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Las autoridades sanitarias de Tailandia aprobaron recientemente el permiso de abortar a las embarazadas infectadas con el virus del Zika, en caso que el feto padezca malformaciones neonatales.

De acuerdo con médicos del Instituto Nacional para la Infancia Reina Sirikit, en el país se registran actualmente dos casos de bebés con microcefalia.

La legislación tailandesa considera el aborto un acto ilegal que se castiga con penas de cárcel.

Esa nueva reforma a causa de la epidemia de zika, determina que la interrupción del embarazo es permisible en las primeras 24 semanas de gestación.

Si la embarazada infectada supera ese plazo, los médicos decidirán el curso a seguir con la paciente en dependencia de las particularidades de su caso.

A finales de agosto un brote de zika afectó Singapur y se diseminó rápidamente en naciones vecinas como Malasia, Filipinas y Tailandia.

Ese virus recibe su nombre del bosque Zika, en Uganda, donde se detectó por primera vez en 1947 y se identificó al mosquito Aedes aegypti como el agente trasmisor por excelencia.

La enfermedad causa síntomas parecidos al dengue y acarrea artritis crónica y malformaciones fetales.

Octubre 07/ 2016 (PL).- Tomado del Boletín temático en Medicina. Prensa Latina. Copyright 2016. Agencia Informativa Latinoamericana Prensa Latina S.A.  Fuente: Noticias de Salud Al Día

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A veces cuando hablamos de vitaminas, tenemos en mente que es necesario tomar frutas y verduras para tener unos niveles aceptables y que quizás algunas personas abusen de los suplementos que, en la mayoría de los casos, son más contraproducentes que beneficiosos. Sin embargo, uno no imagina que un déficit de una vitamina, como la B12, pueda conducir a problemas como la demencia, un daño neurológico, anemia y otras complicaciones. Tampoco es fácil relacionar que estos problemas puedan tener su origen en fármacos tan conocidos como el omeprazol, muy utilizados para evitar múltiples problemas, sobre todo la irritación por reflujo gástrico o para la protección gástrica frente a medicamentos agresivos. Sin embargo, un estudio acaba de vincular la ingesta prolongada de este y otros medicamentos similares con una carencia de esa vitamina.

Si usted es de los que cumplen con las recomendaciones médicas, no debería asustarse. Porque los médicos suelen controlar este tipo de efectos al no prolongar excesivamente los tratamientos con inhibidores de la bomba de protones, que es el nombre técnico del omeprazol y otros protectores gástricos o antiulcerosos. Pero si es de aquellas personas que suelen pasar poco por la consulta médica y acuden con mucha más frecuencia a la farmacia para automedicarse, quizás debería prestar atención a este artículo.

Se estima que entre el 10 y el 15 % de los adultos mayores de 60 años tienen deficiencia de vitamina B12. Para su absorción desde la dieta (está presente sobre todo en productos de origen animal, como la carne), requiere del funcionamiento normal del estómago, páncreas e intestino delgado.

El ácido gástrico es clave, pues libera esta vitamina de los alimentos, permitiendo que se una a ciertas proteínas. Si el ácido del estómago se reduce, como ocurre cuando se toman estos fármacos, esa unión no se produce ni tampoco la absorción completa de la vitamina. Ese déficit prolongado, de no tratarse, derivará en múltiples problemas, como los mencionados.

Aunque investigaciones previas habían mostrado una relación entre la ingesta prolongada de estos fármacos y la deficiencia de vitamina B12, esos estudios eran pequeños y no se basaban en un análisis poblacional. Por este motivo, investigadores de la organización Kaiser Permanente, proveedora de servicios de salud en Estados Unidos, evaluaron esta relación en un gran grupo de población: 25.956 pacientes con un diagnóstico de déficit de esta vitamina fueron comparados con 184 1999 personas sin este trastorno entre 1997 y 2011. También se controló su exposición a fármacos antiulcerosos: inhibidores de la bomba de protones y antagonistas de los receptores H2 de la histamina, más conocidos por sus nombres comerciales y que engloban, en el primer caso, medicamentos como el omeprazol o el exomeprazol y, en el segundo, la ranitidina o la famotidina.

Tiempo y dosis
El análisis, publicado en la revista Journal of the American Medical Association, constata que las personas que tomaron diariamente un medicamento del grupo de omeprazol durante dos o más años tenían un 65 % más de probabilidades de tener niveles bajos de vitamina B12 que quienes no habían ingerido estos fármacos durante un periodo tan prolongado. También aquellos que se medicaron con productos del segundo grupo presentaban un riesgo un 25 % mayor de este déficit vitamínico. En cuanto a las dosis más peligrosas, se comprobó que tomar diariamente 1,5 comprimidos se asoció con un riesgo un 95 % superior a esta deficiencia en comparación cuando la ingesta diaria era inferior a 0,7 píldoras.

