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Los errores médicos son la tercera causa de muerte en Estados Unidos tras las enfermedades cardiovasculares y el cáncer, con unos 250 000 fallecimientos anuales, según los cálculos de dos expertos publicados en la British Medical Journal (BMJ).

Aunque no existen estadísticas oficiales sobre las muertes ocasionadas por errores médicos, estimaciones recientes indican que podrían elevarse a entre 210 000 y 400 000 entre los pacientes hospitalizados en Estados Unidos.

Mediante el uso de estudios que remontan hasta 1999 y extrapolando los datos al conjunto de hospitalizaciones registradas en 2013, Martin Makary y Michael Daniel, de la universidad John Hopkins, llegaron al promedio de 251 454 muertes anuales por errores médicos.

No obstante, esta cifra podría ser superior, ya que solo tiene en cuenta los fallecimientos registrados en el hospital, apuntan.

“Se trata de la tercera causa de muerte en Estados Unidos”, explicó a la AFP Makary, para quien este problema existe en todo el mundo.

“La gente muere por errores en el diagnóstico, sobredosis de medicamentos, cuidados fragmentados, problemas de comunicación o complicaciones evitables”, añade.

Para el investigador, la mala calidad de los cuidados en África ocasiona la muerte probablemente “más gente que el sida o el paludismo juntos”.

Los autores del estudio abogan por poner en marcha medidas que permitan reducir la “frecuencia” y las “consecuencias” de los errores médicos.

En concreto, propone que el certificado de defunción señale si las complicaciones vinculadas a los cuidados desempeñaron un papel importante en la muerte del paciente.

Asimismo, los científicos urgen a poner en marcha investigaciones independientes rápidamente para determinar si se cometieron errores médicos en algunas muertes.

“Un enfoque científico fiable, comenzando por reconocer el problema, es indispensable para responder a las amenazas que pesan sobre la salud de los pacientes”, añaden.
mayo 4/2016 (AFP)  Fuente: Noticias de Salud Al día

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Dieta, medicación, sexo, edad y tiempo de tránsito en el intestino son las variables que más influyen en su flora, tal y como apunta uno de los mayores estudios realizados hasta el momento sobre estas poblaciones. Los hallazgos publicados en Science revelan asociaciones entre la composición de la flora intestinal y el consumo de cerveza o de chocolate negro, entre otros descubrimientos.

El Proyecto Flamenco sobre Flora Intestinal, uno de los mayores estudios en voluntarios sanos sobre la variación de dichas comunidades bacterianas, ha presentado sus primeros resultados, publicados  en la revista Science.

A través del análisis de más de mil muestras de heces humanas, un equipo de investigadores del Instituto de Biotecnología de Flandes, Bélgica, dirigido por Jeroen Raes, ha identificado 69 factores ligados a la composición de la flora. La mayoría de estas variables están relacionadas con el tiempo de tránsito –el que le toma a los alimentos ir desde la boca hasta el final del intestino–, la dieta, la medicación, el sexo y la edad.

Los investigadores han identificado 69 factores ligados a la composición de la flora.

Junto con su equipo, Raes mapeó la composición de la flora intestinal de alrededor de 5 000 voluntarios en Flandes. El propósito fue analizar los vínculos entre la flora intestinal humana y la salud, y el estilo de vida.

Las conclusiones proporcionan información importante para futuras investigaciones y estudios clínicos. Su integración con otros datos recogidos en el mundo revela un conjunto de 14 géneros de bacterias que conforman la esencia universal de la microbiota presente en todos los individuos.

“Nuestro trabajo ha dado una enorme cantidad de nueva información sobre la composición de la microbiota de las personas normales como tú y como yo”, explica Raes. “La mayoría de los estudios anteriores se centraban en enfermedades específicas o en un ámbito geográfico mucho menor”, añade.

Sin embargo, el análisis de la flora intestinal ‘promedio’ es básico para el desarrollo de diagnósticos y medicamentos a base de bacterias intestinales. “Es necesario comprender lo que es normal antes de poder entender y tratar la enfermedad”, añade Raes.

El modo de nacer (parto natural o cesárea) o la alimentación con leche materna no se vieron reflejados en la composición de la microbiota adulta.

