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Un estudio revela que el virus del herpes se disemina desde los genitales a los nervios en la médula espinal y luego a las neuronas en el colon, matándolas, lo que impide el movimiento de los alimentos a lo largo del tracto digestivo.

Un estudio dirigido por la Universidad de Yale, en Estados Unidos, ha mostrado una sorprendente relación entre el estreñimiento y la infección por herpes. El hallazgo, publicado en Cell Host & Microbe, podría ayudar a los pacientes con enfermedades gastrointestinales crónicos sin causa clara.

Las personas con herpes han reportado síntomas aparentemente no relacionados, como estreñimiento y retención urinaria (incapacidad para vaciar la vejiga), pero el mecanismo no se entiende. El equipo de investigación, dirigido por Akiko Iwasaki, profesor de Inmunología en el Instituto Médico Howard Hughes,  Maryland, Estados Unidos, decidió investigarlo en modelos de ratones del virus del herpes simple-1, la causa dominante de herpes genital en Estados Unidos.

Estos investigadores encontraron que el virus del herpes se disemina desde los genitales a los nervios en la médula espinal y luego a las neuronas en el colon, matándolas. El daño a las neuronas del colon impide el movimiento de los alimentos a lo largo del tracto digestivo, lo que lleva a un colon ampliado y a la enfermedad.

Si bien los efectos en ratones son distintos de lo que ocurre en las personas con herpes, el estudio revela un proceso de enfermedad no reconocido previamente. “La principal conclusión es que hay una infección inesperada en las neuronas en la pared del colon después de la infección por herpes”, señala Iwasaki.

“Se han detectado otros miembros de la familia del virus del herpes, como el virus de Epstein-Barr, de la varicela y el citomegalovirus en las neuronas del colon de personas con estreñimiento crónico inexplicable. Cuando los médicos no pueden explicar la causa de estos trastornos intestinales crónicos, una cosa a tener en cuenta es una infección viral”, concluye.

Junio  14/2016 (JANO) Fuente: Noticias de salud Al día

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Expertos en menopausia destacan los beneficios de TSEC y ospemifeno.

El XIV Congreso Nacional de la Asociación Española para el Estudio de la Menopausia (AEEM), celebrado en el Palacio de Congresos de Valencia, ha hecho hincapié en los avances médicos y farmacológicos para abordar de manera segura y efectiva los síntomas relacionados con la menopausia, como los sofocos y la atrofia vaginal.

Entre ellos, TSEC y ospemifeno, ambos por vía oral, han sido destacados especialmente por sus aportaciones.

Según reconoció Rafael Sánchez Borrego, presidente de la Fundación Española para el Estudio de la Menopausia (FEEM), “estos avances suponen un antes y un después en la salud vaginal, a la que hasta ahora no habíamos prestado mucha atención ni obtenido buena respuesta”.

En su opinión, estas aportaciones suponen reconocer que “la salud vaginal y de la esfera urogenital es un derecho de la mujer y, por extensión, también la sexual”, recordando que, por ejemplo, “la sequedad en el entorno urogenital es uno de los efectos por los cuales las mujeres acuden más a nuestras consultas”.

Para los organizadores, la principal novedad es el lanzamiento del primer tratamiento hormonal libre de progestágenos para el tratamiento de los síntomas vasomotores, como los sofocos. El TSEC es un medicamento que combina estrógenos con un modulador selectivo de receptores de estrógenos (bazedoxifeno) y que, según los especialistas, no aumenta el riesgo de cáncer de mama, tiene mayor seguridad y eficacia en la protección del endometrio y mejora la adherencia al tener menos sangrado.

Terapia no hormonal
Para Sánchez Borrego, su aparición “va a tener un impacto muy importante” en la salud urogenital. La otra gran novedad, ospemifeno, es un tratamiento oral no hormonal de los síntomas de la atrofia vaginal y, según los especialistas, permitirá mejorar el cumplimiento del tratamiento y la calidad de vida de muchas mujeres que, durante la posmenopausia, sufren incomodidad vaginal y dolor durante sus relaciones sexuales. De hecho, en los ensayos clínicos demostró ser eficaz y bien tolerado, ayudando a mejorar los síntomas posmenopáusicos asociados al malestar vaginal, incluyendo la sequedad y la dispareunia.