Como explica José Luis Llisterri, presidente de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria (Semergen), “este vínculo es algo conocido por los médicos.

El problema en España es la excesiva omepralización que hay. El omeprazol es el segundo principio activo más prescrito en nuestro país después del paracetamol y por encima del ibuprofeno. Se ha recetado como si fuera sal de frutas. Y no es un problema sólo del médico, como es de venta libre, se ha auto prescrito de una manera excesiva”.

La clave de este problema está seguramente en el éxito de este fármaco.

Su acción inhibe el contenido ácido del estómago que es el que genera las molestias en personas con hernia de hiato. “Los pacientes con esofagitis por reflujo gastroesofágico y los de esófago de Barrett requieren una inhibición crónica de la secreción ácida. Pero el mensaje que se traduce de este estudio es que si se prescribe una dosis alta de esta medicación porque hay mucho ardor, se debería bajar tan pronto como se pueda (por ejemplo de 40 miligramos a 20) y parar el tratamiento al cabo de un tiempo, por lo menos hacer descansos, ya que con esto se recupera la absorción de la vitamina B12″, apunta Llisterri.

Uso para protección gástrica
Por su parte, el presidente electo de la Sociedad Española de Patología Digestiva, Fernando Carballo, señala que la conclusión del estudio “es un hallazgo epidemiológico interesante, pero la consecuencia no es tanto que no se puedan usar estos fármacos, porque son extremadamente seguros, sino que hay que utilizarlos bien, es decir, cuando estén indicados. El problema es el sobreuso en pacientes poli medicalizados para la protección gástrica. Muchas veces no son necesarios. Sin embargo, es un tipo de fármacos muy recetado. La estimación es que alrededor del 10 % de la población toma estos medicamentos diariamente y probablemente están mal indicados en un tercio de los casos”.

Por otro lado, el presidente de Semergen también recomienda hacer mediciones periódicas de la vitamina B12 en aquellas personas que estén en tratamiento crónico con estos medicamentos. “Un análisis de sangre permite determinar los niveles. Y, si hay déficit, se puede administrar esta vitamina una vez al mes por vía intramuscular”.

Carballo insiste en que “el mensaje no es que sea un fármaco peligroso, ya sabíamos que puede interferir en la absorción de diversas sustancias. Este artículo plantea una evidencia epidemiológica con mínima importancia clínica hasta el momento”.

Por último, los expertos insisten en que no hay que confundir este tipo de fármacos con otros denominados genéricamente antiácidos, y que sirven para eliminar puntualmente la acidez tras una ingesta copiosa. “El más popular de estos es el bicarbonato sódico que por suerte se dejó de utilizar, ya que es un producto que neutraliza la secreción ácida pero cuando pasa su efecto se produce un efecto rebote, es decir, se genera más secreción ácida”, concluye Llisterri.

Otros factores que influyen en la vitamina B12
Los antiulcerosos no son los únicos factores que interfieren en la absorción de la vitamina B12. La metformina (un antidiabético oral), las hormonas tiroideas o algunos antihipertensivos también se vinculan con una mayor dificultad en la absorción de esta sustancia. Por otro lado, existen patologías que al afectar a la producción de ácido gástrico también inhiben la absorción vitamínica, entre otras se encuentran la gastritis crónica o la aclorhidria o hipoclorhidria -un estado en el que la producción de ácido gástrico es baja o inexistente-. También tratamientos quirúrgicos como la gastrectomía (eliminación quirúrgica y parcial del estómago) o el abuso de alcohol perjudican la absorción de esta vitamina.

Octubre 08/ 2016 (Mundo salud) Fuente: Noticias de Salud al Día

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26-09-16

Programa Científico del XVI Congreso de la Sociedad Cubana de Obstetricia y Ginecología

Ponemos a su disposición el Programa científico final de nuestro evento. Le sugerimos descargarlo por partes (por su volumen, se halla dividido en dos partes).

Programa (1ra. parte) [Página 1 a la 78)

Programa (2da. parte- continuación y final) [Págs. 79 al final]

 

Junta de Gobierno de la SCOG

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El cáncer de cuello uterino, está fuertemente asociado con la infección por el virus del papiloma humano (HPV), que es de alto riesgo oncológico. Existen estudios sencillos para su detección, que consisten principalmente en el raspado de la abertura del cuello uterino para el análisis de las células. Sin embargo, esta práctica, que corresponde al ámbito de la citología, no ha tenido gran impacto en la meta de disminuir las tasas de incidencia y mortalidad de este tipo de cáncer, que aún se mantienen altas en la región y, desgraciadamente, en algunas zonas tiende a aumentar, circunstancia de la que Argentina no está excluida.