Efecto chocolate belga

Al analizar factor por factor, el tiempo de tránsito de las heces mostró la asociación más fuerte a la hora de desentrañar la composición de la flora. También la dieta es un factor importante, fundamentalmente en relación al consumo de fibra.

Además, se comprobó que un grupo de bacterias particular poseía una preferencia por el chocolate negro. “El efecto del chocolate belga”, bromea Raes. También se encontró una asociación entre la composición de la flora intestinal y el consumo de cerveza.

La medicación tenía igualmente un fuerte vínculo con el perfil de la flora intestinal. Sin embargo, otros resultados del proyecto requieren una investigación más profunda, como la relación entre flora intestinal y factores relacionados con la capacidad de absorción de oxígeno.

La lactancia materna no influye

Los investigadores no solo identificaron una asociación con antibióticos y laxantes, sino también con los medicamentos de la fiebre del heno y las hormonas utilizadas para la anticoncepción o para el alivio de los síntomas de la menopausia.

Sorprendentemente, el modo de nacer (parto natural o cesárea) o la alimentación con leche materna no se vieron reflejados en la composición de la microbiota adulta. “Estos resultados son esenciales para estudiar enfermedades como el párkinson, que se asocia típicamente con el tiempo de tránsito intestinal, que a su vez impacta en la composición de la microbiota”, subraya Raes.

Serán necesarios alrededor de 40 000 muestras humanas solo para capturar una imagen completa de la biodiversidad de la flora intestinal.

La colaboración con el estudio LifeLines holandés permitió a los investigadores reproducir sus resultados. Así, más del 90 % de los factores identificados también fueron detectados en la cohorte holandesa.

Colaboraciones internacionales como estas son la clave para avanzar en el campo y acelerar el camino hacia el desarrollo de fármacos basados en la flora intestinal. “La replicación añade una gran robustez a los resultados”, enfatiza Raes.

Aunque el proyecto de la flora intestinal flamenca ha enriquecido enormemente el conocimiento sobre su composición, esto solo permitía explicar el 7 % de su variación. Por ello, todavía queda mucho trabajo por hacer para esbozar todo el ecosistema de esta flora.

El laboratorio de Raes estima que serán necesarios alrededor de 40 000 muestras humanas solo para capturar una imagen completa de la biodiversidad de la flora intestinal. Los autores ya están planificando estudios de seguimiento para explorar la evolución de la flora intestinal en el tiempo.

mayo 03/ 2016 (Sinc) Fuente: Noticias de salud Al día

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Existe una gran controversia sobre si conviene o no retrasar un poco la edad de jubilación. Hay muchos factores que intervienen a la hora de adoptar una postura en el debate. Al margen de ellos, está también la cuestión de si todas las personas que se jubilan mantienen un nivel de actividad física lo bastante alto como para evitar los efectos negativos de un estilo de vida sedentario.

Además, en algunos, la jubilación provoca una cierta depresión que no ayuda nada a mantener un sano nivel de actividad. Por otra parte, el descenso de ingresos económicos que sufren bastantes personas al jubilarse puede reducir su acceso a servicios médicos. Una investigación publicada en Journal of Epidemiology &  Comunity Health, ha profundizado en estas cuestiones.

Trabajar más allá de los 65 años podría llevar a una vida más larga, mientras que retirarse temprano podría ser un factor de riesgo que implicase morir antes, según indica este nuevo y controvertido estudio.

El equipo de Chenkai Wu, de la Universidad Estatal de Oregón en Corvallis, Estados Unidos, ha comprobado que los adultos sanos que se retiraron un año después de los 65 tuvieron un riesgo un 11 % inferior de morir por cualquier causa, incluso teniendo en cuenta la demografía, el estilo de vida y los problemas de salud. Los adultos que se describieron como poco sanos también tenían una mayor probabilidad de vivir más tiempo si continuaban trabajando, según muestran los resultados del estudio, lo cual indica que otros factores aparte de la salud inicial podrían afectar a la tasa de mortalidad posterior a la jubilación.

Es evidente que esto no es aplicable a todos los casos, pero el equipo de Chenkai Wu piensa que el trabajo trae muchos beneficios sociales (y también económicos en naciones donde las pensiones de jubilación son demasiado bajas) a quienes se mantienen en activo profesionalmente, y tales beneficios pueden influir de manera significativa en su esperanza de vida.