El presidente de la FEEM ha puesto el acento en que este tratamiento también es válido para “mujeres con cáncer de mama” que han finalizado su tratamiento.

En cuanto al tratamiento local, Sánchez Borrego ha destacado que las nuevas tecnologías “nos van a permitir una mayor eficacia con terapias tradicionales que, hasta la fecha, no habían podido obtenerla o mostrarla”. En su opinión, cada vez son mayores las evidencias científicas -tanto preclínicas como clínicas- de que los nuevos transportadores de moléculas o fármacos permiten, “a nivel vaginal, prolongar la actividad, eficacia y resultados de fármacos que, por el momento, sólo mostraban una actividad muy aguda”.
Junio 15/2016 (Diario Médico)  Fuente: Noticias de Salud Al día

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Una investigación en ratones demuestra que el acetato estimula las células beta para secretar más insulina, gastrina y grelina, lo que conduce a una mayor ingesta de alimentos.

La obesidad está vinculada a los cambios en nuestros microbios intestinales –los miles de millones de pequeños organismos que habitan en nuestro intestino–, pero no está claro el mecanismo. En un estudio publicado en Nature, un equipo de investigadores de la Universidad de Yale, en Estados Unidos, ha identificado cómo una microbiota intestinal alterada causa obesidad.

En un estudio anterior, Gerald I. Shulman, profesor de Medicina, observó que el acetato, un ácido graso de cadena corta, estimula la secreción de insulina en roedores. Para obtener más información sobre el papel del acetato, Shulman, quien también es investigador del Instituto Médico Howard Hughes, y un equipo de investigadores de Yale realizó una serie de experimentos en modelos de roedores de la obesidad.

El equipo de investigación comparó el acetato con otros ácidos grasos de cadena corta y encontró niveles más altos de acetato en los animales que consumieron una dieta alta en grasa. También vieron que las infusiones de acetato estimularon la secreción de insulina por las células beta en el páncreas, pero no estaba claro cómo.

A continuación, los científicos determinaron que cuando se inyecta el acetato directamente en el cerebro, se provoca un aumento de insulina mediante la activación del sistema nervioso parasimpático. “El acetato estimula las células beta para secretar más insulina en respuesta a la glucosa a través de un mecanismo que media centralmente -dice Shulman-. También estimula la secreción de las hormonas gastrina y grelina, que conducen a un aumento de la ingesta de alimentos”.

Por último, el equipo de investigación buscó establecer una relación causal entre la microbiota intestinal y el aumento de la insulina. Tras la transferencia de materia fecal de un grupo de roedores a otro, se observaron cambios similares en la microbiota intestinal, los niveles de acetato y la insulina.

“En conjunto, estos experimentos demuestran una relación causal entre las alteraciones en la microbiota intestinal en respuesta a los cambios en la dieta y el aumento de la producción de acetato”, afirma Shulman. El aumento de acetato, a su vez, conduce a un incremento de la ingesta de alimentos, lo que desencadenó un ciclo de retroalimentación positiva que impulsa la obesidad y la resistencia a la insulina, explica.

Los autores del trabajo sugieren que este bucle de retroalimentación positiva puede haber tenido un papel importante en la evolución, al hacer que los animales engorden cuando encontraron alimentos altos en calorías en tiempos de escasez de alimentos.

“Las alteraciones en la microbiota intestinal se asocian con la obesidad y el síndrome metabólico en los seres humanos y roedores -señala Shulman.

En este estudio, se proporciona un nuevo mecanismo para explicar este fenómeno biológico en los roedores, y ahora estamos examinando si este mecanismo se traduce en los seres humanos”.

junio  14/2016 (JANO)  Fuente: Noticias de Salud Al Día

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Un método diseñado en el Instituto de Oncología Vall d’Hebron, en Barcelona, predice la evolución de la enfermedad a partir del análisis genómico del tumor primario.