El 50 % de las pacientes que presentan cáncer de cuello de útero nunca se hicieron un examen; el 25 %, se realizó el último en un plazo previo de cinco años; el 10 %, presentaba exámenes con resultados falsos negativos (el estudio citológico posee una precisión y certeza limitada); y un 15 %, fueron perdidas en el seguimiento o tuvieron un manejo diagnóstico terapéutico equivocado.

A esta realidad se le agrega el gran aumento de los casos de infección por HPV. Para mejorar estas cifras y lograr disminuir la incidencia de la enfermedad y su mortalidad, se deberá asegurar el acceso y cumplimiento de lo que los especialistas denominamos “catastro citológico” (la realización de papanicolaou), así como su frecuencia sostenida en el tiempo.

La disponibilidad de nuevas técnicas moleculares para las pruebas de detección de lesiones precancerosas y la existencia de vacunas altamente eficaces que previenen casi todas las lesiones relacionadas con los virus que representan alto riesgo de desarrollar cáncer (como los tipos 16 y 18 de HPV), en mujeres no expuestas previamente, disminuirán en los próximos años las enfermedades relacionadas con esta infección.

El virus de papiloma humano está vinculado con el desarrollo de cáncer de cuello uterino y de otros tipos (de vagina, vulva, ano, pene, boca, lengua, faringe y laringe).

Sin embargo, es importante tener en cuenta que es causa necesaria, pero no suficiente para el desarrollo del cáncer cervical. Para entender el porqué de esta afirmación, es necesario saber que no todos los tipos de HPV son capaces de llevar a la malignización de los epitelios, que son las células que forman la capa externa de las mucosas. Solo los pertenecientes al grupo de alto riesgo producen los cambios necesarios para generar cáncer y se destacan, más frecuentemente, los tipos 16, 18, 45, 33 y 31. De todas maneras, intervienen otros factores que incluyen al paciente y el tiempo.

Estadísticas

Alrededor del 70 % de las personas sexualmente activas tendrán contacto con el virus del papiloma humano en algún momento de la vida. La infección se adquiere a través de relaciones sexuales con parejas infectadas, con un pico casos en el segmento de edad que va entre los 19 y 29 años, que es, también, la época de mayor actividad sexual.

Distintas investigaciones determinaron que al año del debut sexual el 40 % de las personas presentará una infección por HPV, cifra que aumenta al 60 % a los dos años. El 80 % de las infecciones –inclusive las producidas por los virus más agresivos– son transitorias, es decir, son controladas por el sistema inmune y se hacen indetectables en aproximadamente uno a dos años, por lo que la sola presencia del HPV no desencadena la transformación maligna del epitelio, esto es: una infección no genera siempre un cáncer de cuello uterino.

La detección de lesiones por HPV transitorias desencadenan ansiedad y el temor a sufrir cáncer –además de implicar el estigma de una enfermedad de trasmisión sexual–, por lo que muchas organizaciones internacionales aconsejan comenzar el control citológico (PAP) a partir de los 21 años, para evitar la ansiedad de recibir un informe patológico de una infección que en la mayoría de los caos no será definitiva y no tendrá consecuencias futuras para la portadora.

Se estima que el tiempo necesario para progresar a la malignidad, en caso de permanecer sin tratamiento, es de 10 a 20 años de iniciada la infección.

La mayor incidencia de las lesiones precancerosas ocurre aproximadamente entre los 30 y los 40 años y la del cáncer de cuello cerca de una década después. Es por ello que los programas de detección (tamizaje) están dirigidos a mujeres a partir de entre 25 y 30 años, con el fin de identificar aquellas portadoras de lesiones precursoras.

Sin embargo, no sólo la infección y persistencia por un virus de alto riesgo son elementos suficientes para la transformación maligna, es necesario que se produzcan varios eventos, como actividad sexual sin protección con numerosas parejas, baja inmunidad (la sufren algunas personas en proceso de trasplante de órganos, portadores de VIH, mujeres embarazadas o en periodo de lactancia, o quienes tienen predisposición genética o mala nutrición), fumar cigarrillos y –aunque es materia de cuestionamientos– se considera como factor de riesgo a la toma de anticonceptivos orales.