La edad idónea de jubilación es un tema de debate en todo el mundo, incluyendo Estados Unidos. La mayor parte de las investigaciones en esta área se han centrado en el impacto económico de retrasar el retiro. Wu señala que podría ser bueno examinar también el impacto en la salud.

La gente en los Estados Unidos tiene una mayor flexibilidad sobre cuándo jubilarse en comparación con lo que sucede en otros países, así que el equipo de Wu consideró razonable revisar los datos de este país.

Una salud pobre es una razón por la que las personas se jubilan antes y también puede llevar a una muerte temprana, así que los investigadores tuvieron en cuenta esto a la hora de hacer su análisis.

Durante el período de estudio, murieron alrededor del 12 % de los jubilados sanos y el 25,6 % de los que padecían mala salud. Los sanos que trabajaron un año más tuvieron un riesgo un 11 % inferior de mortalidad, mientras que los de salud precaria que también trabajaron un año más tuvieron un riesgo de mortalidad un 9 % menor. En resumen, trabajar un año adicional tuvo un impacto positivo en la tasa de mortalidad de los participantes del estudio, sin apenas importar su estado de salud.

Abril 30/ 2016 (Noticias de la ciencia) Fuente: Noticias de Salud Al día

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Los doctores Javier Zamora y David Arroyo, investigadores del IRYCIS del grupo de la Unidad de Bioestadística Clínica del Hospital Universitario Ramón y Cajal y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP), dependiente del Instituto de Salud Carlos III, en España, han participado en una investigación que relaciona el uso de la anestesia durante el parto y el aumento de la mortalidad materna en países de renta baja y media.

En este estudio, publicado en la revista The Lancet Global Health,  han colaborado también investigadores de diferentes hospitales y centros del Reino Unido.

El estudio, que ha analizado más de 36 000 muertes en 32 millones de embarazadas de países pobres, muestra que el 2,8 % del total de las muertes maternas en estos países se debe al uso de anestesia, que además es responsable de un 3.5 % de las muertes directamente relacionadas con complicaciones obstétricas. La tasa de mortalidad asociada a la anestesia supone un 13,8 % de las muertes tras un parto por cesárea. Entre los principales factores de riesgo asociados, se señala que el uso de anestesia general multiplica por tres el riesgo de muerte de la madre frente a la anestesia epidural.

“Las principales conclusiones de este estudio ponen de relieve la necesidad de realizar un mayor esfuerzo en el entrenamiento de los profesionales clínicos, en mejorar la infraestructura, los medios y recursos disponibles para la atención del parto. Resultados como los de este artículo deben servir para informar el diseño de intervenciones y políticas en países de renta baja para disminuir los riesgos asociados al parto”, explica el Dr. Zamora.

El estudio presenta estimaciones del riesgo del uso de anestesia durante el embarazo en países de ingresos medios y bajos. Para ello se ha realizado una revisión sistemática y un meta-análisis agrupando datos de 140 estudios (más de 32 millones de embarazadas y 36.000 muertes) de un gran número de países y regiones geográficas, tratando de encontrar los factores de riesgo que subyacen a estas muertes.

Más de 250 000 mujeres mueren en el mundo cada año durante el embarazo o por motivos relacionados con este, el 99 % en países no desarrollados. Hasta la fecha no había estudios publicados que apuntaran en qué medida los procedimientos anestésicos pudieran tener un papel importante en la muerte materna en estos países cuando son precisamente los que cuentan con un menor acceso a equipos médicos y técnicos necesarios para asistir al parto de manera adecuada. Entre estos medios necesarios se encuentra la anestesia, que además de ser una parte fundamental y muy extendida en el cuidado obstétrico, puede tener consecuencias muy diferentes según la renta del país.

abril 28/ 2016 (DICYT)   Fuente: Noticias de salud Al Día

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Un nuevo estudio constata que reemplazar la carne roja por carne blanca, pescado, legumbres o huevos reduce el riesgo de síndrome metabólico, un conglomerado de factores de riesgo como obesidad abdominal, hipertensión arterial o triglicéridos altos.