El pronóstico y el tratamiento de las pacientes con cáncer de mama metastásico del tipo hormonosensible –en el que el tumor crece estimulado por la acción de hormonas como el estrógeno o la progesterona– se había basado en variables como la edad de la paciente, el tipo de metástasis o las terapias previas administradas. Ahora, un estudio publicado en la revista JAMA Oncologydemuestra que los patrones genómicos del tumor marcan la evolución y predicen el pronóstico de las mujeres con este tipo de cáncer.

Según el equipo de investigadores liderado por Aleix Prat, del Instituto de Oncología Vall d’Hebron, en Barcelona, la clasificación molecular de los tumores es el factor más determinante para vaticinar la evolución desde la aparición de la metástasis en adelante, incluso en el tumor primario.

Conocer con exactitud la genética del tumor proporciona pistas fundamentales para atajar en el tratamiento. Los estudios de los últimos años han permitido clasificar los tumores de mama hormonosensibles en cuatro subtipos según su patrón de expresión génica: luminal A, luminal B, HER2-enriched y basal-like. Las diferentes tasas de supervivencia y respuestas a los tratamientos se explican, en parte, por diferencias moleculares dentro de esta enfermedad.

“Esta variabilidad hacía patente la necesidad de hallar nuevos métodos que permitieran etiquetar mejor el tipo de cáncer de mama de cada paciente para afinar su pronóstico y la respuesta a la quimioterapia y a los tratamientos hormonales”, explica Prat.

Tratamientos a medida de la genética

Los autores analizaron los tumores de mama hormonosensibles de 821 pacientes que recibieron un tratamiento hormonal, clasificaron los tumores en subtipos biológicos según su expresión génica y los relacionaron con la supervivencia y la respuesta al tratamiento. “En cuanto al pronóstico, la biología intrínseca del tumor es el factor más importante que existe hoy en día”, afirma el oncólogo.

Prat y su equipo de investigadores han logrado establecer patrones de actuación según la genómica del tumor. “Si el tumor es luminal A, las metástasis se pueden controlar en la mitad de las pacientes durante casi un año y medio sólo con tratamiento hormonal. En cambio, en las pacientes con tumores HER2-enriched o basal-like, las metástasis se hacen resistentes al tratamiento hormonal en solo cuatro o cinco meses”, detalla Prat.

Este hallazgo tiene implicaciones terapéuticas inmediatas, según los investigadores. “Hasta ahora no sabíamos qué pacientes con cáncer de mama metastásico debían recibir de entrada quimioterapia o tratamiento hormonal”.

Otro aspecto relevante de la investigación es que más del 80 % de las muestras analizadas provenía de tumores primarios y no de las lesiones metastásicas. “La biología intrínseca de los tumores parece que es un proceso biológico muy estable. Por lo tanto, identificándola en el tumor primario podemos saber qué le pasará a la paciente si la enfermedad se desarrolla en forma de metástasis”.

Junio  14/2016 (JANO)  Fuente: Noticias de Salud Al Día

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La investigación de terapias que modulan la flora intestinal se adentra en las patologías del envejecimiento.

Diversas investigaciones han comprobado que las dietas con cantidades apropiadas de compuestos antioxidantes mejoran los sistemas reguladores -inmunológico, nervioso y endocrino- y, por tanto, podrían incidir en la longevidad y, sobre todo, en la salud. ¿Los probióticos, que son alimentos funcionales, podrían hacer lo mismo? Mónica de la Fuente del Rey, catedrática de Fisiología de la Universidad Complutense de Madrid, ha respondido a esta cuestión durante una mesa redonda sobre microbiota y envejecimiento celebrada durante el 58 Congreso de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, que ha reunido a cerca de 1.100 especialistas en Sevilla, bajo el lema El futuro es hoy.

Los efectos de los probióticos son específicos de una cepa bacteriana concreta; en consecuencia, no se pueden extrapolar ni siquiera a cepas de la misma especie, y además dependen de la dosis y de la posología, según ha relatado la experta.