La vida moderna lleva sobre todo a la gente joven a una actividad diaria desordenada, incluyendo el mal hábito alimentario, por lo que siempre es aconsejable mejorar la alimentación, para hacerla lo más saludable y completa posible, con suplementos recomendados por su médico que apoyen un estímulo inmunológico para la salud cervical.

La detección precoz es clave, por lo que se recomienda comenzar a realizarse los estudios diagnósticos a los 21 años –sin importar la edad del inicio de la actividad sexual ni otros factores de riesgo– y dejar de someterse a ellos a los 65 años, si nunca tuvo antecedentes de infección por HPV. Con una frecuencia de tres años si no se presentan factores de riesgo y los tres últimos controles anuales son negativos. En casos especiales, se necesitará determinar la presencia del virus por técnicas moleculares y para ellos valorar la existencia de los virus de alto riesgo de producir transformación maligna (test de genotipificación de HPV).

Pero todos los esfuerzos deben enfocarse en la educación sexual temprana de niños y adolescentes y la vacunación universal del HPV para ambos sexos.

Esta conducta es segura, eficaz y, cuando es usada en los adolescentes antes del inicio de las relaciones sexuales, ha demostrado que su efectividad determina que los beneficios sean mayores que los costos.

 El hombre del estudio

El médico griego Georgios N. Papanikolaou –o George Papanicolaou–, quien falleció en 1962, es célebre por haber desarrollado una prueba para la detección temprana de cáncer en el cuello uterino, hoy llamada “prueba de Papanicolaou o PAP”. Por ello se lo considera pionero en citología.

HPV y cáncer

En la década de 1970, el médico alemán Harald Zur Hausen descubrió la relación existente entre el virus del papiloma humano (VPH o HPV) y el cáncer de cuello de útero, trabajo que al científico le valió el Premio Nobel de Medicina 2008.

Alternativas de prevención

Actualmente, existe la posibilidad de reducir el número de casos de cáncer gracias a la vacunación. La vacuna ha sido estudiada y probada en varios estudios, en diferentes países, y con más de 150 millones de dosis colocadas en todo el mundo. Desde hace más de 10 años, principalmente en los países industrializados, su seguridad y eficacia está garantizada. En Australia, por ejemplo, la vacunación contra el virus del papiloma humano se ha llevado a cabo en los centros escolares, y más de 70 % de esta población ha sido protegida de esta infección. Allí, hay claras evidencias de su efectividad: el número de verrugas anogenitales (una de las consecuencias de infección por HPV) disminuyó en un 90 %.

Por otro lado, el adolescente debe tener una educación sexual permanente y desde temprana edad, además de un acceso apropiado al cuidado de su salud.

Septiembre 13/2016 (Mirada profesional) Fuente: Noticias de Salud Al día

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Una investigación internacional ha analizado los riesgos de mortalidad de los bebés en los embarazos gemelares en función de la edad gestacional.Según los datos recogidos en este estudio, publicado en la revista British Medical Journal,  el parto debería adelantarse a la semana 37 para reducir al mínimo la mortalidad intrauterina y neonatal. El trabajo no encuentra evidencias para indicar el fin de la gestación antes de la semana 36.

El riesgo de muerte fetal intrauterina es mayor en embarazos múltiples que en embarazos de un único feto. Con frecuencia, el momento del parto en los embarazos gemelares sin complicaciones se adelanta con el objetivo de prevenir esta mortalidad fetal intrauterina. A pesar de esta práctica habitual, no se conoce con certeza cuál es la edad gestacional óptima a la que se debe inducir el parto con el objetivo de minimizar los riesgos para la madre y para los recién nacidos.

Las recomendaciones actuales varían, oscilando entre las semanas 34 y 37 para el caso de embarazos monocoriales (ambos fetos comparten la misma placenta) y desde la semana 37 a la 39 en los embarazos bicoriales (dos placentas).

El parto en los embarazos gemelares sin complicaciones se suele adelantar para prevenir la mortalidad fetal intrauterina

Un nuevo trabajo internacional publicado en la revista British Medical Journal  ha concluido que el parto debería adelantarse a la semana 37 para reducir al mínimo la mortalidad intrauterina y neonatal. En este estudio participan Javier Zamora y David Arroyo, investigadores del IRYCIS del grupo de la Unidad de Bioestadística Clínica del Hospital Universitario Ramón y Cajal y del Centro de Investigación Biomédica en Red de Epidemiología y Salud Pública (CIBERESP).

Diez años de estudios bajo la lupa

Los científicos analizaron los resultados de 32 estudios, realizados en los últimos 10 años, que incluyeron mujeres con embarazos no complicados de gemelos y en los que se comunicaban resultados de mortalidad intrauterina y neonatal (que ocurre en los primeros 28 días tras el parto) para diversas edades gestacionales posteriores a la semana 34.

