Los cuidados intensivos (o terapia intensiva) son aquellos a que se someten los enfermos en estado crítico, no según la índole de la enfermedad que los aqueja, sino acordes a con lo crítico de su estado de salud.
En otros países no existe la especialidad de terapia intensiva en pediatría; esta es solo una dedicación después de un curso o un entrenamiento. Hay países en que rotan los alumnos de medicina de último año durante un mes. En España, por ejemplo, existe una residencia de dos años para especialistas en pediatría, pero se diploman como un curso, y no como especialistas.
Hay un número significativo de afecciones que pueden causar en un momento determinado, trastornos graves en distintos aparatos o sistemas fisiológicos, los cuales afectan severamente la homeostasis.
Estos trastornos en su mayoría son temporales, pueden ser leves, tener secuelas irreparables, o llegar a causar la muerte, en dependencia de que se proporcione una terapéutica de urgencia asociada a un cuidado permanente y muy especializado, para mantener o sustituir las funciones dañadas y lograr así la recuperación del paciente.
De ahí la necesidad de que los pacientes críticamente enfermos, en nuestro caso los de edades pediátricas, tengan una mejor y mayor atención, más instalaciones, y un espacio mucho mayor del disponible en una sala de cuidados habituales o comunes, así como también, un equipo de trabajo muy bien entrenado para atender este tipo de paciente y facilitar su recuperación.