Hay que tener en cuenta que hay pocos estudios científicos que aborden el efecto de los probióticos en el envejecimiento. “Lo poco que sabemos se desprende de una revisión de 2015 que habla del efecto beneficioso de los probióticos en la composición de la microbiota, de que también puede controlar los síntomas de enfermedades típicas de la vejez -disminuye la duración de infecciones, previene la diarrea asociada a antibióticos y mejora el estreñimiento-, y puede mejorar de una manera preventiva la salud porque incide sobre el sistema nervioso e inmunitario y, por lo tanto, puede aumentar la longevidad, al menos es lo que se ha visto en gusanos y ratones”, afirma De la Fuente.

Propiedad ansiolítica
Asimismo, se ha visto en adultos que tienen capacidad ansiolítica para disminuir la percepción del dolor y capacidad antidepresiva controlando el estrés psicológico. En personas mayores sólo hay dos trabajos en los que se observa el potencial para mejorar tanto la memoria como las conexiones sinápticas.

En opinión de Juan Miguel Rodríguez Gómez, también de la Universidad Complutense de Madrid, “en los últimos quince años ha habido una proliferación de productos probióticos que ha generado confusión y escepticismo. Mucha cantidad en poco tiempo y sin ensayos clínicos”. Por ello, reclama la elaboración de guías que establezcan el nivel de evidencia en ensayos clínicos que estén bien diseñados y cuál es la posología correcta. “Posiblemente haya una implicación de la Agencia de Medicamentos en el futuro”, augura.

También ha abordado otras alternativas para modificar la microbiota, aparte de la dieta, los antimicrobianos y los probióticos, prebióticos y simbióticos. Se trata del trasplante fecal y de la microbiota sintética, que plantean problemas de seguridad, normativos y de estandarización, entre otros.

Junio 15/2016 (Diario Médico) Fuente: Noticias de Salud Al Día

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Las mujeres tienen casi dos veces más posibilidades que los hombres de presentar ansiedad, se indicó en un estudio internacional dado a conocer por la Universidad de Cambridge. Además de las mujeres, los jóvenes de menos de 35 años se ven afectados de manera desproporcionada por estos problemas de salud mental, indicó el estudio. Los desórdenes de ansiedad, que con frecuencia se manifiestan como una preocupación excesiva, temor y una tendencia a evitar situaciones potencialmente estresantes, incluyendo las reuniones sociales, son algunos de los problemas de salud mental más comunes del mundo occidental. Se han realizado muchos estudios que analizan el número de personas afectadas por desórdenes de ansiedad. En un intento por sintetizar diversos estudios, el equipo encabezado por investigadores de la Universidad de Cambridge realizaron una revisión global de revisiones sistemáticas. De entre más de 1200 revisiones, los investigadores identificaron 48 que concordaban con sus criterios de inclusión. El equipo encontró que la proporción general de personas afectadas se mantuvo en gran medida sin cambio. Cerca de cuatro de cada 100 presentaron ansiedad. La mayor proporción de personas con ansiedad se encuentra en América del Norte en donde cerca de ocho de cada 100 personas son afectadas. La proporción más baja se encontró en el este de Asia, en donde menos de tres de cada 100 personas tienen este problema de salud mental. Las personas con otras afecciones de salud también tienen muchas más probabilidades de experimentar estos síntomas, señaló el estudio. Por ejemplo, cerca de uno de cada 10 adultos con enfermedad cardiovascular en países occidentales se ven afectados por un desorden de ansiedad generalizado. Las mujeres muestran niveles de ansiedad más altos que los de los hombres. Los desórdenes de ansiedad pueden hacer que la vida de algunas personas se vuelva extremadamente difícil y es importante para nuestros servicios de salud comprender cuán comunes son y cuáles son los grupos de personas con más riesgo”, dijo Olivia Remes de la Universidad de Cambridge, una de las autoras del estudio. Pero el análisis también mostró que los datos sobre algunas poblaciones están incompletos o son de mala calidad. Aunque muchos grupos han examinado este importante tema aún existen vacíos significativos en la investigación, dijo Louise Lafortune, investigadora asociada del Instituto de Salud Pública de Cambridge.

Junio 9/2016 (Xinhua)  Fuente: Noticias de Salud Al Día