En conjunto, los estudios incluyeron 35 171 embarazos de gemelos (29 685 bicoriales y 5 486 monocoriales). Con la intención de minimizar los sesgos del estudio, los investigadores analizaron cuidadosamente tanto el diseño de los estudios incluidos en la revisión sistemática como su calidad metodológica y el riesgo de proporcionar resultados poco fiables.

Los resultados para los embarazos bicoriales mostraron que el riesgo de muerte fetal intrauterina se equilibraba con el riesgo de muerte neonatal hasta la semana 37 de gestación. Sin embargo, retrasar el parto una semana adicional (semana 38) producía en promedio 8,8 muertes por cada 1.000 embarazos por el incremento en el riesgo de muerte fetal intrauterina.

En los embarazos monocoriales, el riesgo de muerte fetal parece ser mayor que el de la muerte del neonato tras el parto más allá de la semana 36 de gestación. Sin embargo, el menor número de embarazos recogidos de este grupo impiden hacer una recomendación firme sobre el momento óptimo del parto electivo en este grupo de embarazos monocoriónicos.

En las mujeres con embarazos de mellizos, el parto se debe considerar en la semana 37 de gestación

Las tasas de morbilidad neonatal (incluyendo el síndrome de dificultad respiratoria, septicemia o convulsiones neonatales) y el ingreso en unidades de cuidados intensivos neonatales se redujo de forma consistente con el aumento de la edad gestacional en ambos grupos.

No antes de la semana 36

Teniendo en cuenta estos cálculos, los investigadores indican que, en las mujeres con embarazos bicoriales, el parto se debe considerar en la semana 37 de gestación para prevenir las muertes intrauterinas. En los embarazos gemelares monocoriales, “no hay evidencia que apoye la decisión de adelantar de forma rutinaria el parto electivo antes de la semana 36”.

Los autores señalan que el riesgo real de muerte fetal intrauterina al final del embarazo “podría ser superior a las estimaciones calculadas en el trabajo debido a las prácticas de planificación del momento del parto aplicadas a los embarazos múltiples”. En conclusión de los autores, “el estudio proporciona una revisión exhaustiva de las estimaciones que comparan el riesgo de muerte fetal y la mortalidad neonatal en diferentes edades gestacionales, información necesaria para la planificación del parto de los embarazos de gemelos sin complicaciones”.

Esta información, concluyen los autores, “complementará los continuos esfuerzos nacionales e internacionales orientados a reducir las tasas de muerte fetal y las complicaciones neonatales inesperadas en los bebés nacidos prematuramente”.

Septiembre 10/2016 (SINC) Fuente: Noticias de Salud Al Día

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Las mujeres embarazadas que toman paracetamol podrían aumentar el riesgo de que su hijo desarrolle problemas de conducta, como trastorno por déficit de atención/hiperactividad (TDAH).

Un estudio británico a largo plazo ha analizado datos de 7 796 madres que se inscribieron en el mismo en los años 1991 y 1992. Unos cuestionarios evaluaron el uso de paracetamol de las mujeres a las 18 y 32 semanas de embarazo, y una vez más cuando sus hijos tenían 5 años. Un cuestionario de seguimiento (Strengths and Difficulties Questionnaire) evaluó los problemas conductuales en los niños, según los informes de las madres cuando sus hijos tenían 7 años.

Un 53 % de las mujeres comunicaron haber tomado paracetamol a las 18 semanas de embarazo, y un 42 %, a las 32 semanas. Un 5 % de los niños desarrollaron problemas de conducta, un porcentaje similar al estimado por el servicio nacional de salud de que un 2-5 % de niños británicos en edad escolar padecen TDAH, pero muy inferior al 11 % que se reporta en Estados Unidos.

En el estudio que publicado en JAMA Pediatrics, tomar paracetamol entre las semanas 18 y 32 de embarazo se asoció con un aumento del 42 % en el riesgo de problemas de conducta en los niños, y en un incremento del 31 % en el riesgo de TDAH. También se observó un aumento del 29 % en el riesgo de problemas emocionales y del 46 % en el riesgo de dificultades conductuales generales en los hijos de las mujeres que tomaron paracetamol a las 32 semanas.

Aunque lo consideran seguro en el embarazo, los investigadores especularon que el paracetamol podría afectar el desarrollo del cerebro del feto al alterar los niveles hormonales de la madre, o al cruzar la barrera de la placenta y afectar al niño aún no nacido de forma directa.

Septiembre 12/ 2016 (Neurología) Fuente: Noticias de Salud Al Día