los 12 meses previos a la administración del medicamento en un total de 22 pacientes con HPN. Asimismo, en los 12 meses más recientes de tratamiento con eculizumab, los eventos trombóticos se redujeron significativamente a 3 episodios en 3 pacientes.
Las transfusiones de sangre fueron la principal terapia de soporte junto a los corticoides hasta la aprobación en 2007 de eculizumab por las autoridades sanitarias americana y europea (la FDA y la EMEA) como primer y único tratamiento específico para la HPN. En este sentido, y según los datos del estudio, de los 117 pacientes que durante el año previo al tratamiento con eculizumab tuvieron que recibir una transfusión, un 66,8% no requirieron más transfusiones durante el tratamiento con este medicamento. Y en aquellos que siguieron necesitándolas, el número de unidades transfundidas se redujo significativamente, hasta en un 69%, en los doce primeros meses de tratamiento con eculizumab (de 26 en el año previo al tratamiento a 8 durante el último año de tratamiento con este medicamento).
Según la principal autora de esta investigación, la Dra. Anita Hill, profesora titular de la Universidad de Leeds, “la experiencia de más de una década de tratamiento en el Reino Unido muestra el importante impacto de eculizumab en las vidas de los pacientes con HPN. Hemos observado que la terapia con este medicamento, a parte de los datos positivos de seguridad y eficacia, aporta una mejora significativa y continuada de los síntomas y de la calidad de vida, así como una reducción de la morbilidad asociada a la HPN”.
Los médicos han utilizado con éxito una versión modificada de VIH para modificar los leucocitos de un paciente con leucemia de 7 años de edad para atacar el cáncer. El procedimiento de avance podría sustituir el trasplante de médula ósea como tratamiento de la leucemia.
Emma Whitehead fue seleccionada como paciente para la técnica experimental, después de dos años de lucha contra la leucemia linfoblástica aguda, reportó el New York Times. La quimioterapia no curó la enfermedad ni logró un período de remisión suficiente para un trasplante de médula ósea.
El proceso fue probado previamente sólo en los pacientes adultos. En abril, Whitehead se convirtió en la primera niña en someterse al tratamiento, reveló su equipo médico durante una reunión anual de la Sociedad Americana de Hematología, en Atlanta la semana pasada. También fue el primer paciente en recibir tratamiento para su tipo de leucemia.
Los médicos de la Universidad de Pensilvania y el Hospital de niños de Filadelfia manipularon el sistema inmunológico de Whitehead para que se dirigiera a las células cancerosas. Tomaron sus propias células T y las manipularon con ingeniería genética para eliminar las células B, responsables de su enfermedad.
Para ello, los médicos utilizan una forma modificada y desactivada de VIH, el virus responsable del SIDA, para alterar los genes de las células T, haciéndolos producir una proteína llamada receptor de antígeno quimérico en su superficie. Esta proteína artificial coincide con otras proteínas encontradas sólo en la superficie de las células B. La modificación permite que las células T se adhieran a las células B y las destruyen. Las células T genéticamente modificadas se inyectaron de nuevo en la sangre de Whitehead, donde podrían reproducirse por sí mismas.
Dos meses después del procedimiento, las pruebas revelaron que no había signos de cáncer en el cuerpo de la chica. La alteración de las células T estaban presentes en la sangre, pero en menor cantidad que durante el tratamiento. Seis meses más tarde, Whitehead se encuentra todavía en remisión y ahora está de vuelta en la escuela.
El tratamiento experimental aún no ha sido plenamente probado: Whitehead a estuvo a punto de morir cuando el procedimiento causó una fiebre alta, y otros síntomas casi fatales.
De los 12 pacientes en el ensayo clínico, no todos respondieron al tratamiento como Whitehead: Tres adultos con leucemia crónica tuvieron una remisión completa, cuatro mejoraron su condición, pero no vencieron la enfermedad por completo, uno se encuentra todavía en una fase demasiado temprana para evaluar, dos pacientes no experimentaron ningún efecto del tratamiento, mientras que otro niño respondió inicialmente, pero finalmente recayó.
El tratamiento también elimina las células B sanas junto con las malignas, haciendo que los pacientes vulnerables a ciertos tipos de infecciones, los pacientes requieren tratamientos regulares de inmunoglobulinas para prevenir la enfermedad.
La terapia de células T parece ser un avance médico prometedor que puede reemplazar otros tratamientos como el trasplante de médula ósea, dijeron los investigadores. Ellos planean llevar a cabo ensayos adicionales con los pacientes por lo menos una media docena en el próximo año.
El estudio, llevado a cabo por el Hospital St. James, uno de los principales centros de referencia en esta patología ultra-rara, sistémica, crónica y potencialmente mortal, muestra que los beneficios son significativos y se mantienen a largo plazo.
Un estudio realizado en el Reino Unido ha demostrado los beneficios clínicos a largo plazo del tratamiento con eculizumab en pacientes con hemoglobinuria paroxística nocturna (HPN), una enfermedad ultra-rara, sistémica, crónica y potencialmente mortal, caracterizada por la destrucción de los glóbulos rojos.
Entre estos beneficios, destacan una reducción significativa del riesgo de trombosis, principal causa de muerte en estos pacientes junto con la insuficiencia renal, y una importante mejora de la calidad de vida. Los datos se han presentado en el 54º Congreso Anual de la Sociedad Americana de Hematología, en Estados Unidos.