Esta es una de las conclusiones de un estudio publicado en el número de marzo de la revista Clinical Nutrition y dado a conocer hoy por el español Centro de Investigación Biomédica en Red-Fisiopatología de la Obesidad y la Nutrición (Ciberobn), que lidera este trabajo.

Para llevar a cabo esta investigación se analizaron datos de 1 868 participantes de entre 55 y 80 años sin síndrome metabólico al inicio del estudio, pero con alto riesgo cardiovascular.

Así, según los resultados, los participantes con un consumo elevado de carne, especialmente carne roja y carne roja procesada, presentaron, respectivamente, un 27 % y un 37 % más de riesgo de padecer síndrome metabólico, en comparación con aquellos con un consumo más bajo, informó el Ciberobn en una nota de prensa.

Sin embargo, las personas con un consumo más elevado de carne blanca tenían hasta un 17 % menos de riesgo.

La investigación también señala que el hecho de sustituir una ración de carne roja y carne roja procesada por un alimento alternativo rico en proteínas como la carne blanca, pescado, legumbres y huevos se asocia a un menor riesgo de padecer síndrome metabólico.

Esto refuerza, según los autores, la importancia de realizar una alimentación variada incluyendo alimentos alternativos y más próximos a la dieta mediterránea.

El consumo de carnes rojas y procesadas con frecuencia de hasta una a dos raciones a la semana está recomendado y no se asocia a mayor riesgo de síndrome metabólico, sin embargo, su consumo diario desplazaría la inclusión de otros alimentos ricos en nutrientes esenciales que como se ha visto “protegen el desarrollo de este síndrome”.

Las carnes rojas tienen un alto valor nutricional para el organismo, pero diferentes estudios han relacionado recientemente su consumo excesivo con enfermedades como la diabetes de tipo 2, la enfermedad cardiovascular y el cáncer, recuerda el Ciberobn.

Sin embargo, aún es poca la evidencia científica que respalde su asociación con el riesgo de padecer síndrome metabólico (se ha demostrado que los individuos con este síndrome presentan dos veces más riesgo de morir por un ataque al corazón o una embolia cerebral).

En 2010 un estudio de la Universidad Rovira i Virgili relacionaba un mayor consumo de carne roja y carne roja procesada con un mayor riesgo de sufrir síndrome metabólico, tras un año de seguimiento.

Ahora, este nuevo trabajo avanza en esta dirección: los resultados refuerzan la hipótesis de que la carne roja y sus procesados promueven el desarrollo de síndrome metabólico si se consume en exceso, según los científicos.

Estos explican que se han sugerido diferentes mecanismos para explicar la existencia de esta asociación, especialmente para las carnes procesadas, ya que éstas son ricas en sal, hierro y nitritos/nitratos.

Sin embargo, advierten, son necesarios más estudios clínicos para poder afirmarla “con rotundidad”

Abril 23/ 2016 (dpa).- Tomado del Boletín de Prensa Latina Copyright 2016. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.   Fuente: Noticias de Salud Al Día

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Los niveles de cortisol, una hormona del estrés, antes del embarazo podrían afectar al riesgo de tener un bebé con bajo peso al nacer (< 2,5 kg).

Típicamente, los niveles de cortisol son elevados cuando uno se despierta por la mañana y luego se reducen durante el día, pero algunas personas tienen un nivel bajo de cortisol en la mañana y un declive inferior al normal durante el día. Ese patrón anómalo, asociado con el estrés crónico, se ha vinculado con la progresión de diferentes trastornos.

Los investigadores han hallado que el mismo patrón de cortisol que se ha vinculado con el estrés crónico se asocia con tener un bebé con bajo peso al nacer. Observaron a 142 mujeres estadounidenses embarazadas, en las cuales analizaron la presión arterial, el índice de masa corporal, los niveles de cortisol en su saliva y otros factores. Parece que un nivel elevado de cortisol en la madre reduce el flujo sanguíneo al feto, lo que disminuye el oxígeno y los nutrientes disponibles.

Los resultados del estudio se encuentran publicados en Health psychology Journal

Abril 22 / 2016 (HealthDay)  Fuente: Noticias de Salud Al Día