El estudio se llevó a cabo en 153 pacientes tratados con eculizumab, incluidos durante un periodo de diez años (de mayo de 2002 a abril de 2012) en el Programa Nacional de HPN del Reino Unido, liderado por el Hospital Universitario St. James de Leeds y el Hospital King’s College de Londres, dos de los centros de referencia en HPN más importantes del mundo. Una de las conclusiones más relevantes fue que los beneficios clínicos y la seguridad del tratamiento con eculizumab, desarrollado por Alexion, se mantuvieron a lo largo de diez años, con una mejora en la supervivencia de los pacientes, una reducción significativa de la incidencia de eventos trombóticos y la posibilidad, en algunos casos, de interrumpir la terapia con anticoagulantes.
El tratamiento a largo plazo con eculizumab redujo en un 83,4% la hemólisis intravascular y, en aquellos pacientes que seguían tratamiento con este medicamento, la supervivencia era mayor comparada con los datos históricos de pacientes tratados con la mejor terapia de soporte disponible antes de la autorización de eculizumab.
Asimismo, desde el inicio del tratamiento no hubo ningún nuevo evento trombótico en ningún paciente, frente a los 36 que se produjeron durante los 12 meses previos a la administración del medicamento en un total de 22 pacientes con HPN. Asimismo, en los 12 meses más recientes de tratamiento con eculizumab, los eventos trombóticos se redujeron significativamente a 3 episodios en 3 pacientes.
Las transfusiones de sangre fueron la principal terapia de soporte junto a los corticoides hasta la aprobación en 2007 de eculizumab por las autoridades sanitarias americana y europea (la FDA y la EMEA) como primer y único tratamiento específico para la HPN. En este sentido, y según los datos del estudio, de los 117 pacientes que durante el año previo al tratamiento con eculizumab tuvieron que recibir una transfusión, un 66,8 % no requirieron más transfusiones durante el tratamiento con este medicamento. Y en aquellos que siguieron necesitándolas, el número de unidades transfundidas se redujo significativamente, hasta en un 69%, en los doce primeros meses de tratamiento con eculizumab (de 26 en el año previo al tratamiento a 8 durante el último año de tratamiento con este medicamento).
Según la principal autora de esta investigación, la Dra. Anita Hill, profesora titular de la Universidad de Leeds, «la experiencia de más de una década de tratamiento en el Reino Unido muestra el importante impacto de eculizumab en las vidas de los pacientes con HPN. Hemos observado que la terapia con este medicamento, a parte de los datos positivos de seguridad y eficacia, aporta una mejora significativa y continuada de los síntomas y de la calidad de vida, así como una reducción de la morbilidad asociada a la HPN».
diciembre 11/2012 (JANO)
Kelly RJ, Hill A, Arnold LM, Brooksbank GL, Richards SJ, Cullen M.Long-term treatment with eculizumab in paroxysmal nocturnal hemoglobinuria: sustained efficacy and improved survival.Blood. 2011 Jun 23;117(25):6786-92. doi: 10.1182/blood-2011-02-333997
Una verdura odiada por los niños (y no tanto) contiene un compuesto que podría ayudar al tratamiento de la leucemia infantil.
Científicos de la Facultad de Medicina de la Bayor, en Estados Unidos, comprobaron con pruebas de laboratorio que el sulphorophane, que se encuentra principalmente en el brócoli, puede matar a las células de leucemia linfoblástica aguda, presentes en la leucemia infantil.
Para realizar la investigación, expusieron células de leucemia y otras células sanas procedentes de niños a una forma purificada del compuesto.
Aunque muchas células cancerosas murieron, las sanas no se vieron afectadas, informaron los investigadores en la revista Public Library, reproducida por Generacion.com.
El líder del estudio el Dr. Daniel Lacorazza afirmó que “no se trata de una tasa de curación del 80%, pero algunos niños no responden al tratamiento. Para esos casos, estamos en la necesidad de tratamientos alternativos”.
La leucemia linfoblástica aguda es un tipo de cáncer de las células blancas de la sangre comunes en los niños.
Lacorazza cree que el sulphorophane podría algún día convertirse en una opción de tratamiento para la leucemia junto a otras terapias.
Tomado de: Link permanente: http://www.mdzol.com/nota/438338/
Un artículo publicado en la Revista Científica Blood muestra los resultados satisfactorios de un estudio que analizaba las propiedades de las células madre procedentes de la sangre del cordón umbilical conservadas hace más de 23 años.
En el estudio se analizaron 9 muestras de sangre de cordón umbilical criopreservadas en un tiempo establecido entre 21 y 23,5 años con el objetivo de constatar su viabilidad para un futuro trasplante. Los resultados muestran que la recuperación de células vivas es excelente, obteniéndose resultados entre el 80-100% del total de células y que, además, mantienen la capacidad para proliferar y regenerar la médula ósea, tal y como se ha demostrado en los trasplantes realizados en modelo animales. Además, se ha demostrado también que, tal y como indicaban estudios con células de cordón umbilical sin criogenizar, estas células madre descongeladas pueden dar lugar a células iPS que tienen el potencial para regenerar cualquier tejido humano.
Estas investigaciones, que se han repetido con anterioridad en muestras que llevaban entre 10 y 15 años criopreservadas, tienen el objetivo de validar la calidad de las células madre de sangre de cordón umbilical conservada y la idoneidad de la conservación a largo plazo en bancos de cordón umbilical familiares.








